CÓRDOBA / Paradigmático Haydn

CÓRDOBA / Paradigmático Haydn

 

Córdoba. Gran Teatro de Córdoba. 28-03-2019. Orquesta de Córdoba. Director: Eduardo Portal. Obras de Haydn, Lully, Monteverdi, Mozart y A. Scarlatti.

José Antonio Cantón

Eduardo Portal, uno de los directores españoles de más interesante proyección artística en la actualidad, ocupó el pódium ante la Orquesta de Córdoba (OC) en su sexto concierto de abono cuyo programa llevaba por título “Ha nacido la Sinfonía”. Salvo la última obra, la Sinfonía “Londres”, Hob.I:104 de Joseph Haydn, que tiene todas las connotaciones estéticas que determinan a esta forma musical en su plenitud, las demás eran composiciones que tuvieron como objeto indicar al oyente el camino por el que había pasado el concepto sinfónico hasta llegar a ocupar la importancia que tiene en la historia de la música.

El maestro burgalés inició su actuación con la hímnica tocata que abre la célebre ópera L’Orfeo de Claudio Monteverdi. Desde una conducción cargada de tensión, la OC se aproximó a la estética barroca del músico cremonés desde parámetros técnicos románticos, como se pudo apreciar en el tratamiento de acentos y articulaciones propiciado, de alguna forma, por el sonido de la percusión, bastante alejado de la característica sonoridad hosca y profunda del tambor barroco que pide la obra. Le siguió una delicada obertura del compositor florentino Jean Baptiste-Lully, la que inicia su Ballet d’Alcidiane, compuesto para la celebración del carnaval de 1658 en la corte de Luis XIV. Su interpretación dejó una sensación plana en efectos rítmicos dada la sinuosidad con la que fue planteada su lectura.

El concierto adquirió otra impronta en las dos obras que siguieron: la Sinfonía de concerto grosso nº 12 para cuerda y flauta, “La Geniale” de Alessandro Scarlatti y la Primera Sinfonía Kv. 16 de Wolfgang Amadeus Mozart, que compuso con sólo ocho años. Eduardo Portal empezó a mostrar una cinética más acorde con la viveza que encierra la primera, obteniendo un mejor resultado musical y sonoro contrastado por la actuación de Laura Llorca, la solista de flauta de la OC, que asumió con efectividad la función concertante en el desarrollo de su discurso. El interés de la actuación iba en aumento, permitiendo que el oyente esperara con más interés la interpretación de la precoz obra mozartiana. Así fue. El maestro expuso la estructura formal de la sinfonía con un gesto claro en su elemental y sencilla definición a la vez que fluido en su fraseo, respondiendo la orquesta con un mayor grado de expresividad musical, hecho que propiciaba albergar muchas esperanzas para la gran creación que ocupó la segunda parte de la velada: la Sinfonía “Londres” de Haydn, toda una solemne declaración de intenciones de lo que es el mejor sinfonismo de la Primera Escuela de Viena.

Con esta obra el concierto salió de la función divulgativa a la que estuvo dedicada su primera parte para adentrarse en el arte musical propiamente dicho con una composición absolutamente paradigmática en la historia de la sinfonía. Parecía como si se hubiera producido un efecto transfigurador en la ejecutoria gestual del maestro al encontrarse con un lenguaje más consustancial con su entendimiento musical y capacidad técnica. Eduardo Portal dio rienda suelta a todos sus recursos con esa naturalidad propia del que conoce su función hasta en el  más mínimo detalle. Es así cómo supo contrastar los dos aires que se producen en el primer movimiento; con un control contenido en el Adagio inicial, para distenderse con suma determinación en el Allegro que le sigue. El lirismo fue el protagonista del Andante, con el que el maestro hizo que la OC discurriera aparentemente sola en muchos pasajes siguiendo su mímica, precisa en comunicación y muy efectiva en el resultado. En el minueto, creó ese clima plástico que suele acompañar la escucha de esta danza, sabiendo plasmar el deslizante efecto de seducción que debe tener el trío central, curiosa intención que no suele ser demasiado tenida en cuenta en interpretaciones donde sólo prevalece el ritmo a costa de su imprescindible sentido galante.

El momento culminante se produjo en el tiempo final al percibirse cómo  descubría la organización de su música con ese grado de minuciosidad que requieren las grandes obras, que son siempre todo un reto para quien se proponga su ejercicio técnico, su recreación y su transmisión al público en general y, más todavía, a un oyente atento y experimentado en el lenguaje musical. Como un haz expresivo, todos esos fenómenos se dieron conjuntamente en este momento de la actuación de Eduardo Portal, dejando constancia de la responsabilidad que se le debe exigir a su profesión, más allá del aspecto formal, imagen y glamur que requiere su ejercicio.

(Foto: Paco Casado)