CÓRDOBA / Elogio al saxofón

CÓRDOBA / Elogio al saxofón

Córdoba. Palacio de los Villalones. XXII Festival de Música Contemporánea de Córdoba. 03-IV-2019. Ricard Capellino, saxofón. Posadas, Veredas.

José Antonio Cantón

Difícilmente se podrá asistir a una descripción práctica de las posibilidades musicales, por la versatilidad técnica que permite su manejo, del instrumento inventado por el belga Adolph Sax a principios de la década de los años cuarenta del siglo XIX. Con tan arduo propósito se han juntado las voluntades de dos músicos como el creador Alberto Posadas y el intérprete Ricard Capellino que se han constituido en una especie de unívoco “binomio sax” en la realización de este quinto concierto de la presente edición del Festival.

Un pretexto extra musical de gran calado como es la poética de José Ángel Valente ha servido para motivar la composición de un conjunto de seis piezas que lleva como título genérico Veredas, denominación que alude al carácter móvil de la música en su tránsito por el espacio sonoro, que hace que cada una de las interpretaciones sean irrepetibles y únicas en su representación. Alberto Posadas ha querido con cada una de ellas mostrar el carácter aleatorio a la vez que natural de la formación de las veredas, esos caminos resultantes de encontrar la menor distancia desde el mínimo esfuerzo. El sistema para acceder a estas obras es forzar una escucha activa en el público, que a su vez se ve implicado en la realización del concierto ya que tiene que seguir al intérprete a distintos recintos de un complejo arquitectónico que en este caso ha sido el Palacio de los Villalones de Córdoba, una muestra muy significativa de la arquitectura civil renacentista de la ciudad califal. Esto ha llevado a que el compositor proponga que el oyente se implique en la actuación desde una acción pasiva que determina de manera sustancial su desarrollo. Para ello se entrega a cada asistente un pequeño cuadernillo donde puede escribir al instante sus impresiones que, al final del concierto, intercambiará con otros escuchantes del evento.

Siguiendo este ejercicio de ir evaluando las propias sensaciones, me dispongo a hacer unas mínimas consideraciones sobre tal experiencia. En el caso de la primera pieza denominada Ruinas y después de una pequeña declamación por el poeta y compositor linarense Adrián Lado, intervención que se produciría en cada pieza, Ricard Capellino activó el saxo tenor dejando una sensación de memoria desolada a través de unas oscilaciones sonoras con ritmos aleatorios, con una clara tensión hacia su conclusión, inducida por una especie del lirismo que puede evocar la tamizada luz que absorbe la ceniza decantada. La interpretación se produjo en un patio pequeño de tránsito cercano al exterior del palacio lo que hacía que se escucharan sonidos del entorno del recinto palaciego como un son rumoroso.

En el caso de Fragmentos Fracturados se percibe la contradicción existente entre luz y oscuridad, como se desprende de la idea poética de Valente. Alberto Posadas ha querido plasmar la fusión de tales contrarios a través de células sonoras sin ningún encadenamiento discursivo, a base de golpes de soplado que acentuaban el contraste de los extremos interválicos del saxofón alto, instrumento para el que está escrita esta obra. Por vez primera se pudo percibir la bondad acústica del patio principal del palacio.

En Serán ceniza nos encontramos con una interesante intención descriptiva queriendo que el sonido haga imaginar al oyente la secreta desolación del desierto, su inspiradora idea poética. Ricard Capellino con su saxo soprano empezaba a confirmar la demostración de poder, fuerza y destreza que iba a representar su actuación. Situado en un rellano elevado imitó el sonido del viento y sus ecos mediante notas tenidas que fluctuaban en intensidad dinámica dando la sensación de una especie de erosión acústica acentuada por la desnaturalización sonora del instrumento. La resonancia que producía el hueco de la escalera donde se ubicó implementaba la sensación de una inmensa lejanía, seguramente pretendida por el compositor.

La penumbra de zaguán sirvió para dar un adecuado componente escénico a la obra Objetos de la noche escrita para saxo barítono y spring-drum. Éste particularmente hizo imaginar las irisaciones que suelen iluminar los sonidos que se producen en el ilimitado espacio de una selva tropical. Gritos, gruñidos, gorjeos, ronquidos, rugidos y bramidos brotaban de la bocina del instrumento con especial vitalismo imitativo creando una singular expresividad de muy natural efecto.

Con la modificación de intensidad y carácter tímbrico que proporcionaba la sordina-straight al saxo sopranino empleado en Arietta, la armoniosa acústica del patio principal manifestó toda su bondad permitiendo la escucha del silencio quebrado por su discurso. Sonante silencio imaginado desde un muy pensado tratamiento fractal que se percibía acompañado, a la caída de la tarde, por los cantos de los pájaros que habitan los jardines de este también conocido en Córdoba como Palacio de Orive. La interacción producida entre el canto de las aves y el sonido del saxofón llevó a una experiencia de escucha verdaderamente inimaginable por su espontánea belleza.

El recital terminó con Límite, para cuya interpretación Ricard Capellino buscó la resonante transparencia de las bóvedas existentes en la planta baja del patio principal a modo de cañón acústico en su deseo de hacer más impactante y profunda, por momentos atronadora, sonoridad del saxo bajo implementada por los efectos que le proporcionaban las sordinas émbolo y el distorsionante wah-wah, singulares modificadores de la expresividad del instrumento. El crepúsculo primaveral cordobés ayudaba a entender la idea poética de Valente del límite de la luz como efecto de deseo más que como realidad posible.

Poesía, música y silente itinerancia del público han protagonizado esta experimental jornada del Festival en la que Ricard Capellino ha convertido las esencias musicales de Alberto Posadas en todo un elogio al saxofón, pensando este instrumento hasta el final de sus posibilidades expresivas desde ese absoluto dominio técnico que sólo le es propio a los virtuosos consumados.