MADRID / Música entre amigos (Quasthoff, Schade & Boesch en el Ciclo de Lied)

MADRID / Música entre amigos (Quasthoff, Schade & Boesch en el Ciclo de Lied)

Madrid, Teatro de la Zarzuela, 3-VI-2019. XXV Ciclo de Lied. Thomas Quasthoff y Florian Boesch, barítonos; Michael Schade, tenor, y Justus Zeyen piano. Obras de Mendelssohn, Brahms, Schubert, Schumann, Liszt y Wolf.

Un formato singular y aparentemente inédito brindaron estos artistas, todos alemanes, todos varones, todos adeptos al canto de cámara. Incluyeron canciones para voz y piano junto con dúos para voces aguda y media, habitualmente con piano. Lo curioso fue que, entre sección y sección cantada, Quasthoff leyó textos poéticos de Nietzsche, Eichendorff y Heine. Algunos fueron de viva voz y otros, de recitado con fondo de piano, o sea lo que técnicamente es un melodrama. De sobra, el pequeño e inmenso Quasthoff, nos volvió a dar una lección de bueno decir, de buen escandir, de buen intencionar como en tantas tardes de gloria madrileñas.

Entre medias, dos intérpretes camarísticos que conocemos, volvieron a reafirmar sus prestigios. Boesch descolló en el mundo del drama íntimo, secretamente patético, capaz de una intensidad que nunca daña la clara elocución de los textos. Sus intervenciones en El sosías  y El Atlas de Schubert mostraron, una vez más, cómo una voz sin alardes de excepción y sólo gracias a una inteligencia sensible capaz de las mayores tensiones, puede tornar grandiosa una canción de cámara.

En cuanto a Schade, le tocó la parte más traviesa, anecdótica y amena de la velada, cuatro de los Lieder más divertidos de Wolf sobre poemas de Eichendorff, que vertió con una carga intencional y hasta gestual de graciosísima eficacia.

A todos siguió, precedió y despidió en schumannianos posludios, el pianista Zeyen, capaz de saltar de un autor a otro distinguiendo sutilmente sus formatos pianísticos, a veces muy comprometidos como en los casos de Liszt – un Liszt orillando el expresionismo – y el saltarín discurso wolfiano.

Todo el conjunto tuvo un muy logrado clima de salón burgués de la era Biedermeier o trastienda de cervecería bávara o quizá vienesa, una reunión de amigos que comparten poemas y canciones. Y, en diversas matizaciones y formatos vocales y pianísticos diversos, estuvo el romanticismo germánico con sus ringlera de soledades y condignas voces solitarias. Soledad de bosques, de mares, de playas, de ruinas góticas y de corazones solitarios que sólo se acuerdan de cantar al amor cuando está ausente.

(Foto: Ben Vine – CNDM)