MÁLAGA / Contraste de inspiraciones

MÁLAGA / Contraste de inspiraciones

Málaga. Sala de Conciertos María Cristina. 11-VI-2019. Nils Georg Nilsen, tenor. Anna Margrethe Nielsen, Laura Romero, Kho Gabriel Kameda y Beatrice Gagiu, violines. Eleanor Kendra James, viola. Gabriel Ureña, violonchelo. Kiryl Keduk y Sergio Montero, piano. Obras de Beethoven, Brahms, Cilea, Grieg, Puccini y Schumann.

Con el título ‘Explosión’, se ha inaugurado la séptima edición de Málaga Clásica  con un concierto al que se ha dado el nombre de ‘Contrastes Dramáticos’ dada la diversidad de motivos de inspiración de cada obra del programa, que transcurría desde las evocaciones paisajísticas y folclóricas de Grieg, hasta la música cuasi matemática de Beethoven pasando por la cooperación compositiva de Schumann y Brahms además de dos apuntes del arte lirico de Cilea y Puccini, según expusieron al inicio los codirectores del Festival, los violinistas Anna Margrethe Nielsen y Jesús Reina.

El haberse celebrado esta velada en la Sala María Cristina ha supuesto un grado de distinción para poder disfrutar de este repertorio que difícilmente se podrá escuchar mejor dada la enorme calidad y rica información acústica de su recinto, ideal para la música de cámara. Por su apreciable extensión, el Cuarteto en Sol menor, Op. 27 de Edvard Grieg ocupó íntegramente la primera parte, permitiendo que el oyente entrara en el concepto armónico y melódico de su contenido con el particular auspicio de autenticidad orientado por la ejecutante del primer violín, la noruega Anna Margrethe Nielsen, que se erigió en líder natural de la interpretación con notoria brillantez. Así hay que resaltar su forma de declamar arrastrando a los compañeros, fijando su escandinavo canto con sentido estilístico en el Poco andante inicial, para desbordar expresividad en el Allegro molto que le sigue antes de la acelerada coda final. Con su compañera de instrumento, la violinista Laura Romero, a la que se le han apreciado indudables progresos, generó esa emoción que pide la Romanza que ocupa el segundo movimiento, encontrando ese complemento rítmico que pide su Allegro agitato en las seguras intervenciones de la violista canadiense Eleanor Kendra James y el chelista asturiano Gabriel Ureña, que supieron esclarecer la agitación de tal contraste. Mantuvieron la misma tensión en el intermedio, un insistente Allegro marcato de manifiesto carácter “scherzante”. Finalmente, después de su pasaje lento inicial, abordaron el Saltarello que cierra este cuarteto con una manifiesta pretensión de efecto orquestal, que sirvió para mejorar los prejuicios que se han vertido sobre la calidad de esta composición.

El singular sonido del violinista Koh Gabriel Kameda en la curiosa, por  composición compartida,  Sonata F-A-E de Dietrich, Schumann y Brahms, de la que se interpretó su Intermezzo (schumanniano) y su Scherzo (brahmsiano), significó un punto de distinción en la velada, de manera especial en el segundo de éstos por, entre otras causas, la mejor identificación del pianista bielorruso Kiryl Keduk con la obra, pese a que, en algunos momentos, su dinámica en exceso dificultaba la percepción del violín.

Dos apuntes operísticos, de Cilea, el Lamento di Federico de su obra La Arlesiana, y la famosa aria de Puccini E lucevan le stelle, sirvieron para apreciar cómo ha ido ganando gravedad la voz del tenor noruego Nils Georg Nilsen [en la foto] en relación a sus intervenciones en pasadas ediciones del Festival. Quizás por esa nueva consistencia hacia los registros graves se sintió especialmente exigido en los agudos, donde aparecieron algunas asperezas de fonación que son perfectamente subsanables con la adecuada tonificación de las cuerdas vocales.

La obra cumbre de esta primera jornada del Festival fue la Gran fuga en Si bemol mayor, Op. 133 de Ludwig van Beethoven. Ante la indisposición del violinista Jesús Reina, que iba a liderar su interpretación, se incorporó como primer violín la rumana Beatrice Gaigu, que con una soltura sorprendente se introdujo en las dificultades técnicas y conceptuales de esta obra asumiendo el complejo contrapunto de su contenido al ejercer paridad de sentido y técnica con sus compañeros, Nielsen, Kendra y Ureña que, en conjunto, se aproximaron a la anticipadamente serial expresividad del compositor con una entrega verdaderamente encomiable. La explosividad de esta pieza de eterno vanguardismo, que siempre supone una experiencia para el oyente ante la compleja belleza del pensamiento musical que contiene, provocó una gran reacción en el público que se manifestó en un cerrado aplauso. Con un espíritu de “schubertiade, se cerraba así la primera jornada de este, una vez más, muy interesante Festival que permite que la música de cámara ocupe el puesto que se merece dentro del repertorio.