Ud. está aquíInicio /   Noviembre 2012 / Opinión / Educación: Paradojas y contradicciones

Educación: Paradojas y contradicciones



Educación: Paradojas y contradicciones

Los niños que empezaban la educación primaria el año en que se publicó el Informe Delors tienen hoy veintidós años. En el Informe Delors la UNESCO buscaba la forma de construir un mundo mejor a través de la educación. Hoy, más que la voz de la UNESCO, escuchamos la de la OCDE, cuyo Informe PISA nació exactamente un año después de publicarse el Informe Delors. Nos interesa el Informe PISA porque nuestro gobierno le da una especial importancia para el diseño de su política educativa.

El creciente protagonismo de la OCDE a través del Informe PISA indica que las propuestas para mejorar la educación se han vinculado últimamente con el progreso económico. En parte es lógico, aunque sólo sea porque el progreso económico y la estabilidad financiera son los objetivos de la OCDE, pero el Informe PISA tiene un problema: que la OCDE, cuyo fracaso en el cumplimiento de sus objetivos está a la vista, propone evaluar los sistemas educativos según el grado de cumplimiento de sus objetivos.

Un problema que afecta a la mayoría de los países y que se extiende a lo largo de varias décadas no es un problema de la educación en particular, sino un problema de la humanidad en general. Es uno de los mayores retos a los que se enfrenta una sociedad y, lejos de afectar a una asignatura, a una universidad, a un sindicato, a un ministerio o a una comunidad autónoma, afecta a todo aquello que es importante para generaciones y generaciones de personas. En ese contexto, las decisiones de política educativa que se toman en España en relación con la educación pueden parecer más o menos acertadas, pero son sobre todo preocupantemente pequeñas frente a la dimensión del problema. La educación no se merece la cortedad de miras con que se establecen es España sus principales parámetros. El marco legal, por ejemplo, es objeto desde el principio de la democracia de una disputa política permanente. Las leyes de educación —y se prepara una nueva— se utilizan como armas arrojadizas del debate político. El enorme coste económico y social de este juego no parece importarnos demasiado, ya que nos apuntamos con alegría a apoyar esta o aquella ley, como si la educación fuera una cosa de hinchas.

Por eso es irritante tener que detenerse en detalles cuando se ve que las macroestructuras van a seguir generando disfunciones, entre ellas un sinfín de contradicciones: la próxima ley de educación defiende la necesidad de “una reforma práctica, que permita desarrollar al máximo el potencial de cada alumno”, pero al mismo tiempo anuncia cambios que menoscaban seriamente parte del potencial que dice defender: nada menos que el potencial musical de los españoles. La ley parece descubrir que la escasez económica es el antídoto de todos los problemas: tasas que suben, despidos, aumento del número de alumnos por clase, cierre de centros, retirada de ayudas y becas, etc. No es de recibo decir que todas estas medidas contemplan la equidad y refuerzan la calidad. En nombre de la autonomía de los centros se eliminan aquellos que disfrutaban de cierta autonomía. Se pone como ejemplo a Finlandia, pero se toman medidas que jamás se aceptarían en Finlandia. Se habla de creatividad, emprendimiento o imaginación, pero se acentúa la estandarización. En música, la ley propone reducir las horas y los profesores de música en todas las etapas y elimina el único bachillerato que abría la puerta a la especialización musical.

La música es irreemplazable en la vida de millones de personas. Cuando se citan los beneficios que la música aporta al aprendizaje de las matemáticas se olvida que la música es una disciplina per se. La razón por la que la música debe estar presente en la educación no es que nos ayude a desarrollar el pensamiento crítico, la concentración o el trabajo en equipo. La música es importante porque nos permite crecer en direcciones que sólo existen en la música. La música y su práctica ocupan un lugar importante en el desarrollo de las capacidades y merecen por ello un espacio propio y una atención especial, y no ser tratada como un fleco de la actividad educativa.

No eran estas las contradicciones a que se refería el filósofo francés Jacques Rancière cuando pedía que el acto de enseñar no perdiese la conciencia de las paradojas que le dan sentido. El acto de enseñar necesita ser paradójico, pero también necesita desarrollarse en un ambiente de respeto que no se está practicando hacia la educación en general ni hacia la educación musical en particular.

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter