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V de Viajeros. Expansiones.



V de Viajeros. Expansiones.

Hasta hace unos años, parece que lo único que podíamos exportar los españoles al mercado musical eran cantantes, que casi siempre, además, se habían formado total o parcialmente en el extranjero. La proliferación de las escuelas de música y, sobre todo, la sustancial mejora en la calidad de la enseñanza, está haciendo posible que, poco a poco, vayamos ocupando un pequeño lugar en el panorama mundial.

En estos 25 años hemos asistido a los gloriosos finales de trayectorias como las de Montserrat Caballé, Teresa Berganza, Pilar Lorengar o Alfredo Kraus, mientras el incombustible Plácido Domingo continúa añadiendo títulos a su impresionante lista.

El Orfeón Donostiarra es la agrupación coral más internacional, y ha estado presente en acontecimientos ya históricos como La condenación de Fausto de Berlioz en Salzburgo (con uno de nuestros grupos teatrales punteros, La Fura dels Baus, que ha conseguido triunfar en Europa también con su Tetralogía, o en La Monnaie de Bruselas con Le Grand Macabre de Ligeti), o la Segunda Sinfonía de Mahler, que constituyó la “resurrección” de Claudio Abbado en el Festival de Lucerna. En el terreno de la música antigua también empezamos a asomarnos, por supuesto, con la figura de Jordi Savall en primerísimo lugar, presente con sus grupos (Hespèrion XXI, La Capella Reial de Catalunya o Le Concert des Nations) en todo certamen que se precie, a quien se ha unido en los últimos tiempos con mucho vigor Eduardo López Banzo y Al Ayre Español, de repertorio cada vez más extendido y no únicamente limitado al barroco hispano, así como el contratenor Carlos Mena.

Los directores de escena más activos son Lluís Pasqual o Emilio Sagi, aunque tiene enorme fuerza Calixto Bieito, especialmente en el área germánica.

Los cantantes siguen siendo, sin embargo, nuestra mayor aportación. Los que más han conseguido expandirse han sido María Bayo, Ángeles Blancas (muy activa en Italia), Carlos Álvarez, Manuel Lanza, Ángel Ódena o la portuguesa, aunque afincada entre nosotros, Elisabete Matos. Nancy Fabiola Herrera ha llevado su Carmen al Metropolitan de Nueva York o la Arena de Verona, y José Bros ha logrado hacerse con un puesto de honor en el campo belcantista, al igual que María José Moreno y Mariola Cantarero en el feudo rossiniano de Pésaro. También destacan Isabel Rey (muy vinculada a la dinámica Opernhaus de Zúrich, al igual que el inclasificable Carlos Chausson), Ainhoa Arteta, Elena de la Merced, María José Montiel, Ofelia Sala o Ana María Sánchez. Entre los jóvenes, habría que saludar a Sabina Puértolas, Ainhoa Garmendia, Maite Beaumont, Gabriel Bermúdez, Israel Lozano, Ismael Jordi o José Manuel Zapata.

Quizá el punto más impensable —por la tendencia natural a brillar como solistas— es que contemos con un cuarteto de cuerda de la talla del Casals, habitual en santuarios camerísticos como las Schubertiadas de Hohenems y Schwarzenberg o el Wigmore Hall de Londres, al que se ha incorporado últimamente asimismo el Cuarteto Quiroga.

Entre los pianistas, Joaquín Achúcarro mantiene de algún modo la posición que en su día gozara Alicia de Larrocha, aunque sobresalen nombres como Rosa Torres-Pardo, Javier Perianes (posiblemente el más consolidado), Luis Fernando Pérez (con su reveladora Iberia) e Iván Martín.

Las batutas más viajeras siguen siendo Rafael Frühbeck de Burgos, Jesús López Cobos y Miguel Ángel Gómez Martínez (estos dos últimos, o, en una generación intermedia, Juanjo Mena (recientemente elegido titular de la Filarmónica de la BBC en Manchester), Josep Pons o Edmon Colomer (que estuvo al mando de la Orchestre de Picardie en Francia). Hay una generación de prometedoras batutas, como Pablo Heras-Casado, Pablo González, Guillermo García-Alcalde, Ramón Tebar…

Los compositores más interpretados siguen siendo Luis de Pablo y Cristóbal Halffter (su última ópera, Lázaro, fue estrenada en la ciudad alemana de Kiel), a cuyo hijo, Pedro Halffter, se le ha podido ver en la Staatsoper berlinesa o la Semperoper de Dresde, al igual que a Alexis Soriano en San Petersburgo. No hay que olvidar a José de Eusebio con su ambicioso proyecto sobre Albéniz.

La música española también viaja, y además de la progresiva introducción de nombres como Arriaga o Martín y Soler, se han visto seducidos por nuestra zarzuela no sólo artistas latinos como Rolando Villazón, Juan Diego Flórez o Marcelo Álvarez, sino también otros mucho más alejados de nuestra cultura —y sorprendentemente idiomáticos— como Anna Netrebko, Elina Garanca y Patricia Petibon. La zarzuela barroca ha atraído, sobre todo, a Christophe Rousset.

Rafael Banús Irusta

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