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J de Joyas. Pensar en el futuro.



J de Joyas. Pensar en el futuro.

El aún candidato Felipe González habló en su cierre de campaña de 1982 de la situación precaria de los conservatorios… por entonces, la prensa destacó unas fotografías de conocidos políticos españoles haciendo de músicos: Leopoldo Calvo Sotelo y Narcís Serra aparecían tocando el piano. Impensable en este país años atrás; hubiera sido pecado mortal, o peor. Con mayor normalidad, lo mismo se dio en Europa, que dedicó 1985 a la música, precediendo con sus trompetas órficas la caída del Muro de Berlín en 1989.

La música comenzó por aquellos años a representar en España un valor social, y en los noventa esto cuajó en un interés creciente por asistir a conciertos o estudiar música. Precisamente, una de las propuestas más relevantes fue la creación en 1983 de la Joven Orquesta Nacional de España, inspirada y dirigida por Edmon Colomer, que llegó incluso a realizar proyectos y grabaciones sustanciales, como la de Atlántida de Manuel de Falla. Los jóvenes de aquellos primeros atriles de la JONDE son hoy figuras importantes. A ésta le siguieron otras en Comunidades Autónomas.

Así, tanto la enseñanza como la práctica musical tuvieron un desarrollo significativo en este cuarto de siglo incidiendo en la creación de escuelas de música y conservatorios modernos. Incluso en los últimos años con proyectos renovadores como el Musikene del País Vasco o la ESMUC en Cataluña, y qué decir de la modélica Escuela Reina Sofía que promovió la Fundación Albéniz con Paloma O’Shea.

Algunos cambios fueron precedidos por polémicas. Una, poco feliz, se planteó en medios de prensa en los ochenta ante la intención de incorporar también aspectos de la enseñanza musical al ámbito universitario, lo que determinaba una reconsideración de las enseñanzas y titulaciones de Conservatorio. Defensores y detractores discutieron, pero la dialéctica no fue más allá de cuestiones meramente formales y personales, sin atender al fondo de la cuestión. Finalmente, las enseñanzas de musicología, historia de la música y disciplinas afines, comenzaron a formar parte de los curriculum universitarios, ampliando el ámbito de acción en igualdad con el resto de Europa.

Pasos de gigante fueron dados en este cuarto de siglo en relación a la recuperación y ordenamiento del patrimonio musical español e iberoamericano, con la puesta en marcha del Centro de Documentación Musical de Andalucía o el Musikene del País Vasco, a la vez que surgía una experiencia pionera como fue la creación hace ahora 20 años del Archivo Manuel de Falla en Granada, vecino del Auditorio Falla (1978), obra del arquitecto José María García de Paredes, que se ocupó de diseñar otros edificios pioneros como el Palau de la Música de Valencia (1987) o el de Madrid (1989). Y así se estableció un rico mapa de centros dedicados a la música en un programa propiciado por el Ministerio de Cultura. Los últimos son quizá los de Calatrava en Tenerife (2003) y del mismo arquitecto el Palau de les Arts de Valencia. Felizmente este proceso no se comenzó por el techo, como ocurrió quizá con los centros de arte contemporáneo, sino que los auditorios respondieron a la actividad de una importante red de orquestas sinfónicas, algunas de primer nivel —también creadas en estos años— que celebran en estos días sus dos décadas de vida. Todo esto en relación al ámbito de las músicas románticas, pero también tenemos logros fundamentales en el de las músicas antiguas, en las que cabe resaltar el enorme trabajo realizado en una de las cumbres por Jordi Savall, a la vez que en el plano del conocimiento por musicólogos e intérpretes. Y junto a los auditorios cambió también el mapa operístico en infraestructuras, con la reapertura del Teatro Real —cerrado a la ópera desde 1925—, y con el Maestranza en Sevilla o la rápida reconstrucción del Liceu y la actividad importante de Bilbao, entre otros centros.

Qué más se puede pedir en tan poco tiempo… Así fue el desarrollo de la moderna España, de gran intensidad. Ahora nos queda por evaluar muchas de estas realidades, actualizar objetivos, corregir rumbos, saber qué hacer con el potencial de algunos centros de enseñanza y el buen nivel de nuestros músicos jóvenes, dónde situarlos, es decir pensar en el futuro, preguntarnos por qué, si queremos saber sobre Falla, Albéniz o Granados, o la gran polifonía, debemos aún recurrir a los autores extranjeros, existiendo aquí departamentos especializados, o por qué no más de una o dos de las orquestas de nueva —o vieja— creación, pueden presentarse en el ámbito internacional. El brillo de las joyas se está opacando.

Jorge de Persia

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