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Santiago se abre al lied


11-IX-2018.- Dábamos cuenta aquí, hace un año, de lo importante que era para Santiago de Compostela y aledaños la tradicional convocatoria liederística, en su edición número XIX, organizada por los Amigos de la Ópera de la ciudad con el apoyo del Ayuntamiento y de la Diputación. Una posibilidad de poder degustar, por voces de relieve, un género de tan relativo conocimiento popular y que encuentra, cuando los intérpretes están el secreto de la técnica y de la expresión idóneos, los caminos más directos hacia el lirismo más trascendido, el de esos pequeños y concisos dramas emanados de la inspiración de los más grandes poetas e ilustrados por la mano de los más dotados compositores.

Fue valiosa en general la prestación que en el pasado ciclo —denominado entonces Cantigas de Outono— realizaron el barítono Javier Povedano y en especial la soprano Anna Lucia Richter, el barítono Georg Nigl y la mezzo Graziela Valceva. En esta nueva oportunidad se abre la puerta a otros tres conciertos. El primero habrá tenido lugar, cuando este texto se publique, el 11 de este mes; el segundo se proyecta para el 20 y el tercero para el 25. Los organizadores han seleccionado a tres cantantes de probada valía y planteado programas de alto interés.

Abrirá el fuego la soprano de origen armenio afincada en España Hasmik Nahapetyian [en la foto], de timbre penetrante, de vibrato reconocible, que ha dado vida a la trémula protagonista del hermosísimo ciclo Amor y vida de mujer de Schumann en una arriesgada puesta en escena –bautizada como microópera- de Nicolás Augusto Guindo, responsable total de todos los elementos del espectáculo, que ha contado asimismo con la pianista María Teresa García Molero, la actriz María Cervantes y el actor y bailarín Juan Francisco Contreras. En estos lieder Schumann recrea el texto poético de Chamisso con sus menores matices en la trama musical más refinada. Hay total congruencia entre los poemas -con independencia de su intrínseca auténtica calidad - y la directa y sencilla expresión. Sencillez que no supone falta de riqueza o de elaboración y que permite una transparencia estructural, un despliegue melódico y un manejo de la armonía sensacionales.

La segunda sesión corre a cargo de la rotunda mezzosoprano holandesa Christianne Stotjin, alumna de Jard van Nees y Janet Baker y continuadora, lustros más tarde, de una antecesora extraordinaria como fuera Aafe Heynis. El timbre es menos oscuro, el tinte, pasajeramente nasal, gratamente perfumado, la extensión, importante, la vibración, a flor de labio, el agudo, bien impostado y el fraseo, emotivo y bien matizado. Atributos que pueden ser la base de un recital no poco trascendente cuando además el programa anunciado posee enormes atractivos. En él se integran cinco lieder de Brahms, entre ellos Auf dem Kirchhofe y Die Mainacht; seis de Chaikovski, con Sred’ shumnogo bala en primer lugar; cuatro del Wunderhorn de Mahler, culminados por Wer hat dies Leidlein erdacht, especialidad de la cantante, y cinco de Strauss, los conocidos y afirmativos Ständchen y Zueignung a la cabeza. El eficiente y sutil Maciej Pikulski, pianista muya apreciado en la plaza, será el fiel colaborador.

El miniciclo se cerrará con la intervención del barítono alemán Hanno Müller-Brachmann y del pianista Matthias Alteheld, que nos traen seis lieder de Weber, llenos de encanto y gracia melódica, una agradable novedad, y, palabras mayores, Schwanengesang, Canto del cisne, de Schubert, el último de los ciclos del compositor, sin la unidad poética de los otros dos, La bella molinera y Viaje de invierno, pero integrado por algunas de las más grandes canciones salidas de su inspiración. Por ejemplo, la terrorífica Der Döppelgänger. Hay que destacar, como lo hacía Alfred Einstein, el dialogante papel del piano. La ausencia de la amada no entraña una fijación trágica, el entorno no es hostil. Las canciones aparecen dominadas por el modo mayor y tocadas de un vigor y vibración realmente juveniles —curiosamente, en épocas difíciles en la vida del músico, amenazadas por la privación y la enfermedad—. Hay alternancia de expresiones y climas.

Una gran prueba para un barítonoen este caso Müller-Brachmann, especialista en estos menesteres, docente en Karlsruhe y aclamado en todas partes, pese a que su voz, bien timbrada, sonora, no posea una intrínseca belleza. Pero es artista emotivo, matiza, dice, modula y modela; emite, con toques pasajeramente engolados eso sí, con propiedad y buen apoyo. Una garantía en cualquier caso.

Arturo Reverter