MADRID / Hilary Hahn maravilla en el Auditorio

MADRID / Hilary Hahn maravilla en el Auditorio

Madrid. Auditorio Nacional. Sala Sinfónica. 8-V-2019. Ibermúsica (XLIX Ciclo Orquestas y Solistas del Mundo). Orquesta Filarmónica de Radio Francia. Director: Mikko Franck. Hilary Hahn, violín. Obras de Sibelius y Berlioz.

Hacía 14 años de la última presencia de la Filarmónica de Radio Francia en el ciclo de Ibermúsica. Nos ha visitado esta vez con el ahora titular, el finlandés Mikko Franck, ya en su cuarto año de mandato, con un programa que comprendía obras emblemáticas para orquesta (Sinfonía Fantástica de Berlioz) y batuta (Concierto para violín de su compatriota Sibelius), con el aliciente principal de la velada en la presencia de Hilary Hahn como solista. La de Virginia, a pocos meses de cumplir los cuarenta, se encuentra bien instalada en los mejores puestos de la elite mundial de los violinistas. Hace ya tiempo que técnicamente parece pluscuamperfecta en cuanto a afinación, sonido, naturalidad y justeza de vibrato, facilidad de arco y ataques. Por todo ello, no puede sorprender que despachara con pasmosa facilidad el largo rosario de dificultades que presenta el Concierto de Sibelius, uno de los más comprometidos del repertorio (Paganini aparte). Da igual que hablemos del bariolage del primer movimiento, las rápidas escalas de terceras u octavas, acordes repetidos, o el peligroso tercer movimiento en su totalidad, incluyendo unos endiablados armónicos que fueron dibujados con absoluta perfección.

Hahn lo expuso todo siempre con una claridad y limpieza exquisitas y con un sonido, si no de un enorme volumen, si de una gran belleza. Ha ganado, además, con los años, en intensidad de expresión, y su discurso ahora no es simplemente perfecto. Es de gran belleza expresiva, como quedó en evidencia desde el cuidadísimo comienzo, con estricto respeto a la indicación de Sibelius en la partitura, dolce ed espressivo. Su versión se inclina más al lado lírico que al enérgico, y aunque no faltó trepidación rítmica en el tercer movimiento, tuvo sus mejores momentos en pasajes como el largo y complicado solo, dentro del episodio marcado por Sibelius Moderato assai, en el primer movimiento, o en la delicada exposición de octavas arpegiadas del segundo, de nuevo respondiendo de forma escrupulosa a la indicación pp sempre del compositor. Magnífica versión, la suya, en suma, que el público recibió con justo entusiasmo. Hahn regaló una interpretación emotiva, de bello sonido, pero sin excesos románticos, de la Sarabande de la Segunda Partita de Bach.

Tras el descanso, la obra emblemática del sinfonismo romántico francés, la Fantástica de Berlioz, partitura que plantea numerosos retos a director y orquesta, exigidos ambos en agilidad de respuesta a los continuos cambios de tempo (especialmente en los movimientos extremos) y carácter. Y los instrumentistas, por su parte, obligados a extraer sonoridades no frecuentes para dibujar la caleidoscópica atmósfera, a veces cruda, otras dulce, otras enloquecida o delirante, de estos “episodios de la vida de un artista”, como subtituló su autor esta sinfonía programática que parece continuamente demandar una puesta en escena. No conocía al actual titular de la orquesta francesa, Mikko Franck (1979), que sorprendió por una “puesta en escena” que el que suscribe no ha visto en más de medio siglo de asistir a conciertos. Con una silla (no taburete, sino silla convencional) situada a pie de escenario, delante del podio, ligeramente escorada hacia la derecha, el finlandés, que no es especialmente alto, dirigía el concierto levantándose y sentándose. Resultaba curioso ver a Hahn mirarle “hacia abajo” durante el Concierto de Sibelius. En un principio pensé que quizá tenía algún problema físico, pero el hecho de que se levantara y sentara repetidas veces con bastante agilidad descartó esa explicación. Luego he comprobado que al parecer es algo habitual en su modus operandi, aunque, dado que el podio no se utilizó en absoluto, uno se pregunta por qué lo dejaron allí. La elección de Franck resultaba, en parte comprometida, porque sentado a nivel de los músicos y sin una gran estatura, me temo que los últimos atriles de violines y violas le verían con cierta dificultad (y probablemente estoy siendo generoso). Dicho esto, el finlandés tiene el mando firme y las ideas claras, y lo cierto es que, le vean bien o no sus músicos, la cosa funciona. Su acompañamiento en Sibelius fue impecable, cuidado y preciso en el dibujo rítmico, expresivo y bien ensamblado con la solista.

La Fantástica no consiguió la medida última del misterio (así en el comienzo del primer movimiento, que se ejecutó sin la repetición prescrita), pero tuvo elegancia en el segundo, bien delineado el rubato cuando se requería, y belleza expresiva en el tercero, en el que destacaron especialmente oboe y corno inglés, y en el que el clarinete lució un excepcional pianissimo. Brilló la exuberancia de metales y percusión en los dos últimos, aunque merece especial mención el pianissimo casi inverosímil del trompa en el cuarto movimiento. La orquesta evidenció un estado de forma estupendo en todas las familias, con una cuerda empastada, de buen volumen y atractiva sonoridad (especialmente los violines), y una madera con instrumentistas magníficos (a los antes mencionados habría que añadir el también excelente fagot), y su prestación fue, sin duda, de primer nivel. La de Franck fue una versión con más nervio que riqueza de contrastes o especialmente cuidada en lo tímbrico (el episodio de la cuerda col legno en la parte final pasó inadvertido), pero en todo caso el resultado fue sumamente convincente. El éxito, justamente considerable, obtuvo un buen premio en otra joya de Sibelius en la que Franck resaltó con brillantez toda la exaltación patriótica: una bonita y exultante traducción de Finlandia. Pero en la memoria quedarán las maravillas ofrecidas por Hilary Hahn, una violinista sencillamente excepcional.