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D de Discos. Momento dulce



D de Discos. Momento dulce

Hasta el más pesimista ha de reconocer que mucho han cambiado las cosas en el terreno discográfico durante este último cuarto de siglo en lo que a la música española se refiere. Cuando esta revista empezó su andadura hace 25 años, rastrear grabaciones de nuestra música en los anaqueles de los establecimientos especializados se reducía a encontrarse con la Colección de Música Antigua Española de Hispavox, los discos de Etnos y Ensayo, algunos nombres sagrados presentes incluso en firmas extranjeras, guitarra y zarzuela. En cuanto a los repertorios barroco, clásico y romántico la situación era paupérrima, tanto como en lo relativo a música contemporánea, representada por los estimables intentos de ACSE, EMEC, Gasa, el Círculo de Bellas Artes (con el Grupo Círculo y José Luis Temes) y algunos pocos más debidos a sellos pequeños de efímera circulación.

Uno de los factores que ayudaron a facilitar la realización de iniciativas discográficas de cierta enjundia fue el fortalecimiento de la red de orquestas autonómicas. Así, la Sinfónica de Tenerife, la ORCAM, la JONDE, la Orquesta de Valencia, la de Cambra Teatre Lliure (recuérdese su ciclo Falla en Harmonia Mundi) y muchas otras amplían su audiencia más allá de sus lugares de trabajo habituales a la vez que autores e intérpretes españoles comienzan a engrosar los catálogos de algunos sellos foráneos: Turina en Claves, Del Campo y Montsalvatge en ASV, De Pablo y Guerrero en Col Legno, el Albéniz operista en Decca, Mompou y Blancafort en Mandala, los registros de Jean-François Heisser en Erato y los dedicados a la dinastía Halffter en diversos sellos son sólo una mínima muestra.

La pionera labor de la Fundación Caja Madrid (traducida en los ciclos de Auvidis consagrados a la zarzuela y a buena parte de la obra de Gerhard) se ha visto continuada en los últimos años por los notables registros dedicados a los grandes polifonistas del siglo de Oro (Guerrero, Morales, los ocho volúmenes de la edición Victoria) aparecidos en diferentes compañías. Por otra parte, la celebración de aniversarios y la reivindicación de autores olvidados ha permitido disponer, por fin, de grabaciones solventes de la obra de Arriaga (Fuga Libera, L’Oiseau-Lyre), Martín y Soler y Manuel García (Il Califfo di Bagdad). También es una excelente noticia que la Colección de compositores vascos emprendida por la Sinfónica de Euskadi y Claves llegue en los próximos días a su volumen 13 con una entrega consagrada a Valentín Zubiaurre, a la que el próximo año seguirá un monográfico Pedro Sanjuán. Como lo es que los Spanish Classics de Naxos mantengan firme su rumbo con nuevos e interesantes capítulos (el Mompou inédito de Masó, Rodolfo Halffter por solistas de la ORCAM, de inminente aparición).

Pero si el panorama discográfico de nuestro legado musical ha cambiado sustancialmente en estos últimos 25 años es en lo concerniente a su prioritaria y decidida atención a los repertorios antiguo y contemporáneo. Nunca hasta ahora habíamos podido disfrutar de grabaciones tan formidables como las que han forjado los fondos de catálogo de Glossa (cada vez más abierta a propuestas singulares), Alia Vox (la marca de Savall), Almaviva (con sus Documentos sonoros del patrimonio musical de Andalucía) y otras muchas discográficas independientes de nacimiento más reciente como CDM, Arsis, Enchiriadis, Lindoro, Pneuma, Lauda, Alqhai & Alqhai, OBS (el sello de la Orquesta Barroca de Sevilla), Música Antigua Aranjuez o RCOC (el de la Real Compañía de Ópera de Cámara).

El apoyo decidido de la Fundación BBVA y Caja Madrid a la difusión de la creación musical más reciente, traducido en ejemplares ediciones publicadas por sellos extranjeros (Neos, Kairos) o nacionales (Verso), sumado al imparable crecimiento de compañías como la citada Verso (que acaba de grabar la obra orquestal de Olavide) o Columna Música han permitido disponer de registros de calidad impensable sólo unos años atrás. El nacimiento hace poco más de un año de Anemos, patrocinado por el INAEM y publicado por Diverdi (el distribuidor que más ha trabajado y trabaja por la música actual), que acaba de lanzar al mercado su flamante segunda entrega, bien podría simbolizar el especial momento dulce que, en estos momentos y pese a la delicada situación del mercado, vive la edición discográfica de nuestra música. Momento dulce que sólo la malhadada crisis y la drástica reducción de patrocinios por parte de organismos oficiales y empresas privadas —como ya está pasando con las temporadas y ciclos de conciertos— podría amargar. Y eso sería, además de triste e injusto, probablemente irreparable.

Juan Manuel Viana

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