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Tocar la música




PorBlas Matamoro - Publicado el 03 Diciembre 2015

Tocar la música

Recorriendo algunas de las lenguas cercanas a la nuestra —es decir, aquella en que ahora mismo estoy escribiendo y que la hago nuestra porque la comparto contigo, sea quien fuere el que lea— resulta curioso observar con qué palabras se indica el acto de interpretar la música. Se trata, como sabemos, de convertir un objeto mudo, la partitura, en un objeto sonoro, la música como fenómeno acústico. Varias de ellas se deciden por lo que el castellano denomenaríamos un jugar: to play (inglés), jouer (francés) y spielen (alemán). A pesar de las dificultades que impone la buena interpretación musical, lo que está en juego es el juego, valga el eco.

Mencionar algo lúdico suele connotar minoridad y gratuidad, cosas de chicos, niñerías. Algo poco serio, algo que, según el tópico, “no es más que un juego”. Pero jugar es también algo serio, más allá de que hayamos apostado mucho dinero y lo hayamos perdido. Es, por ejemplo, lo que Freud indica como actitud creadora artística. El artista recupera con su obra la fantasía infantil del deseo plenamente satisfecho, lo que el adulto ya no experimentará nunca más y será la causa principal de su neurosis y asimismo, de su subjetividad. Jugar: tomar un objeto y someterlo a nuestra fantasía, despojándolo de su uso funcional y convenido. Liberarlo de esa servidumbre de uso y liberarnos con él.

Los italianos dicen suonare, que describe convenientemente lo que hace el intérprete musical: hacer sonar algo mudo y silente, volverlo sonoro. Nosotros parecemos ser los únicos que decimos tocar la música, sin duda que partiendo del hecho instrumental. En efecto, hay que tocar un instrumento para que suene. Se elogia a un pianista diciendo que tiene buen toque. Pero la extensión del vocablo hace que sólo en castellano la música se vuelve tangible, como un objeto físico, un cuerpo en primer lugar. Decimos más: que una música es tocante, que es conmovedora, que alguien se ha sentado al piano y ha hecho lo que otro le pide: “Tócame, por favor Tal o Cual pieza.” Tocar la música, ser tocado por ella, convertirla de corpus callado en cuerpo imaginario, vibrante, que pasa con el tiempo y vuelve con el tiempo al momento inextinguible de su aparición.

Blas Matamoro