Ud. está aquíInicio / Julio 2016 / Entrevista / Paul Lewis

Paul Lewis



Paul Lewis

Con la misma jovialidad con que un día antes comparecía en la escena del Auditorio Nacional de Madrid dentro del Ciclo de Grandes Intérpretes, Paul Lewis (Liverpool, 1972) llega a la cita en el hotel madrileño donde ha pasado la noche. Dispuesto a responder con el aplomo y la seguridad con que siempre se le ve ante el teclado entre nosotros. Y es que España es un país donde se encuentra cómodo este músico británico, correspondido por un público que define como “fantástico”. Por su pelo rizado, la cabeza de Lewis recuerda a la de su paisano Simon Rattle. “Somos de la misma ciudad, y allí todos nos peinamos así”. Dice antes de lanzar la primera carcajada de la mañana. 

Estudiar con Alfred Brendel, ¿le dio una pátina especial? 
En alguna medida, lo que hizo fue abrirme una puerta hacia una dirección distinta a la que llevaba. Me llevó a darme cuenta de cosas en las que no había reparado antes. Es difícil describir qué hizo o dijo exactamente. Pero, en general, es importante observar el ejemplo de alguien que, como él, es un gran pianista y una enorme autoridad en la música. Con ideas tan claras y fuertes para que el hecho de tocar el piano sea casi irrelevante. Para él solo era el vehículo para crear una infinidad de sonidos distintos hasta darse cuenta de lo que la música significa realmente. Lo que es y lo que puede llegar a ser. Para él no existía una música de piano como tal. Y esa fue para mi una lección muy importante. Realmente no te apoyas en el piano, sino que lo usas para que se convierta en muchas otras cosas. Por supuesto que es imposible copiar a alguien como Brendel, que tiene su propio lenguaje y su carácter particular como músico. Pero sí puedes sentirte inspirado por él, cuestionándote hasta encontrar tu estilo personal, y preguntarte: “¿cómo puedo aplicar esto a mi propio lenguaje musical, a mi manera de ser en la música?”. Ésa era la lección más importante, que me llevó mucho tiempo aprender tocando para él. Recuerdo, con veinte años, tocar la Sonata Dante de Liszt una y otra vez, cinco horas seguidas y, después de la lección, al día siguiente, casi no recordar ni dónde estaban las notas. Era tan poderoso que a menudo tenía que dar un paso atrás después de tocar algo para él. Esa práctica se convirtió en un patrón de estudio: interpretar alguna pieza, dar marcha atrás y olvidarla uno o dos meses. No pensar en ella durante ese tiempo para entonces volver. De esa manera aprendí a encontrar mi propio camino en todo lo que él sugería, pero sin hacer las cosas a su manera.
¿Está en contacto con él para pedirle soluciones?
Hablamos a veces por teléfono, pero hace mucho tiempo que no toco nada para él. Le llamo cuando tengo alguna duda y nunca para solucionar cuestiones técnicas, en las que él nunca ha estado interesado. No recuerdo haberle oído hablar de técnica jamás.
¿La técnica está lejos del virtuosismo? 
El virtuosismo es algo completamente aparte. No tiene nada que ver. La técnica es un tema mucho más complejo. A veces puedes creer que tienes un problema técnico y lo que tienes es un problema musical, por lo que la solución está en cómo quieres expresar algo. Como algo que encaja dentro del cuadro más grande. De hecho es cuando encuentras la respuesta de esta manera cuando das con la solución técnica a los problemas. En realidad la técnica reside en la mente, no se trata de algo físico.
¿Le gustaría ser maestro de nuevas generaciones? ¿Qué transmite a los alumnos en sus clases? 
No cuento con lo que se puedan llamar estudiantes como tales. Digamos que doy clases magistrales aquí y allá en mis viajes, y me gusta mucho. Disfruto intentando ver cómo se mueven los jóvenes en la música, cómo abordan los temas hoy en día. Pero no soy el tipo de maestro que quiera imponer nada, no quiero cargar sobre los demás con mi propia visión de las obras. Prefiero hacer que se pregunten a sí mismos: que se cuestionen más las cosas. Así todo sale de ellos en una representación sincera de cómo ven algo. Eso es lo que disfruto haciendo en cuanto a la enseñanza. Sin ser nunca quien diga “¡toca eso de esta manera!”. 
¿Qué consejos les da a partir de su experiencia? 
No creo estar seguro realmente hoy por hoy de dar consejos sobre la profesión. No sabría hacerlo. A lo máximo que me atrevería, porque es lo único que podría decirles y de lo que ya hemos hablado, es que sean honrados y sinceros: que se muestren auténticos y fieles a sí mismos, sean el tipo de músico que sean. No se puede transitar por la vida viviendo una mentira solo porque creas que puedes montar algo grande. Es imposible, te convierte en un infeliz y no es correcto. Tienes que ser honrado con tus creencias como músico y seguir ese sendero para que la honradez trascienda.

