Ludovico Einaudi “Componer es autoconocerse”

David Rodriguez Cerdán

Según un estudio reciente, no pasa un minuto sin que en algún punto del planeta alguien pinche en su playlist un tema de Ludovico Einaudi (1955). Hasta ese punto se ha viralizado la música de este compositor y pianista turinés convertido en fenómeno global: gusta tanto a los millenials como a sus papás. Aunque se le asocia con géneros como la new age, la post-clásica o el minimalismo de tendencia, Einaudi tiene su propia etiqueta y hace la música que le piden sus dedos al rozar las teclas del piano. Tras varias giras por todo el mundo y disfrutar del éxito internacional de su anterior disco para Decca, “Elements”, el artista se ha tomado su tiempo para cocer a fuego lento el que sin duda es el proyecto discográfico más ambicioso de su carrera: un paseo musical en siete álbumes que reinventa el concepto de impresionismo.

 

Me gustaría comenzar preguntándole sobre su nuevo álbum como artista de la escudería Universal, “Seven Days Walking: Day One”, cuya primera entrega se publica este mes. En él retoma la filosofía de lo slow para reivindicar el lugar de las pequeñas cosas en nuestra vida de forma parecida a como hiciera en “In a Time Lapse” (2013), ya que se trata de un viaje musical y personal en siete álbumes que verá la luz a lo largo de los próximos siete meses. ¿Cómo se le ocurrió este concepto?

Me rondaban por la cabeza varias ideas cuando surgió la oportunidad de un nuevo álbum: por una parte quería hacer música a partir de las sensaciones que me despertaban mis largos paseos matutinos por la montaña; por otra, quería trabajar estrechamente con dos de mis colaboradores habituales: el violonchelista Redi Hasa y el violinista Federico Mecozzi. Empecé a rumiar la idea mientras escribía al piano una serie de impresiones al hilo de esos paseos. Es como pasar al pentagrama un flujo de conciencia continuo en el que se superponen todo tipo de pensamientos, sensaciones y recuerdos. La ruta del paseo es siempre la misma, pero cada día esas impresiones cambian dependiendo del tiempo, dónde te paras, la dirección de la mirada o tu estado de ánimo. Me parecía interesante estudiar el contraste que existe entre lo fijo —el paseo— y lo mutable —las diferentes vivencias del mismo fenómeno— y también, por supuesto, escribir una música muy pura que se correspondiera con la introspección de esos momentos. Grabé una serie de improvisaciones sobre el material de partida y, cuando ya tuve más o menos definida la serie de temas, invité a ambos músicos a mi estudio. Me encerré con ellos durante tres días y de esa interacción surgieron horas de material y ensayos que luego grabamos en los Air Studios en octubre del año pasado.

De alguna manera es como si compartiera ese paseo con ellos, o por lo menos les invitara a revivir sus impresiones a través de la música. ¿Hasta qué punto se implicaron en la composición de la obra?

De entrada, me costaba decidirme por una única versión de cada tema. Las posibilidades eran infinitas y me gustaban todas ellas en mayor o menor medida. Les di a los músicos una dirección a seguir, pero aparte de eso disfrutaron de bastante libertad creativa para interiorizar a su manera esos paseos. Al sentir que todas estas versiones tenían una fuerza genuina y que representaban esa vivencia de diferentes maneras, tomé la decisión de no descartar nada y presentar todo el material en siete discos para que el público tuviera la oportunidad de disfrutar de esas impresiones como yo las había vivido, la experiencia completa. Actualmente he grabado seis de los siete discos; el último será un ‘paseo’ para piano solo, una manera de volver sobre esos pasos de manera introspectiva. (…)

(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 350 de Scherzo, en abril de 2019)