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Sofia Gubaidulina, premio Fronteras del Conocimiento 2017 de la Fundación BBVA en la categoría de música contemporánea


La compositora Sofia Gubaidulina (1931, Chistopol, República Tartaristán) ha sido galardonada con el premio Fronteras del Conocimiento 2017 en la categoría de música contemporánea, que otorga la Fundación BBVA, por sus "extraordinarias cualidades musicales y humanas", tal y como ha anunciado el jurado. Para ellos, sus obras demuestran "el excepcional alcance y la calidad de una música que se construye sobre una diversidad de tradiciones de forma tan personal como innovadora, haciendo uso de una amplia gama de instrumentos, algunos extraídos de la música folclórica, así como de la improvisación". Asimismo, la compositora tártara también ha sido reconocida por la "cualidad espiritual" de su obra y la dimensión transformadora de su música, que le ha garantizado un amplio acceso a públicos que van más allá de los convencionales para la música contemporánea.

Tras estudiar piano en el conservatorio de Kazán, se trasladó a Moscú para estudiar composición con maestros como Nikolai Peiko —asistente de Shostakovich— y Vissarion Shebalin. En 1975 formó, junto a sus colegas Viktor Suslin y Vyacheslav Artyomov, el Ensemble Astreya, que se especializó en la exploración del folclore del Asia Central, algunos de cuyos instrumentos incorporó en sus composiciones. Gubaidulina asimiló con gran rapidez muchas de las tendencias y escuelas de la vanguardia europea, cristalizando en un estilo que conjuga con una rara perfección la tradición y la modernidad. Su reconocimiento internacional se produjo en la década de 1980, especialmente gracias al decidido apoyo de músicos como el violinista Gidon Kremer, dedicatario de su magnífico concierto para violín Offertorium (1980, revisado en 1986), la obra que proyectó el nombre de la autora más allá de las fronteras de la Unión Soviética y que empezó a cimentar su inmenso prestigio internacional. Offertorium está basado en el "tema real" de Federico el Grande de la Ofrenda Musical de Johann Sebastian Bach, el compositor que, según reconoce la propia Gubaidulina, ha ejercido la influencia más profunda y duradera sobre su propia obra.

La fuerte impronta espiritual y religiosa de la obra de Gubaidulina le acarreó más de un contratiempo con las autoridades soviéticas, hasta el punto de ser incluida en 1979 en una lista negra de compositores sospechosos para el régimen. No obstante tuvo también importantes valedores, como el gran Dmitri Shostakovich —quien la animó a "perseverar en su camino erróneo"— o ilustres colegas de su propia generación como Alfred Schnittke o Edison Denisov, además de instrumentistas como Yuri Bashmet, Mstislav Rostropovich, Vladimir Tonkha, Friedrich Lips o el propio Kremer. Gubaidulina permaneció en Rusia hasta 1992; desde entonces reside en un pueblo cerca de Hamburgo, en Alemania.

El catálogo de Sofia Gubaidulina abarca la práctica totalidad de los géneros musicales, con una notable excepción: la ópera. "En mi juventud compuse óperas", ha confesado la autora, "pero las retiré de mi catálogo; eran obras muy primerizas. Luego renuncié a este género, pues comprendí que en la ópera hay demasiados elementos materiales y exteriores, y a mí me interesa más lo interior". Sin embargo, la espiritualidad musical de la compositora tártara no se dejó tentar por la tendencia del "minimalismo sacro" que en las últimas décadas del pasado siglo pusieron en boga colegas de su misma generación, como el estonio Arvo Pärt.

Jamás renunció a incorporar elementos experimentales de las vanguardias europeas de los años sesenta y setenta del pasado siglo, manifestando una especial cercanía por la figura y por la música del italiano Luigi Nono, así como por la música de Anton Webern, otra de sus influencias confesadas. Su fascinación por la obra de maestros del Renacimiento como Lasso, Ockhegem o Palestrina acaban por conformar un estilo de una rara cualidad meditativa, de una enorme concentración, que exhibe una amplia paleta de colores y hace un uso muy particular del silencio. Para Gubaidulina, la música es en sí misma un fenómeno espiritual, un vehículo para alcanzar la unidad con la divinidad mediante un proceso artístico que desarrolla una serie de símbolos musicales para expresar sus ideas. Algunas de sus obras más importantes reflejan un interés por los antiguos principios de la proporción, como los números de Fibonacci y la Sección Áurea.

Considerada hoy en día como uno de los más grandes compositores en activo, Sofia Gubaidulina ha recibido una gran cantidad de premios internacionales. Asimismo, también recibe con asiduidad encargos de los más importantes solistas, conjuntos y orquestas del mundo, y sus obras han sido estrenadas por nombres de la talla de Simon Rattle, Anne Sophie Mutter, Gustavo Dudamel, Kent Nagano o el Kronos Quartet. Así, por ejemplo, el próximo 23 de febrero, la Orquesta Sinfónica de Boston, dirigida por Andris Nelsons, estrenará su última composición, un Triple concierto para violín, violonchelo, bayán y orquesta.

"La figura de Sofia Gubaidulina supone un extraordinario ejemplo de un compositor que ha buscado y alcanzado su propia voz sin renunciar a su conciencia personal, a pesar de circunstancias políticas extremadamente complicadas. Su logro es el de la perseverancia y el coraje. Y son esas cualidades de fortaleza individual e integridad artística las que se expresan a través de su música", ha asegurado el jurado de estos premios.