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Unas afinan y otras no



Unas afinan y otras no

La renovación de Dima Slobodeniouk como titular de la Orquesta Sinfónica de Galicia hasta 2022 es una excelente noticia. El maestro ruso finés ha realizado un magnífico trabajo con la formación coruñesa hasta situarla en un envidiable nivel, continuando la labor de su antecesor, Víctor Pablo Pérez, y, al mismo tiempo, desarrollando él mismo una brillante carrera internacional que le lleva regularmente a dirigir las mejores centurias por el mundo adelante. Que un maestro de su corte mantenga su relación con una orquesta española es para celebrarlo de veras. Por otra parte, Slobodeniouk sabe lo que es dirigir una formación que es emblema cultural de una ciudad de tamaño medio —su otra orquesta es la de Lahti, en Finlandia—, sus ventajas y sus problemas, tiene la confianza de músicos y público y trabaja en buena sintonía con una gerencia de toda garantía.

Frente a la calma gallega, la crisis acecha a la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, cuyo titular, Rossen Milanov, y su gerente, Ana Mateo, han sido puestos en la picota por una parte de los músicos, otra del público y algún informador que se la tenía jurada y no solo a ellos. Hay que recordar que Milanov fue elegido hace siete años en un proceso de selección formalmente irreprochable en el que fue la voz de la comisión artística de la orquesta la que tuvo la prioridad a la hora de escoger al maestro que debía suceder a Max Valdés. Hace dos la gerente aconsejó a los responsables políticos correspondientes que no le fuera renovado el contrato a Milanov dado que la orquesta no progresaba bajo su mando. El consejo de Ana Mateo es desoído y antes del verano se desencadena la crisis con presencia catalizadora de un crítico que no ha ocultado nunca su aversión a los protagonistas —ni tampoco su preferencia por algunos nombres cuyas sombras planean en esta historia—, se convocan votaciones impensables en cualquier empresa y se juega con la reputación de una profesional de trayectoria impecable. Lo que parece claro es que Milanov debiera dejar la orquesta, cuya calidad si no ha crecido tampoco ha bajado en estos años como se trata interesadamente de vender, y la Consejería de Cultura asumir su dejación de funciones. Y a partir de ahí trazar el relevo con transparencia y a cara descubierta si no se quiere correr el riesgo de atentar contra la buena fama de la OSPA. 

Más crisis. Hace unos meses Fabio Biondi era fulminado por los músicos del Palau de les Arts tras una encuesta interna filtrada por el comité de empresa de la Orquesta de la Comunidad Valenciana, una gran orquesta capaz de mirar de frente a sus maestros y que ahora tiene por fin nuevo intendente en su teatro. En la filtración se hablaba de los directores preferidos por la formación en una muestra de realismo cuando se viene de Lorin Maazel y Zubin Mehta: Gustavo Gimeno y Henrik Nanasi. Por su parte, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ha sido un caso peculiar con su modelo de sumar dirección musical y gestión empresarial. John Axelrod, que seguramente se echó a la espalda más peso del debido, ha dimitido como consejero delegado aunque siga siendo, de momento, director musical. Naturalmente, las relaciones entre músicos y maestro, dicen las informaciones, se han deteriorado en los cuatro años de titularidad del tejano y de la esperanza de las dos partes se ha pasado a una decepción perfectamente descriptible. Y qué decir de las manifestaciones de algunos profesores de la Orquesta Sinfónica de Tenerife respecto de su nuevo titular, Antonio Méndez. No es precisamente profesionalidad lo que revelan.

Una orquesta no es un juguete político ni un instrumento de presión sino un grupo de personas especialmente sensible, unas veces con razón y otras sin ella. Pablo Casals decía que “la afinación es una cuestión moral”, una frase que debiera estar grabada en letras de oro en la entrada de los camerinos de todas las orquestas del mundo, en los estuches de todos los instrumentos, en la cabeza de todos los concertinos. Tenerlo en cuenta, y más aún llevarlo a cabo, haría la opinión de los músicos, siempre respetable, mucho más fiable. 

(Editorial publicado en el nº 343 de SCHERZO, correspondiente a Septiembre de 2018)

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