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E de Especialistas. Consolidación de un fenómeno.



E de Especialistas. Consolidación de un fenómeno.

Nos preguntamos cómo hablar de especialistas en un arte que les pertenece justo a ellos. ¿No es un especialista cada solista instrumental o vocal que se sube a un escenario? ¿No es norma de la música la especialización? Resulta imprescindible pues acotar el término. Especialistas como francotiradores de ese repertorio que hasta hace apenas unas décadas era extramuros, estaba del lado de allá del museo virtual de la llamada música clásica. Para entendernos, todo lo que no tenía que ver con los grandes nombres populares, estaba antes de Bach o después de Stravinski.

Justo cuando nacía SCHERZO, la música antigua era ya un fenómeno consolidado en buena parte de Europa, pero apenas empezaba a asomar la cabeza por España. Terreno ideal, como el de la creación contemporánea, para el especialista. Si en la contemporánea han sido los compositores los que recientemente han llevado el peso de la internacionalización de la música española, con el apoyo de algún director (léase Arturo Tamayo) y en menor medida de unos conjuntos de calidad creciente pero con muchos más problemas para sobresalir fuera del ámbito nacional, en la música antigua la nómina de solistas que han conseguido triunfar en el mundo no es demasiado amplia, pero incluye algunos nombres que no deberían pasar inadvertidos.

En 1985 Jordi Savall era ya por supuesto un personaje de fama internacional y su nombre tiene que figurar aquí, pero es que Savall resulta ser ¡el antiespecialista por excelencia! De la Sibila al folk sudamericano, de la polifonía renacentista a la Eroica, de la canción sefardita a la ópera clásica no hay terreno que el gran músico catalán no haya frecuentado, habitualmente con un éxito que se refleja bien en su legión de seguidores. Más cercano al concepto de “especialista” que aquí utilizo se encuentra sin duda José Miguel Moreno, el vihuelista-guitarrista-laudista madrileño que se ha impuesto en las grandes escenas de todo el mundo como solista de cuerda pulsada, en menor medida como director de diversos y efímeros conjuntos, pero también de forma clamorosa como creador del más internacional y exquisito de los sellos discográficos españoles, Glossa. Acaso por la españolidad reconocida de la guitarra, el ámbito de su familia instrumental ha sido en este tiempo bien defendido fuera de nuestras fronteras por algunos otros solistas de prestigio, como el sevillano Juan Carlos Rivera o el barcelonés Xavier Díaz-Latorre, éste vinculado mucho tiempo a la factoría Savall.

Pero España también ha sido tradicionalmente tierra fértil en cantantes, un terreno que en el campo de la música antigua, y sin olvidar a veteranos como Josep Cabré o Josep Benet, miembros de algunos de los conjuntos de cámara más formidables del universo medieval y renacentista, viene dando frutos tan sobresalientes como los de Carlos Mena, el contratenor vitoriano que se ha hecho un nombre tanto en el ámbito de la música religiosa como camerística o teatral, o las sopranos Núria Rial, María Espada y Raquel Andueza, un trío que no cesa de conquistar nuevos espacios (también más acá del Barroco, lo que invalidaría mi caracterización de “especialista”, pero ya se sabe que a los cantantes se les perdona todo).

Especialistas que no dejan de florecer a la luz de las nuevas condiciones sociales y económicas: cuando SCHERZO daba sus primeros pasos no existía en España un solo centro dedicado a la enseñanza reglada de los instrumentos antiguos; hoy las posibilidades son variadas, a la par que se han agilizado notablemente los mecanismos que permiten a muchos jóvenes estudiar en el extranjero sin necesidad de hipotecar su hacienda y la de sus mayores. Todo ello ha facilitado que nombres como los del violagambista sevillano Fahmi Alqhai, el del (inclasificable: ¿otro antiespecialista?) guitarrista bilbaíno Enrique Solinís, el de su paisano violonchelista Josetxu Obregón, el del fagotista alicantino Javier Zafra, el del teclista catalán Guillermo Pérez, el de la violinista ibicenca Lina Tur Bonet, el del flautista también sevillano Vicente Parrilla, el del clavecinista gallego Diego Ares, el del contratenor barcelonés Xavier Sabata o los de los asturianos hermanos Zapico (Aarón, Pablo, Daniel) traspasen ya fronteras con absoluta naturalidad y figuren asociados a conjuntos, salas, festivales y sellos discográficos de prestigio internacional, y ello a pesar de que el mayor de todos ellos no haya dejado aún atrás la treintena. Especialistas para un futuro que viene recio. Que se aten los machos.

Pablo J. Vayón

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