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Yago Mahúgo



Yago Mahúgo

No es frecuente encontrar hoy en día en el panorama musical a gente con un espíritu tan emprendedor como el que posee Yago Mahúgo. Clavecinista, fortepianista, fundador y director del conjunto Ímpetus Conjunto Barroco de Madrid, profesor en el conservatorio y propietario del sello discográfico CMY, anda sin parar de aquí a allá, enfrascado en conciertos o en grabaciones. El pasado año estuvo nominado a los Premios ICMA por su antológica versión, junto al violinista Pablo Gutiérrez y al violagambista Jordi Comellas, de las Pièces de clavecin en concerts de Rameau. Ahora, acaba de aparecer un nuevo disco suyo, con las nada frecuentes canciones espirituales de Carl Philipp Emanuel Bach, en colaboración con la soprano Mariví Blasco, al tiempo que ya anuncia para los próximos meses un nuevo registro con música para clave de los barrocos franceses Clérambault y Marchand.

(...) Es curioso que en lo peor de la crisis económica usted haya empezado a concitar la atención, no sólo como solista, sino al frente del grupo Ímpetus Conjunto Barroco de Madrid.

Agradezco mucho el apoyo que he recibido en estos últimos meses, sobre todo a la hora de poder realizar conciertos. Afortunadamente ya ha habido una reputada agente, Adela Sánchez, que se ha interesado por nuestro trabajo y que es la que se está encargando de nuestros conciertos en España, así como Eugenia Camón con las giras en el extranjero. Este año, por ejemplo, hemos estado en Italia y Estados Unidos. Ello, unido a las buenas críticas recibidas, me lleva a poner toda la carne en el asador y a crear mi propio sello discográfico, CMY, porque la mejor manera de presentarse ante un programador es con una discografía buena. El primer disco, con el grupo, fue realizado con una economía de medios bien escasa, pero, como tuvo una buena acogida y me sirvió de carta de presentación, he seguido adelante. No busco con los discos recuperar la inversión, soy bastante más romántico y persigo la excelencia tanto en el contenido como en el continente. Cuando mi amigo Javier Ulises Illán me planteó hacer con su grupo, Nereydas, el disco Angélico Greco, coincidiendo con el aniversario del pintor, no me lo pensé, aunque evidentemente nos ha costado dinero. No se trataba de hacer un simple disco, sino de presentarlo de la forma más lujosa posible, con un libro con imágenes del Greco que escribió el propio Javier. Ya digo que aquí no se invierte para ganar, sino porque a uno le gusta lo que hace. La línea editorial del sello va a seguir siendo esa: máxima calidad posible del producto tanto en las grabaciones como en los materiales.

El punto de inflexión del sello ha sido, sin duda, el disco con las Pièces de clavecin en concerts de Rameau.

Seguramente. Aquí no sólo la acogida de la crítica ha sido excelente, sino que ha estado nominado a los Premios ICMA del pasado año. Eso confirma que estamos en la buena línea, pero nos pone en un compromiso, cual es el de no producir ningún disco malo, porque el nivel que hemos establecido es altísimo y de ahí ya no se puede bajar las calidades ni del producto ni de la interpretación, grabe yo o grabe otro músico.

Lo que más llama la atención de ese disco es que un grupo español sea capaz de hacer una música tan complicada como es la del barroco francés tan bien o mejor que los propios franceses.

Hay ahora en España una remesa de jóvenes que hemos tenido la formación en el extranjero que la generación anterior a nosotros no se pudo permitir. La gente que ha tenido la posibilidad de estudiar en Holanda, por ejemplo, viene con una formación en música histórica insuperable. A su vuelta, lo que ha hecho esa remesa ha sido regenerar la interpretación de la música antigua aquí. Estamos en un nivel claramente europeo, lo cual es una excelente noticia para el panorama cultural español.

También se constata en el disco que acaba de aparecer, dedicado a las canciones espirituales de Carl Philipp Emanuel Bach.

Pues me alegra que usted piense así. Lo curioso es que la génesis de estos dos discos es la misma: le propuse el año pasado a Javier Estrella, director del Festival de Música Antigua de Aranjuez, dos programas para que eligiera y me dijo que sí a los dos, pero en un mismo concierto. La primera parte fue Rameau, junto al violinista Pablo Gutiérrez y el violagambista Jordi Comellas, que obviamente son los que intervienen luego en la grabación del disco, y la segunda fue con Carl Philipp, junto a la soprano Mariví Blasco. Fue bastante duro, no sólo por tener que hacer dos conciertos seguidos con música tan distinta y con diferentes instrumentos, sino porque Rameau es complejísimo. El enorme trabajo que llevó ese concierto, sobre todo la parte de Rameau, merecía la pena que quedara plasmado en disco. Lo que me animó a grabar el disco de Carl Philipp ya no fue tanto el trabajo como la increíble acogida que le dispensó el público. Visto desde aquí, hay que llegar a la conclusión de que aquel concierto fue todo un acierto. Por un lado, por hacer dos discos que, en mi opinión, son francamente buenos y, por otro lado, por haber podido colaborar con tres excelentes músicos como Mariví, Pablo y Jordi, posiblemente de lo mejor que hay ahora en el panorama español dentro de sus instrumentos. (...)

Eduardo Torrico

(Estracto de la entrevista publicada en el nº 305 de Scherzo, marzo de 2015)

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