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Jordi Savall



Jordi Savall

No está España, por culpa de la crisis, para muchas alharacas conmemorativas. Seguramente por ello ha pasado casi inadvertido el octavo centenario de un hecho que cambió el curso de la historia en la península ibérica: la batalla de las Navas de Tolosa. El 12 de julio de 1212, las tropas castellanas de Alfonso VIII, las navarras de Sancho VII, las aragonesas de Pedro II y algunos cientos de ultramontanos (cruzados provenientes de otros estados europeos) se enfrentaron cerca de Despeñaperros a un ejército, numéricamente muy superior, del califa almohade Muhammad An-Nasir, conocido por los cristianos como Miramamolín. La rotunda victoria de la coalición cristiana puso fin a una hegemonía musulmana que había comenzado en julio del año 711, cuando las huestes de Táriq ibn Ziyad derrotaron a las de Don Rodrigo, el último rey godo, en la batalla de Guadalete.

Es probable que las provisiones de fondos para efemérides históricas en 2012 se las haya llevado todas “La Pepa” (en marzo se cumplió el segundo centenario de la constitución liberal que promulgaron las Cortes Generales en sus reuniones extraordinarias de Cádiz, ciudad en la que encontraron refugio durante la Guerra de la Independencia). Es probable, asimismo, que la imperante corrección política no exhorte precisamente al recuerdo de lides bélicas de carácter étnico o religioso (no hay más que ver ese florido matorral que le colocan de un tiempo a esta parte a la imagen de Santiago Matamoros en su catedral compostelana para impedir que se vean las cabezas cortadas a los infieles musulmanes). Pero el recuerdo de un acontecimiento tan importante como la batalla de las Navas de Tolosa habría requerido una mayor atención por parte de las autoridades que gobiernan este país, de por sí ya bastante refractarias a todo lo que tenga que ver con la historia de España y, por ende, con su cultura.

La batalla de las Navas de Tolosa es también conocida como la batalla de Úbeda. Conquistada esta ciudad por la coalición cristiana, no tardó demasiado tiempo en volver a manos almohades, hasta que definitivamente fue tomada por Fernando III de Castilla, en 1233. Pocas urbes españolas han sentido con tanta intensidad como Úbeda la huella musulmana y la huella cristiana. También hay en ella una honda huella judía, acaso para confirmar que la España de las Tres Culturas fue una innegable realidad más que un mito moderno. No se me ocurre, por tanto, mejor escenario que Úbeda para recordar lo que acaeció en aquella comarca hace ocho siglos. Si acaso, su vecina Baeza, pues es inevitable mencionar a Baeza cuando se habla de Úbeda y mencionar a Úbeda cuando se habla de Baeza. Los días 6, 7 y 8 de diciembre habrá en estas dos localidades sendos conciertos que servirán para conmemorar la trascendental batalla, a cargo del Ensemble Andalusí de Tetuán; de los grupos Alia Mvsica y Vox Feminae y, por último, del gran maestro de la música antigua española, Jordi Savall, que estará acompañado por dos de sus más estrechos colaboradores, los percusionistas Dimitri Psonis y Pedro Estevan.

Savall ha demostrado tener una agudeza sin par para explorar, a través de la música, hechos históricos y/o culturales que nos pillan de lleno o que, al menos, nos cogen de cerca. Comenzó, allá por 1992, con los fastos conmemorativos del Quinto Centenario del Descubrimiento de América (qué buen aficionado no recuerda aquella trilogía discográfica dedicada a Cristóbal de Morales, a Tomás Luis de Victoria y a Francisco Guerrero, los tres grandes polifonistas de nuestro Renacimiento), para ir recalando paulatinamente en otros acontecimientos prominentes: el reinado de Isabel I de Castilla, la vida de Juana de Arco, la edición del Quijote, el apostolado oriental de Francisco Javier, la tragedia de los cátaros, la dinastía Borgia (o Borja, a gusto del consumidor) o las peripecias de ciudades plurimilenarias y poliétnicas como Jerusalén y Estambul.

El sábado 8 de diciembre, en el Auditorio del Hospital de Santiago, de Úbeda, Savall y sus dos acompañantes se sumergirán en un recorrido por los años inmediatamente anteriores y posteriores a la batalla de las Navas de Tolosa. Pero el recorrido no se ceñirá sólo a la España de las Tres Culturas, sino que realizará escalas en puntos tan dispares como Armenia, París o la heterogénea Italia. Músicas dispares entre sí, que difícilmente podrían tener acomodo en un mismo programa de no ser por un hilo conductor como este de la batalla de las Navas de Tolosa. En ese sentido, las arriesgadas propuestas musicales de Savall resultan siempre tan sorprendentes como fecundas.

Hace tiempo que el maestro de Igualada, inmerso siempre en una actividad frenética, decidió sacudirse cualquier etiqueta convencional para pasar a ese mínimo reducto de los inclasificables. Savall sigue tocando la viola da gamba, y la toca mejor que nadie. Savall sigue dirigiendo a sus grupos y a sus músicos, y es capaz de extraer de ellos lo que ni siquiera ellos saben que tienen dentro. Pero Savall es mucho más que eso. Savall es un próspero empresario en un mercado, el discográfico, que está de capa caída y Savall es, por encima de todo, un agitador cultural, un muñidor de programas insólitos (como éste que nos ocupa), dentro de los más diversos repertorios, que irremisiblemente cautivan al oyente, ya sea eventual o fiel seguidor.

El concierto que abre este pequeño ciclo musical dedicado a la batalla de las Navas de Tolosa corre a cargo del Ensemble Andalusí de Tetuán, integrado desde hace algo más de una década por músicos de formación clásica magrebí. Será una buena ocasión para comprobar, a través de las nubas andalusíes, cuál es la visión almohade de la batalla que ellos denominan de Al-Uqab. La historia se presta a múltiples interpretaciones, según con qué prisma sea observada. Para aquellos almohades de hace ocho siglos y para sus descendientes, la batalla de las Navas de Tolosa o la batalla de Al-Uqab no fue un triunfo tan rutilante de la alianza cristiana, sino la suma de una serie de factores fatales e inesperados que concluyeron de manera negativa para los intereses de Miramamolín.

Por su parte, Alia Mvsica y Vox Feminae ofrecerán un acercamiento al papel de la mujer a principios del siglo XIII, con obras de la abadesa Hildegard von Bingen, proclamada doctora de la Iglesia por el papa Benedicto XVI el pasado mes de octubre, junto con otras contenidas en el Códex de Las Huelgas. Es imposible obviar la ligazón entre las Navas de Tolosa y el monasterio femenino de Santa María la Real de Las Huelgas. En primer lugar, porque el fundador de dicho cenobio cisterciense fue Alfonso VIII, el rey castellano que estuvo al frente de la coalición cristiana en la batalla. En segundo lugar, porque como parte del botín que se tomó a Miramamolín en su precipitada huida estaba su pendón personal (uno de los más bellos tapices almohades que ha sobrevivido de aquella época), el cual quedó depositado en Las Huelgas tras la victoria, como muestra de agradecimiento al Altísimo.

Eduardo Torrico

Úbeda. Auditorio del Hospital de Santiago. 8-XII-2012. Jordi Savall, rebec, lira de arco y rebab; Dimitri Psonis, santur, guitarra morisca; Pedro Estevan, percusión. Kalenda Maya: Cantos y danzas del palacio y del desierto en el tiempo de la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) y del Reinado de Alfonso X El Sabio (1221-1284).

(Artículo publicado en la revista Scherzo nº 280, diciembre de 2012)

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