Ud. está aquíInicio / Violencia contra Martha Argerich en la casa-museo de Ravel: ¿incompetencia municipal o simple ultraje?

Violencia contra Martha Argerich en la casa-museo de Ravel: ¿incompetencia municipal o simple ultraje?


Santiago Martín Bermúdez

Leemos a la periodista Marie-Aude Roux, en Le Monde de hoy: "Marta Argerich tenía un sueño desde hacía tiempo: visitar Le Belvédère, la casa de Maurice Ravel en Montfort-l’Amaury, en Yvelines, donde el gran compositor vivió durante dieciséis años". Y allá que se fue con su antiguo marido Charles Dutoit y otros amigos y familiares. No hay que olvidar que ambos son excelentes y pródigos ravelianos. Cuando están en el dormitorio de Ravel, llega un policía y los echa de allí. Ya les habían advertido dos damas, a la entrada (olvidemos sus nombres), que nada de fotos, ni siquiera con teléfono móvil; ni tocar en el piano de Ravel… ¿Ni siquiera Martha? Se ve que no saben quiénes somos, dice Charlie. Interviene el ayuntamiento, hay rumores de robo. Caramba. A todo esto, Martha toca un poquito del Concierto en sol.

Como escribe Marie-Aude Roux, la cosa podría haber quedado ahí, pero con bronca, policía y enfrentamientos los del Ayuntamiento echan a la guía de toda la vida, de edad avanzada: tenían que rodar cabezas. Ni siquiera le dejan sacar sus cosas, han cambiado las cerraduras de un día para otro. Esta dama ha dedicado su vida a Ravel desde su más tierna juventud, cuando lo conoció. Pero los políticos elegidos por el pueblo o acaso integrados en listas por la oligarquía del partido tienen sus propias pautas de memoria; y más aún, de borrado de la misma. Ravel es un gran nombre, un gran atractivo para la localidad y la región, pero eso es todo lo que saben. Le Monde trata de conseguir la versión del Ayuntamiento. Se escabullen, acaso ya han comprendido que han echado a una guía competente y que han tratado con violencia a dos ravelianos universalmente conocidos (al parecer, no por el alcalde y su equipo, que tienen en sus manos ese patrimonio ante el que se muestran tal vez perplejos e indoctos). Más tarde se justifican: hay un procedimiento, no lo han respetado, han llevado a cabo un "rodaje" (qué risa), algo así. 

Las autoridades cuidan poco la difusión y el conocimiento de esta casa museo. "Alexandre Tharaud —escribe Marie-Aude Roux— se pregunta por la escasa difusión del lugar a pesar de su valor patrimonial". Y añade Roux una anécdota lamentable sobre el intento fallido de Régis Pasquier de enseñar la casa-museo a un grupo de músicos venidos nada menos que de Sanghai: está cerrado, solo abre el fin de semana; apelan al alcalde: nada de visitas durante la semana. Se marchan sin ver el museo, no pueden esperar toda la semana.

Roux cita a Colombe Anouilh d’Harcourt, concejal de la oposición (hija de Jean Anouilh, el gran dramaturgo francés, autor precisamente de Colombe, que tenía una casita en Montfort-l’Amaury): "Dejadez, menosprecio, autocracia". Las señales de alarma, de peligro, se multiplican en los últimos tiempos a partir de los avisos de los ravelianos de todas partes: en qué manos está este museo, por favor. La periodista termina su excelente reportaje con una cita de la propaganda municipal: "Los visitante de todo el mundo, admiradores de Ravel, pueden descubrir Le Belvedère, impregnado todavía por la presencia del maestro". Y concluye: "Si es que no los echan a la calle".