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Elina Garanca



Elina Garanca

Hace casi seis años tuvo lugar un primer encuentro de SCHERZO con Elina Garanca (Riga, 1976). Elina Berganca, decíamos bromeando, habida cuenta de la similitud del repertorio compartido con la cantante madrileña. Incluido su interés por el zarzuelístico, que ha calado en la mezzosoprano de Letonia, quien regresó a Barbieri, Luna y Serrano en su disco Habanera, donde la música de España se adueñaba del contenido. Aunque la actual conversación tuvo lugar en inglés, asegura que la próxima —dado el amor por lo español que le transmitió su madre y le ha llevado a instalarse en nuestro país—, será en castellano. O tal vez andaluz, considerando que para residir ha elegido Benalmádena. Cerca de Gibraltar, donde nació su marido, el director de orquesta Karel Mark Chichon. En su nuevo registro para Deutsche Grammophon, todo es distinto para esta mezzosoprano cuya vida ha cambiado también con la llegada hace un año de su primera hija, Catherine Louise. En Romantique el francés impera. Incluso para La favorita, Garanca ha elegido la edición francesa. En Romantique sólo hace concesiones a dos arias: una en ruso de Chaikovski y otra en italiano de Vaccai.

 

Hasta se va despegando de Berganza en sus personajes. Hay menos Rossini, nuevos papeles como Dido, o elige ser Elvira en Don Giovanni, porque en su voz destaca la brillantez de agudos poco habituales en su tesitura. ¿No será usted una soprano de camuflaje?

Es verdad que para una parte del público mi voz tiene algo de misterioso. Me ven como una mezzosoprano con un gran peso en el registro más bajo, que no es habitual en las cantantes de mi cuerda, que se suelen mover en los registros bajos del centro, y al mismo tiempo se sorprenden con mis notas agudas. De tal modo que me piden que defina qué tipo de cantante soy.

¿Continúa cuidándose con su profesora de canto en Ámsterdam?

En teoría tengo que decir que sí, pero en la práctica la verdad es que hace casi dos años que no la veo. Por medio ha estado el nacimiento de mi hija, que me ha puesto las cosas extremadamente difíciles a la hora de viajar, al tener que llevarla conmigo. Así que no estoy trabajando con nadie. No obstante, estuve recientemente en Letonia a pasar unos días con mi madre quien, como comenté en nuestro anterior encuentro, es profesora de canto. Es a ella a quien le ha tocado controlar un poquito mis cuerdas. Pero con el tiempo aprendes a conocerte en este aspecto, a saber qué te pide tu voz y a poner soluciones antes de que puedan aparecer problemas. Basta con observar el normal desarrollo técnico, de acuerdo con tus características y de valorar cualquier cambio. En el caso de una mujer, puede ser el hecho de dar a luz y, en líneas generales, sopesando bien el repertorio que pretendes acometer.

¿Hacia dónde se dirige el suyo?

Pretendo ir hacia Verdi. Querría cantar Eboli y Amneris. Y también Dalila, pero esto lo contemplo entre mis planes de futuro, teniendo en cuenta la antelación con que se ajustan las agendas en los teatros de ópera. Antes de nacer mi hija tenía compromisos cerrados para 2015 o 2016. Incluso para 2017. En los próximos años voy a cantar Octavian en el Rosenkavalier, volveré a ser Romeo en Capuleti e Montecchi, y de nuevo Sesto en La clemenza di Tito y Seymour en Anna Bolena. El salto a Verdi no lo daré inmediatamente. Sería demasiado cambio introducir por medio una Éboli, a la que espero llegar con 40 o 42 años, si mi voz ha seguido su curso lógico, haciéndose más oscura y más pesada. En ese aspecto, debo decir que considero una bendición que me hace muy feliz, tener esa posibilidad de ir ampliando mi repertorio. Hay quienes se limitan a un color o a un compositor en particular, viéndose obligados a instalarse toda su vida en Rossini o Mozart. En mi caso, después de haber cantado esa música, veo cómo la voz adquiere otras cualidades, que la hacen apta para repertorios con tintes más dramáticos, como la ópera francesa. Así, después de haber cantado Dido en Los troyanos, en 2015 debutaré mi primer Cendrillon y además de mantener Carmen en mi repertorio, para el futuro estoy pensando en otros personajes.

