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Francisco A. Barbieri



Francisco A. Barbieri

El público de Madrid está de enhorabuena. El próximo 29 de abril —permaneciendo en cartel durante un mes—, se estrenará en el Teatro de la Zarzuela una nueva producción de Los diamantes de la corona de Barbieri en lo que será una de las noticias más sensacionales de la temporada lírica. No exageramos la nota: esta zarzuela en tres actos es una de las mejores obras en su género y aunque parezca increíble no se representa en el teatro de la calle de Jovellanos desde 1893. Fue en septiembre de 1939 cuando este título subió por partitura, como ha estudiado la musicóloga francesa Isabelle Porto San Martin, estaríamos ante una auténtica traducción musical del original de Auber, sin que por ello desmerezca en absoluto la solfa del compositor madrileño, más bien al contrario. El futuro compositor de Pan y toros logró con Los diamantes de la corona un primer éxito en lo que él mismo denominó su “segunda manera”, a saber: un paso más hacia la indigenización del modelo original europeo, insistiendo en los rasgos hispanos de su música. El propio Emilio Casares lo explica cuando define a Los diamantes como “una de las producciones más interesantes de Barbieri por la maestría en adaptarse a todas las circunstancias de la acción y a la sicología de los personajes, pero también por la unidad que consigue con una música hispana que se pone de relieve ya desde la introducción con el desarrollo de un lenguaje musical autóctono”. Los diamantes de la corona ya no suena a Jugar con fuego, aunque es evidente que todavía estamos lejos del sonido moderno y castizo de El barberillo de Lavapiés o Chorizos y polacos. Barbieri está en evidente comunión con un nacionalismo de cuño romántico hacia la búsqueda de una genuina “ópera nacional”. La cima de su maestría como compositor dramático llegaría más de diez años después, con el estreno en 1864 de Pan y toros, sin duda uno de los frutos más interesantes de las escuelas líricas europeas del XIX y que en la pasada temporada 2008-2009 pudo escucharse, como es de merecer, en el Teatro Municipal de Santiago de Chile y en la Opéra de Lausanne. Durante la gestación de Los diamantes de la corona en 1853 Francisco Camprodón advertía a Barbieri: “las quince piezas de que consta la obra es poca música para la mucha declamación que contiene, y por tanto creo que es indispensable que la inspiración e importancia de las mismas supla su corto número”. De que Barbieri lo consiguió no nos cabe la menor duda. Como obra en una encrucijada de caminos Los diamantes de la corona contiene algunas de las mejores páginas de una época de zarzuela de la que conocemos, por desgracia, muy poco. Las enseñanzas de Madrid. Teatro de la Zarzuela. 29- IV-2010. Barbieri, Los diamantes de la corona. Director musical: Cristóbal Soler. Director de escena: José Carlos Plaza. Jorge de León, Fernando Latorre, Lola Casariego, Yolanda Auyanet, Carmen González, Marina Rodríguez-Cusí. “adaptación a la escena española” de Francisco Camprodón.
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Enrique Mejías García
(Comienzo del artículo publicado en Scherzo nº 251, Abril 2010.)

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