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Fahmi Alqhai



Fahmi Alqhai

Fahmi Alqhai habla con convencimiento y con gran claridad. Sabe perfectamente lo que quiere y lo que tiene que hacer para conseguirlo. No parece tener miedo a la hora de tomar decisiones, a la hora de elegir. En el curso de la entrevista interviene también Rami, su hermano, violagambista como Fahmi y cabeza también visible de la Accademia del Piacere. Mientras Fahmi lleva todo el peso artístico del grupo y de Alqhai&Alqhai, Rami se divide entre lo artístico y lo empresarial y nos habla también de su papel bisagra entre la empresa, la discográfica y el grupo. Ambos creen firmemente en su proyecto, al que Rami define como un proyecto de vida y por el que apuestan con los ojos cerrados y los pies en la tierra en una combinación sobresaliente de pasión y pragmatismo. Los Alqhai defienden la calidad como premisa fundamental en todo lo que hacen, más allá de la comodidad del dinero fácil. Saben que la independencia no es cómoda pero asumen el riesgo que conlleva. Y son coherentes. El sello Alqhai&Alqhai graba sólo sus propios proyectos. No quieren abrirse a otros intérpretes de momento, porque tendrían que acabar por ofrecerles eso que ellos mismos han rechazado. Rami lo explica con esa claridad que parece ser inherente a estos hermanos de nombre raro, como dice Fahmi. (...)

¿Accademia del Piacere surge por una necesidad personal?
Para mí tocar en grupo es inherente al hecho de ser músico. Desde que era niño, cuando tocaba la guitarra eléctrica, mi objetivo era siempre tocar con otros. Cuando empecé con la viola monté un montón de grupos en Sevilla hasta llegar a Accademia del Piacere. Y además están las colaboraciones con otros, algo que cada vez hago menos y que mantengo con Jordi y también con mi antiguo profesor, Vittorio Ghielmi. Para mí el grupo es la vida. Me gusta decidir qué formación hace falta, qué repertorio vamos a tocar, por dónde vamos, qué caminos o no vamos a tomar. Yo sé que puede dar miedo montar un grupo y sacarlo adelante, puesto que se adquiere un compromiso muy grande. Dirigir un grupo no es solo dirigir un ensayo e irse luego a casa, hay mucho trabajo que hacer, hay que tomar decisiones y elegir, pero para mí es una necesidad.

El grupo se articula, si no me equivoco, en torno a un núcleo a partir del cual crece o no en función del repertorio.

Bueno, el grupo nació en Italia en 2002. Era, realmente, un trío formado por Mariví Blasco, Javier Núñez y yo. Para cuando llegamos aquí comenzamos a crecer, recibimos muy buenas críticas, después entró mi hermano, también como cabeza del grupo, y ahora estamos en esta situación en la que tenemos bastante maleabilidad en lo que se refiere al orgánico. En cuanto a repertorio nos centramos básicamente en el seicento italiano y en la música escrita para la viola da gamba, que es nuestro instrumento. (...)

Y en una nueva vuelta de tuerca, ustedes asumen un riesgo más y crean su propio sello discográfico.

Eso es una locura. A la hora de hacer nuestro primer disco copiamos un poco a Ghielmi, mi profesor. Así que grabamos un master, asumimos los gastos que conllevaba y lo presentamos en diferentes discográficas. Gustó muchísimo. Debo decir que, menos los sellos nacionales, todos los demás estaban encantados. La Warner, aquí en España, se interesó especialmente y empezamos a hablar. Pero cuando llegaron los contratos, las condiciones que nos imponían eran un poco leoninas, de manera que teníamos la sensación de que estábamos regalando un producto artístico muy trabajado a alguien y no obteníamos nada interesante para nosotros. Tal y como funciona ahora el mercado, una discográfica te edita finalmente un disco y lo pone en el mercado, pero lo retira a los tres meses si considera que las ventas no son suficientes. Y tu disco y todo tu trabajo acaban ahí. Básicamente las condiciones que al final nos ofrecían eran las de editar a cambio de que compráramos una serie de ejemplares. No nos convencía y decidimos hacer nuestro propio sello. De momento no nos está yendo mal y estamos comenzando a pagar una parte del gasto que invertimos en los discos. Es un trabajo enorme y hemos tenido que crear una oficina para dar cabida a todo lo que supone dedicarse a esto. Económicamente no es especialmente rentable, pero cuando sacamos un disco es un producto que hemos cuidado en todos los sentidos, desde el contenido hasta la imagen y nos sentimos muy orgullosos. (...)

Catalina García
(Extracto de la entrevista publicada en Scherzo nº 254, Julio-Agosto 2010)

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