En Romantique, el disco que en estos días aparece, recupera repertorio en muchos casos poco conocido y, cuando menos, original.

Lo que me planteé al diseñarlo fue no recurrir una vez más a ese centenar, o esas docenas al menos de temas trillados, que tantas mezzosopranos han grabado en numerosas ocasiones. Si echas un ojo a sus discos, te encuentras siempre la misma Favorita, las mismas Carmen, Dalila, Éboli… Cenerentola o cualquier otro Rossini…. Ya se sabe. Como los oyentes no quieren volver a escuchar eso otra vez, y a mí me apetecía aprender nuevo repertorio para ofrecer, me propuse descubrir cosas nuevas. Como está haciendo Cecilia Bartoli, rescatando una infinidad de obras que nunca antes habíamos escuchado. Eso es algo que me parece fundamental. Para mí era importante que el público, al tiempo que pudiera comparar mi modo de interpretar algunas de las arias del disco, se encontrara también con algunas sorpresas.

¿Qué procedimiento sigue para la selección del programa?

La primera prueba para decidir los contenidos de mis discos es que me produzcan una sensación especial en el estómago. Necesito sentir lo que después voy a grabar, y en esa vibración influyen tanto el aspecto emocional como el psicológico. Hemos comprado una casa en España, y nos gusta vivir en ella. Y cada vez que regreso me gusta escuchar habaneras y zarzuelas que, de ese modo, siento hoy entre las músicas más naturales para mí. Por eso me apetece compartirlas con los demás en este momento y para el resto de mi vida. En cuanto al disco Romantique, creo que cuenta a su favor todas esas emociones que puede experimentar una madre primeriza como yo. Esas inquietudes que despierta en mí mi hija me han ayudado a interpretar un conjunto de arias muy femeninas y con cierta profundidad. No sé cómo será el CD que pueda grabar dentro de dos años. Aunque es difícil predecir por dónde irá, me atrevo a decir que tendré que estar convencida una vez más de sus contenidos. Y la música de éste es la que mejor se adapta a mi actual momento.

¿Le gustaría llevar alguna vez a escena obras como Sapho, El rey de Ys, La reina de Saba… de las que ahora ha extraído fragmentos?

El que estas óperas tengan algún aria de especial belleza, no significa necesariamente que toda la obra sea excepcional o de especial interés. Esto ha sido siempre así. Por el hecho de haberlas escrito Mozart, no todas sus óperas tienen que ser bellas de principio a fin. A veces tienes que extraer de ellas los fragmentos más memorables. Otro tanto podríamos decir en el caso de Verdi. Si repasamos su catálogo nos encontramos títulos como Traviata, Aida, Nabucco o Ballo in maschera, que son los más populares y los que habitualmente se programan. Con el resto no sucede igual. Lo mismo diría de El rey de Ys, de Lalo, o la Sapho de Gounod. Los teatros deben plantearse seriamente, a la hora de sacar adelante proyectos de esa naturaleza, si le interesan al público. Una solución para conseguirlo pasa por recurrir como atractivo para la exhumación a alguna voz con gancho popular. El problema surge cuando ese artista después de cantarla diez, once o doce funciones decide abandonar el papel. La solución podría ser sustituirlo por otro cantante de la casa, pero en ese instante el público deja de interesarse al no conocer esa ópera. Ignora su argumento y le faltan estrellas de renombre en el reparto. Llegado ese punto, la alternativa menos comprometida consistiría en programar esas obras poco familiares en versión de concierto. De ese modo, todos quedan contentos. La audiencia, por descubrir una nueva ópera; los cantantes, por aprenderse y dar a conocer otro papel y los intendentes por satisfacer la curiosidad del público y de los medios sin tener que incluirla en su temporada convencional. (...)

Juan Antonio Llorente
(Comienzo de la entrevista publicada en Scherzo nº 278, octubre 2012)

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