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Maestros ante el futuro



Maestros ante el futuro

Dos nombramientos de nuevos titulares hechos públicos en estos días afectan a dos de las instituciones más significativas de la vida musical española: la Orquesta Sinfónica de RTVE y el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia. En el primer caso el elegido ha sido el uruguayo Carlos Kalmar, un maestro experimentado pero joven todavía —nació en 1958—, con una interesante carrera en Europa y en América y que goza de una buena reputación en el mundo profesional. Va a sustituir al honrado, eficaz y buen trabajador Adrian Leaper a quien cabe adjudicar el mérito de haber regido con sentido común una etapa difícil de la orquesta tras el pequeño trauma que siguió a la salida de Comissiona entre 1998 y 2001 y los problemas surgidos con el ERE del ente público y la subsiguiente contratación de nuevos profesores. Llega Kalmar en un momento delicado para las finanzas de la casa cuyo equilibrio no debiera pasar por detraer fondos a la orquesta en un trance en el que, tras el cambio que ha supuesto la supresión de la publicidad, la cultura debiera ser una de sus prioridades —como lo es, por ejemplo, para la BBC, con sus cinco orquestas, cinco. Y arriba también Kalmar a un espacio tan impresentable como el Teatro Monumental de Madrid, sede indigna para una excelente orquesta de la que nadie ha conseguido sacarla, pues ¿a dónde ir cuando en la capital sólo el Auditorio Nacional puede acoger una temporada como la suya pero no tiene fechas para ello? Los nuevos titulares deben estimular, propiciar cambios a mejor, ampliar horizontes. Lo malo esta vez es que la mejor noticia para la OSRTVE sólo puede ser su marcha a un lugar decente y, por desgracia, las posibilidades de éxito en tal punto parecen no ya escasas sino nulas, con lo que eso implica de dificultad a la hora de promocionar el producto y atraer un público nuevo. Gajes de no construir en su día un auditorio propio como el que poseen tantas orquestas de la radio, pero eso ya no tiene remedio.
 
Omer Meir WellberPor su parte, el Palau de les Arts, tras la apuesta inicial por un peso pesado, por uno de los grandes de verdad como es Lorin Maazel, ha puesto su dirección musical en manos de , un casi desconocido, que luce el respaldo de todo un Daniel Barenboim. Para el Palau de les Arts el poderío económico ha sido una seña de identidad muy acorde con tiempos diferentes a los de hoy. Pensemos en Calatrava, Maazel, Mehta, la Fura dels Baus…, es decir, nombres todos que suponen lo más alto del escalafón en ese aspecto y que para cualquier observador sitúan el teatro en una órbita en la que la exigencia artística es un compromiso lógico de la inversión realizada. Ahora los tiempos han cambiado y el nombramiento de Wellber sorprende por lo inesperado en relación a un perfil que hace un año parecía cumplir a la perfección un candidato que respondía al nombre de Riccardo Chailly. La responsabilidad del recién llegado es clara: mantener el nivel de la Orquesta de la Comunidad Valenciana, una de las mejores de cuantas trabajan hoy en los fosos de los teatros de ópera del mundo. Ese es el capital más importante del Palau de les Arts y su responsable musical ha de procurar que no se desvalorice. El trabajo del nuevo titular es de una importancia extraordinaria de cara a un futuro al que hay que arribar con los mínimos daños a causa de la crisis económica. No tiene ni el nombre ni el gancho ni la fama de su antecesor, así que deberá ganarse el puesto y, luchando seguramente contra la casi siempre injusta costumbre de los públicos de comparar lo incomparable, demostrar que había buenas razones para confiarle una tarea nada fácil.

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