(...) Estudiar con Alfred Brendel, ¿le dio una pátina especial? 

En alguna medida, lo que hizo fue abrirme una puerta hacia una dirección distinta a la que llevaba. Me llevó a darme cuenta de cosas en las que no había reparado antes. Es difícil describir qué hizo o dijo exactamente. Pero, en general, es importante observar el ejemplo de alguien que, como él, es un gran pianista y una enorme autoridad en la música. Con ideas tan claras y fuertes para que el hecho de tocar el piano sea casi irrelevante. Para él solo era el vehículo para crear una infinidad de sonidos distintos hasta darse cuenta de lo que la música significa realmente. Lo que es y lo que puede llegar a ser. Para él no existía una música de piano como tal. Y esa fue para mi una lección muy importante. Realmente no te apoyas en el piano, sino que lo usas para que se convierta en muchas otras cosas. Por supuesto que es imposible copiar a alguien como Brendel, que tiene su propio lenguaje y su carácter particular como músico. Pero sí puedes sentirte inspirado por él, cuestionándote hasta encontrar tu estilo personal, y preguntarte: “¿cómo puedo aplicar esto a mi propio lenguaje musical, a mi manera de ser en la música?”. Ésa era la lección más importante, que me llevó mucho tiempo aprender tocando para él. Recuerdo, con veinte años, tocar la Sonata Dante de Liszt una y otra vez, cinco horas seguidas y, después de la lección, al día siguiente, casi no recordar ni dónde estaban las notas. Era tan poderoso que a menudo tenía que dar un paso atrás después de tocar algo para él. Esa práctica se convirtió en un patrón de estudio: interpretar alguna pieza, dar marcha atrás y olvidarla uno o dos meses. No pensar en ella durante ese tiempo para entonces volver. De esa manera aprendí a encontrar mi propio camino en todo lo que él sugería, pero sin hacer las cosas a su manera.

¿Está en contacto con él para pedirle soluciones?

Hablamos a veces por teléfono, pero hace mucho tiempo que no toco nada para él. Le llamo cuando tengo alguna duda y nunca para solucionar cuestiones técnicas, en las que él nunca ha estado interesado. No recuerdo haberle oído hablar de técnica jamás.

¿La técnica está lejos del virtuosismo? 

El virtuosismo es algo completamente aparte. No tiene nada que ver. La técnica es un tema mucho más complejo. A veces puedes creer que tienes un problema técnico y lo que tienes es un problema musical, por lo que la solución está en cómo quieres expresar algo. Como algo que encaja dentro del cuadro más grande. De hecho es cuando encuentras la respuesta de esta manera cuando das con la solución técnica a los problemas. En realidad la técnica reside en la mente, no se trata de algo físico.

¿Le gustaría ser maestro de nuevas generaciones? ¿Qué transmite a los alumnos en sus clases? 

No cuento con lo que se puedan llamar estudiantes como tales. Digamos que doy clases magistrales aquí y allá en mis viajes, y me gusta mucho. Disfruto intentando ver cómo se mueven los jóvenes en la música, cómo abordan los temas hoy en día. Pero no soy el tipo de maestro que quiera imponer nada, no quiero cargar sobre los demás con mi propia visión de las obras. Prefiero hacer que se pregunten a sí mismos: que se cuestionen más las cosas. Así todo sale de ellos en una representación sincera de cómo ven algo. Eso es lo que disfruto haciendo en cuanto a la enseñanza. Sin ser nunca quien diga “¡toca eso de esta manera!”. 

¿Qué consejos les da a partir de su experiencia? 

No creo estar seguro realmente hoy por hoy de dar consejos sobre la profesión. No sabría hacerlo. A lo máximo que me atrevería, porque es lo único que podría decirles y de lo que ya hemos hablado, es que sean honrados y sinceros: que se muestren auténticos y fieles a sí mismos, sean el tipo de músico que sean. No se puede transitar por la vida viviendo una mentira solo porque creas que puedes montar algo grande. Es imposible, te convierte en un infeliz y no es correcto. Tienes que ser honrado con tus creencias como músico y seguir ese sendero para que la honradez trascienda. (...)

Juan Antonio Llorente

(Extracto de la entrevista publicada en el nº 320 de Scherzo, julio/agosto de 2016)

 

En la Tienda de Scherzo puede adquirir la revista completa del mes en formato PDF (precio: 4 Euros) o en papel (precio: 7,50 Euros) así como cualquiera de las secciones en la que la hemos dividido: Dosier o Discos (precio de cada sección: 2 Euros).

También está disponible la suscripción online (precio: 40 € / 11 números)

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter