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U de Urgencias. No sólo pasado.



U de Urgencias. No sólo pasado.

Urgentemente me piden que escriba unas líneas sobre la Historia de la Música en la enseñanza, y nunca mejor dicho la urgencia en un tema que parece en sí mismo irresoluble.

En 1985, año Europeo de la Música, tuvo lugar en Florencia el congreso sobre Didattica della Storia della Musica, en la presentación de sus actas editadas por la Sociedad Italiana de Musicologia, Mario Sperenzi y Sergio Miceli planteaban la Historia de la Música: “como una parte indispensable de toda reforma seria de la enseñanza musical, puesto que el conocimiento histórico debe preceder a cualquier otro si se entiende la formación de los ciudadanos y también la de los músicos, como el resultado de una concepción modernamente humanista”. Desde entonces muchas cosas han cambiado.

Si hay una etapa fundamental para el acercamiento a la Historia de la Música y a lo que supone como parte esencial de nuestra Historia cultural y por tanto de nuestro patrimonio universal, ese que legamos a las generaciones venideras como el bien tangible de nuestra civilización, es precisamente la etapa educativa de la adolescencia. En este sentido, las reformas acometidas por el Ministerio de Educación en lo que afecta a los niveles de ESO y bachillerato han dejado en una peculiar situación esta materia. Ha desaparecido de 1º de ESO la asignatura de Introducción a la Música, que en su programa llevaba una parte importante de componente histórico, en el bachillerato ha dejado de ser obligatoria en la rama de Ciencias Sociales para pasar a elegirse como optativa, al igual que sucedía en Humanidades, y a colocarse en primer curso y no en segundo como estaba, quedando distante de la selectividad, lo que limita las posibilidades del alumno a la hora de elegir esta materia en las pruebas de acceso a la universidad, en definitiva desajustes que poco han aportado en la reforma y que sin embargo sí han perjudicado en su presencia en el ámbito educativo.

Es pronto todavía para analizar cómo ha quedado esta materia en los nuevos planes de estudio de los Grados en los Conservatorios, muchos de ellos en fase de elaboración, en contraposición en las universidades ya se puede aventurar una valoración en un momento de profundos cambios. La reforma Bolonia del espacio europeo superior ha permitido que la antigua carrera de dos años de segundo ciclo en Historia y Ciencias de la Música haya pasado a ser un Grado de cuatro años en las mismas condiciones que el resto de las carreras universitarias, una vieja reivindicación de muchas generaciones. Terminar el bachillerato y entrar en la universidad para formarse en aquello en lo que uno desea ya no pasa por la forzada experiencia de aprender otras cosas “que son muy útiles”, se vive por tanto un momento histórico de gran trascendencia que, sin dudarlo, marcará un antes y un después en nuestra disciplina.

Este proceso de cambio se deja sentir ya en las estructuras familiares, ir a la universidad a estudiar Historia y Ciencias de la Música ha adquirido la misma importancia que cualquier otra carrera, es una opción personal perfectamente válida que se respeta en el ámbito familiar y que supone de entrada un cambio muy significativo en la concepción social del musicólogo. Este logro ha tenido una segunda lectura no menos importante y que afecta a la percepción del resto del profesorado universitario, es decir, la Academia, en este sentido la Historia de la Música y por extensión la Musicología ha pasado a formar parte en los planes de estudio de otras carreras, en un proceso de respeto e interdisciplinariedad que apunta a un nuevo concepto en las Humanidades. Por último y en lo que afecta a la universidad como institución, se observa que se ha comenzado a considerar esta carrera como parte esencial de su diseño estratégico en el catálogo de titulaciones.

Ahora bien, la Historia de la Música a la que me refiero no limita su campo de conocimiento al saber histórico de la disciplina exclusivamente, sino más bien a un proceso integrador que en torno a ese eje fundamental aglutina otras materias que aportan nuevos enfoques y que evidencia la transformación y adecuación de una disciplina a la realidad social contemporánea. Los límites entre lo convencionalmente considerado histórico y otros campos de la Musicología han comenzado a difuminarse a la búsqueda de la complementariedad, de esta manera el análisis musical ya no es visto como algo independiente sino como parte integradora, las músicas urbanas y la etnomusicología empiezan a dejar de ser valoradas como algo ajeno a la Historia, la recuperación de patrimonio musical y la biblioteconomía y archivística musical se presentan directamente ligadas, al igual que la gestión y la crítica musical o la aplicación de las nuevas tecnologías, la Historia de la Música no sólo es pasado, sino también una forma de ver el presente. Este enfoque ha permitido abrir nuevas vías en la investigación, que sin dudarlo ampliarán el campo hacia otras disciplinas, fortaleciendo una presencia de la Musicología cada vez más activa en el contexto universitario y por extensión en la sociedad.

Es urgente que termine y lo hago recordando una máxima muy utilizada, pero no por ello menos válida. Si los pueblos que desconocen su Historia están condenados a repetirla, los que desconocen su Historia de la Música, es decir, el espacio sonoro de su intelecto y alma, están condenados a un gran empobrecimiento humano y cultural. Somos Historia, y en ese contexto la Historia de la Música ocupa un lugar esencial que no siempre hemos sabido reivindicar los profesionales.

Begoña Lolo

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