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Rossen Milanov



Rossen Milanov

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) puso en febrero de 2012 su batuta titular para el próximo lustro en manos de Rossen Milanov, después de año y medio de deliberaciones. Una decisión cocinada a fuego lento, por recurrir al lenguaje culinario, tan familiar para un amante de los fogones como el director búlgaro, que se ha propuesto dotar a su agrupación sinfónica de un sabor personal que la haga destacar en el menú largo y estrecho del panorama musical español. Lo hará, porque es hombre de palabra. Tanto que, al tomar posesión, prometió hablar castellano al incorporarse a sus filas… y arrancó la temporada dirigiéndose a los medios en la lengua de Cervantes. Aunque para este largo interrogatorio prefirió recurrir al inglés, idioma en el que más se expresa desde que fijó su residencia en Estados Unidos, trabajando con las principales orquestas, de dos de las cuales es máximo responsable.

(...) La OSPA, aparte de su orquesta de Bulgaria, es la única europea que dirige frente a tantas norteamericanas como apuntaba. ¿Es distinto el sistema de trabajo a un lado y otro del Atlántico?

En lo que tiene que ver con los ensayos, sí. Probablemente en Europa se les dedique más tiempo. En cuanto a la relación con los músicos, no encuentro diferencias. Los músicos son siempre los mismos, vayas donde vayas. En Japón, Estados Unidos, Alemania o España, son un colectivo muy especial con el que no me resulta nada difícil encontrar una lengua para relacionarnos. Todos hablamos un idioma común, que es la música. La diferencia fundamental radica en comprender exactamente qué es lo que los músicos necesitan para sentirse satisfechos en la sociedad en que se mueven. Aunque me da la impresión de que en Europa no somos suficientemente activos en lo que respecta a la defensa de nuestro derecho a existir. Creo que deberíamos serlo mucho más. Ésta es tal vez la mayor diferencia que veo en relación con lo que ocurre en los Estados Unidos, donde cada cual intenta por su parte ser, digamos, un emprendedor, aunque este término resulte extraño aplicado en el mundo del arte. Cada cual tiene un producto e intenta ver quién se lo compra. No sólo eso: su meta es convencer en el terreno de la música clásica a las nuevas generaciones. Y eso funciona a favor de la captación de futuro público para los conciertos. En Europa nos regimos por viejos esquemas y nos falta suficiente poder de convicción. Eso es algo por lo que queremos luchar en Asturias desde los diferentes sectores de la Orquesta, fijándonos como objetivo la mayor parte posible de la Comunidad. Esto es muy importante para mí.

¿Tiene un esquema de trabajo standard con todas sus orquestas?

Definitivamente no. Cada una se mueve en un entorno totalmente singular. No creo que exista una sola receta que pudiera funcionar con todas. Pensando en mi trabajo, me doy cuenta que cosas que hago con mi orquesta de Bulgaria funcionarían sólo allí, del mismo modo que las que aplico en las estadounidenses sirven únicamente para cada una de ellas. Eso es lo que pretendo en Asturias. En este punto, a partir de plantearnos cuál es aquí nuestro papel, surge la pregunta del millón: ¿Qué queremos hacer?

Ha aparecido la palabra receta, primer indicio de su amor por la cocina…

Claro que sí, y también hablaría en esos términos para dar respuesta a la pregunta anterior: mirar con qué ingredientes contamos y, a partir de ahí, decidir qué plato podemos preparar. Aquí tenemos marisco, por ejemplo, también productos ecológicos, y leche… Y te preguntas, siempre hablando en metáfora, ¿qué podemos cocinar con todo esto? Es preciso aplicar un buen método organizativo, observar los distintos componentes de trabajo, desde los músicos o la audiencia hasta tu propio comportamiento. Hablar con la gente por la calle y preguntarle qué es lo que más le interesa de lo que yo puedo hacer. Podrías sorprenderte con las respuestas. Estoy convencido de que en Asturias el elemento clave es el contacto con las personas de toda la Comunidad. Te identificarías con la mayor parte de ellas. No es un secreto que la edad de una gran parte de los abonados con los que cuenta la OSPA —más de un 60 por ciento— está por encima de los 65 años. En Oviedo sólo tenemos 12 con menos de 26… y en Gijón, ninguno. Es por ahí por donde asoma el desafío de atraer público de treinta o cuarenta. ¿Cómo convencerles para que vengan? ¿Qué tipo de experiencia querrían vivir con nosotros? ¿Qué podríamos hacer para complacerles y que se vayan con una grata impresión? Eso es lo que quiero intentar hacer ahora, diseñando programas que ofrezcan diferentes experiencias desde la orquesta. Sensaciones que nunca hayan experimentado en la música clásica. Que se sientan libres: sin dejarse intimidar por desconocer lo que se les ofrece, ni por el código en su indumentaria ni por la forma en que han de comportarse. Que no piensen que la música es un arte frío e impenetrable. Que pueden abordarla por distintas puertas de acceso —la lateral, la delantera, incluso a través del hall principal o el garaje—, sin encontrar bloqueada ninguna. Me gustaría hacerles disfrutar la experiencia. Como a alguien a quien quieres servir un gran banquete a base de manjares que nunca ha probado y le sobrepasas con algunos platos que le pueden resultar pesados. No estaría mal que, al probar uno de ellos, se sorprenda porque el sabor le parece delicioso. Eso quiero hacer: conciertos en los que el oyente reciba desde el escenario, de modo informal, pautas que le ayuden a digerir, y a encontrarle el punto placentero a lo que le sirves. Suministrarles un mapa que les oriente en la audición de la pieza. Si es preciso, se hace alguna pausa, para después volver y escuchar la obra completa que ahora comprenderán. Vivir una experiencia completamente distinta a lo que conocían. Podría funcionar con ese público en la franja de edad de los 30 o los 40, que necesita que le expliquen los porqués que puedan resultarles útiles. (...)

Juan Antonio Llorente
(Extracto de la entrevista publicada en el número 283 de Scherzo, Marzo de 2013)

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