MÁLAGA / Un portento de imaginación activa

MÁLAGA / Un portento de imaginación activa

Málaga. Museo Picasso. 14-V-2019. Josu de Solaun, piano. Obras de Debussy, Enescu, Fauré, García Román, Granados, Liszt, Respighi y Schumann.

Dentro del XII Ciclo de Conciertos de Cámara que, en colaboración con la Orquesta Filarmónica de Málaga y con cuidado criterio selectivo organiza el Museo Picasso Málaga (MPM) cada temporada como actividad cultural paralela, se ha presentado una de las actuales figuras españolas de la interpretación musical de más progresión artística internacional cual es el pianista valenciano Josu de Solaun, único español ganador hasta el momento de los prestigiosos concursos internacionales de piano George Enescu de Bucarest (2014) y José Iturbe de Valencia (2006). Sus recitales tienen en contenido y en extensión la enjundia propia de aquellos que se celebraban en el siglo XIX de casi tres horas de duración y en los que las obras se encadenaban como si de un macro relieve o fresco musical se tratara. Esta ha sido la intención subyacente  dada por Josu de Solaun a su actuación en el camerístico auditorio picassiano de Málaga.

Las primeras notas que pulsó fueron las de la Arabeske en Do mayor op. 18 de Robert Schumann que desarrolló con ese particular estilo davídico que pide el autor, dando esa expresividad de ternura y ligereza que predisponía al público a ser testigo de una exhibición de control de la imaginación activa, entendida esta como un estado de cooperación entre los dos lóbulos cerebrales, el sensible y el racional, a un grado de individualización consciente realmente portentoso. Independientemente de que el resultado musical sea el campo a tener en cuenta en un juicio crítico sobre una interpretación, no hay más remedio que acudir a planteamientos y enfoques de la disciplina psicológica para entender medianamente qué ocurre cuando actúa este singular dominador de la recreación musical al teclado.

Después de la ensoñación percibida en la obra del gran compositor romántico sajón, rompió el orden del programa con una versión absolutamente personal de la goyesca de Enrique Granados Quejas o La maja y el ruiseñor, obra maestra del pianismo español, que transformó en un cuadro sonante de absorbente encantamiento. Después de tan subyugante paréntesis, volvió al encuentro del compositor ‘filistéico’ con una abrumadora interpretación de sus Davidsbündlertänze op. 6 en la que la intención de ir al encuentro de la verdad, bondad y belleza que contiene esta paradigmática obra del gran pianismo romántico, superó cualquier expectativa o curiosidad suscitada ante las dificultades técnicas y conceptuales que plantea su partitura. No cabe entrar en detalles de su ejecución ya que su más de media de duración fue una continua pormenorización de sus variados aspectos estéticos que se escapan incluso a un atenta y experimentada escucha activa. Sólo puede calificarse esta versión de única y magistral. Antes enmendó de alguna manera en sentido positivo el Allegro en Si menor op. 8 de Schumann, pieza que ha sufrido una valoración desigual por los tratadistas, pero que encierra las más singulares esencias del compositor. Su inclusión en el programa sirvió de algún modo como carta de presentación del pianismo total que ejerce Josu de Solaun.

Éste transitó en el inicio de la segunda parte por los cauces del pensamiento musical de George Enescu a través de su Pavane de la Suite nº 2 y de Carrillon nocturne perteneciente a su tercera suite, con el que el pianista llegó a alcanzar tal magia sonora con su virtuosa técnica de pedal que llevaba al oyente a encontrarse con una nueva dimensión expresiva del instrumento más allá de lo imaginable. Sin lugar a la menor duda fue uno de los momentos cumbres de la velada. Siguieron tres nocturnos, los Opp. 6 y 13 de Gabriel Fauré y el contenido en las Sei pezzi P 44-nº 3 de Ottorino Respighi, con los que preparó el camino para su magistral recreación del cuarto número del Tercer año de peregrinaje S. 163, “Los juegos de agua en la Villa d’Este”,  de Franz Liszt, con los que demostró su absoluto dominio de la música descriptiva como también ocurrió en el bis que ofreció, Ondine de Claude Debussy, preludio con el que creó un estado de sensibilidad en el auditorio más allá de la capacidad de evocación de cada oyente.

El recital tuvo un momento significativo con la obra Ecos de la Plaza de la Merced de José García Román, en la que se evoca tan singular espacio urbano malagueño, perteneciente a su colección de doce números Ecos de Iberia, con los que el músico granadino ha querido componer un emocionado y variado ‘eco’ a la Iberia de Isaac Albéniz. Josu de Solaun se ha adentrado en esta sólida pieza con la sabiduría e inquietud investigativa de las que se ha dotado a lo largo de su experiencia como didacta del piano, actividad universitaria que ha ejercido durante una dilatada etapa en Estados Unidos. La sensación que deja su interpretación es la de haberse situado más allá del acto creativo encontrado la dimensión eminentemente pianística del pensamiento musical vertido por el compositor, por encima de aspectos técnicos recreando la realidad que encierran sus compases desde ese vértice fenomenológico fundamental de la música cual es la interpretación en su siempre difícil, justificado y exigible más alto grado. Se pudo sentir cómo este pianista está absolutamente convencido de la autenticidad de esta obra como ejemplo de sinceridad creativa, capacidad evocativa y sólido sentido musical del autor, presintiéndose esa difícil y rara identificación entre creador e intérprete que merece máxima atención en el proceso de dar vida a esta colección de obras que, estoy seguro, marcarán un determinante horizonte en la música española para piano del siglo XXI.

En este sentido, José García Román, que se encontraba en la sala y cuya música entraña enormes dificultades, puede entender que su obra ha sido tratada con tal solvencia como la que se pudo percibir en la magistral y a la vez revolucionaria versión de la Fantasía baetica de Manuel de Falla, con la que Josu de Solaun cerró el recital, demostrando su singular personalidad musical que, rompiendo esquemas, le llevará a confirmarse como uno de los más grandes intérpretes que ha dado nuestro país.