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Polifonía del Egidius Kwartet en el Teatro de La Abadía




PorSantiago Martín... - Publicado el 19 Febrero 2013

Polifonía del Egidius Kwartet en el Teatro de La Abadía

El XXIII Festival de Arte Sacro se extiende por la Comunidad de Madrid durante casi dos meses, hasta el 24 de marzo. Podría decirse que todo merece la pena si no sonara como un brindis al sol. Pero hay cosas que no debería uno perderse de ese Festival. Por ejemplo, nadie debería haberse perdido la actuación del Cuarteto Egidius en el Teatro de la Abadía (el del entrañable José Luis Gómez, ese lujo nuestro), el 7 de febrero pasado, con polifonía neerlandesa del siglo XVI alrededor de la figura del rey Felipe II. Es apasionante esa historia, y por eso es siempre oportuno ilustrarlo con los paisajes de la época: el paisaje iconográfico, el paisaje de la controversia religiosa, el paisaje de la poesía sacra y la predramática (todavía no tenemos el gran teatro del siglo que vendrá). Mas también el paisaje de los sonidos, la música como casa en que habitar y palacio que no necesita tapices para caldear sus muros.

Hay que advertir una curiosidad (bastante trágica, esa es la verdad) en la Historia de España y de Europa de los siglos XVI y XVII. Una corte de flamencos, sobre todo del sur, se adueña de la corte española en virtud del derecho de herencia del joven Carlos. Se quedan con todo, no dejan nada. Y, además, desvían a Castilla de sus auténticos objetivos e intereses y la engolfan en las guerras y conflictos políticos centroeuropeos que interesan a los Habsburgo. Los Habsburgo, qué desgracia para España. Y aun así la rebelión no los expulsa. Ahí tenemos a Garcilaso de la Vega sirviendo al rey y después Emperador frente a sus paisanos y hermanos de patria que se alzan, Comuneros, contra la corte intrusa.

Pues bien, andando el tiempo, el hijo de Carlos, el siniestro Felipe II, verá cómo en el norte de Flandes se levantan en armas porque no pueden soportar la tiranía… de los españoles. No es ironía. Es que los mejores castigos son los que se producen dos veces, una de ellas contra el monstruo, la obra cuando tú ya eres monstruo (muy nietzscheano ¿verdad?). Ellos se libran, y nos dejan aquí esa familia de prognáticos justo para que podamos encarar el Siglo de la guerra de los Treinta Años, que destrozó Alemania y que a España le duró más de cuarenta: El Borbón Luis XIV le daba el golpe de gracia a una potencia en la que iba a reinar algo después su nieto, el Duque de Anjou (se vería con los años que éste, por su parte, era un paranoico): ay, si lo hubiera sabido.

Hay que agradecer que llegue música polifónica de aquellas tierras a las nuestras, que tanto se beneficiaron de la influencia musical de Flandes, y también de su influencia pictórica. Es un consuelo saber que no sólo nos trajeron esa lamentable familia, sino también las obras de Josquin, Gombert, Orlando di Lasso, Rogier y otros, que sirvieron de influencia en la polifonía española del Renacimiento y el Manierismo (si es que, en música, se puede hablar de Manierismo, como lo hizo Arnold Hauser para las artes plásticas, y si es que fueron manieristas músicos como  Palestrina, Victoria, Monteverdi, Gabrieli o Gesualdo).


Foto: Andrés de Gabriel

Cuatro voces masculinas holandesas, aunque una de ellas de Tolosa, forman el Egidius Kwartet: Peter de Groot, falsetista contralto; Jon Etxabe-Arzuaga, tenor; Lieven Termont, barítono; Donald Bentvelsen, bajo. El Egidius Kwartet se funda 1995, y en el origen está el coro de Ton Koopman, clavecinista holandés, organista y director de coros y de conjuntos, uno de los nombres de aquella época dorada de intérpretes holandeses del Barroco que trabajaron a menudo con Harnoncourt (los tres Kuijken, Frans Brüggen, Gustav Leohnhardt, Bob van Asperen y bastantes más). De su Coro Barroco de Ámsterdam salen estas cuatro voces especializadas en música vocal del Renacimiento de los Países Bajos (y, al parecer, también de música contemporánea). Su director es el altista Peter de Groot, de amplia trayectoria. El Egidius Kwartet es un cuarteto holandés errante que no para de girar, y que tiene en su haber unos quince discos compactos de polifonía.

El concierto duró poco más de una hora, si descontamos una pequeña pausa. Fue un regalo en cuatro partes cuyo título general fue Den Coninck van Hispaengiën (Philippus Secundos Rex Hispanieae). Así, pues, era uno de esos conciertos alrededor de una figura, que empezaron a estar de moda cuando salieron elepés como Música para Robin Hood, Música para el Rey Venceslao y su paje, etc., y que ahora Jordi Savall lleva al virtuosismo y a la mayor exigencia con cualquiera de sus proyectos (Don Quijote, los Borgia, Colón). La secuencia del Cuarteto Egidius comenzaba con Gombert, Josquin y otros (para el padre, Carlos, el emperador), seguía con un “viaje de Felipe por los Países Bajos en 1549” (Souliart y otros), se adentraba en el terreno de las “novias de Felipe” (músicas de Escobar, Tallis, Orlando di Lasso, etc.) y concluía con “Felipe, piadoso y melancólico, en El Escorial” (Misa de Rogier, Chanson spirituelle de Manchicourt). Las cuatro voces dieron un recital ejemplar, con una sonoridad, afinación y empaste que formaban una obra de arte de la continuidad del canto. Una hermosa propina: Mille Regretz, de Josquin. La magia del lugar era propicia a la magia de las voces saltarinas en las tramas polifónicas y fundidas en los acordes perfectos.

No se conformaban con cantar. Explicaban. Etxabe, lógicamente, en perfecto castellano. Ahora bien, también lo hacía Bentvelsen. El Egidius no perdía de vista en ningún momento la dimensión histórica y pedagógica. El concierto fue un placer artístico para el público, de esos que te producen la inquietud del arte y el deseo de aprender más, algo más, mucho más.

Tal vez las autoridades a quienes corresponda deberían revisar la política de precios para un espectáculo como éste, que en buena medida está subvencionado en origen y no produce grandes gastos. Podría haberse registrado un lleno: lo merecía el grupo y acaso lo hubiera agradecido una mayor cantidad de público.

Conseguí hablar un rato, después del concierto, con los cuatro solistas, pero sobre todo con Peter de Groot. Y se me quedó especialmente en la memoria un proyecto que llevan haciendo realidad desde hace años: cantar toda la música de los libros de música coral de la Iglesia de San Pedro de Leyden. Va a ser una hazaña a lo largo de varios años. Pero la hazaña ha empezado ya.

Página ofifical del Cuarteto Egidius: www.egidiuskwartet.nl