MADRID / Grosvenor deslumbra con la OCNE

MADRID / Grosvenor deslumbra con la OCNE

Madrid. Auditorio Nacional. 27-IV-2019. Benjamin Grosvenor, piano. Orquesta Nacional de España. Director: Krysztof Urbanski. Obras de Brahms y Beethoven.

Rafael Ortega Basagoiti

La Nacional ponía en los atriles dos archiconocidas obras: Primer Concierto para piano y orquesta de Brahms y Quinta Sinfonía de Beethoven, y traía para la labor al excelente joven británico Grosvenor y al emergente polaco Urbanski. El resultado no se hizo esperar: entradas agotadas desde hace semanas y auditorio colmado hasta la bandera. Ya lo siento por quienes parecen querer acabar con las grandes obras de los grandes autores, pero cuando se programan y se interpretan con nivel… no parece que el público se canse de escucharlas.

El Primer concierto de Brahms, surgido a la sombra de la desaparición de su maestro Schumann, es obra de una intensidad y tensión brutales, una grandiosa y demoledora sinfonía con piano. Grosvenor deslumbró con una versión sobresaliente en todos los aspectos. El británico despacha las temibles dificultades, las trepidantes octavas, los dobles y triples trinos, los peligrosos saltos, con tan absoluta precisión como insultante facilidad. Y lo hace con un sonido de extraordinaria belleza en toda la ancha dinámica, siempre sabiamente graduada. Exquisita la triste entrada inicial tras el apabullante tutti orquestal de inicio, sensacionales las octavas en el episodio final del primer movimiento, bellísimo el tripe trino en piano cerca del final del segundo, arrebatado impulso en el tiempo final, vivo y sin concesiones. Su versión tuvo toda la grandeza pianística y poderío que la música demanda, pero también toda la elegancia y profundidad expresiva que esta genial partitura exige. Urbanski acompañó con tino y precisión, al frente de una muy notable Orquesta Nacional, que tuvo momentos (así la madera en el segundo tiempo) especialmente afortunados.

No estoy seguro, en cambio, de que Beethoven sea el repertorio en el que se mueva más a gusto el joven polaco. Su versión tuvo buena intención de brío y contraste, pero adoleció, sobre todo en el primer tiempo, de evidentes desajustes (no creo que su repetidamente prolongada preparación gestual antes del ataque a la famosa célula rítmica de tres corcheas-blanca del primer movimiento ayudara a ello) en muchos ataques, y de escasa convicción y consistencia en muchos otros. Momentos aislados muy conseguidos (Scherzo), pero por debajo de una prestación orquestal (los contrabajos en muchas ocasiones, la madera, la cuerda entera en el Trio del Scherzo…) generalmente notable. El éxito fue grande en ambos casos. Especialmente en el de Grosvenor, con toda justicia.