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Otra vez en la encrucijada



Otra vez en la encrucijada

El traslado, por obras en su sede del Teatro Monumental de Madrid, de la Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española al Auditorio de San Lorenzo de El Escorial es un episodio decepcionante en su desarrollo, puesto en práctica en el último momento antes del comienzo del curso con los problemas que conlleva para abonados y músicos. Que las obras del Monumental eran una necesidad acuciante se sabía hace mucho, muchísimo tiempo. Temporada tras temporada hemos dicho desde aquí que la OSRTVE no se merecía semejante sede, vetusta, mal acondicionada, con unos camerinos impresentables, mala climatización, goteras y unos servicios al espectador dignos de un cine de aquellos de sesión continua que hoy son pasto del recuerdo. Sólo su buena acústica, legendaria y todavía comprobable desde las primeras filas de anfiteatro, y que aún fue mejor antes de la renovación de suelos y butacas, jugaba a favor de un local al que no apetecía ir. 

Imaginen a un público que quiere ser fiel a su orquesta pero al que esta le obliga a acudir a un lugar cuyo emplazamiento no es precisamente grato —contando con la ventaja de tener el metro a la mismísima puerta—, en el que no le queda más remedio que oír música. No se asusten nuestros lectores: eso es lo esencial, naturalmente. Pero cualquier orquesta que se precie sabe que una sede propia, en la que sus abonados puedan tomarse con placer una copa antes del concierto o en el intermedio, tener una tienda en la que puedan adquirir discos, libros o camisetas con el logo de la orquesta, en la que sentirse cómodos todos y, sobre todo, con ganas de volver, es una idea a la que no es ningún pecado aspirar y que constituye lo normal en muchas ciudades del mundo. 

En el caso de la OSRTVE, el Monumental ha sido, sin embargo, una especie de virgencita que me quede como estoy, no vaya a ser que nos lo quiten y, entonces, ¿a dónde vamos? Pues a San Lorenzo de El Escorial casi con nocturnidad y alevosía, es decir, a un auditorio moderno y limpio pero que no queda cerca de Madrid y menos para el muy veterano abono de la orquesta al que, eso sí, se le anuncia, y ojala así sea, que tras la reforma, cuya culminación no tiene fecha, la orquesta y el coro dispondrán del auditorio “que siempre quisieron tener”. Y siempre es siempre, pues ni los más viejos del lugar recuerdan de cuándo data semejante aspiración lógica en una orquesta que vivió también la malhadada acústica del Palacio de Congresos y Exposiciones de la Castellana y que sólo fue feliz en tal aspecto en su época en el Teatro Real, compartiendo escenario con la OCNE.

Mientras, Madrid se permite tener sin terminar el nuevo Palacio de la Música, en la Gran Vía, que cayó con la crisis de Caja Madrid y que es propiedad de la Fundación Montemadrid, una institución que debe andarse con pies de plomo a la hora de mover un dedo, dado de dónde viene. El Auditorio Nacional, sede de la OCNE, escenario de los conciertos de abono de la ORCAM y de innumerables ciclos públicos y privados no puede, con su abarrotada agenda, acoger a la OSRTVE. El auditorio de los Teatros del Canal es pequeño para un formación sinfónica y construir uno nuevo en la capital es hoy una quimera. No lo era en los fastos de la capitalidad cultural europea en 1992 pero al principal valedor de la idea, Pablo López de Osaba, no se le hizo ni caso. Hoy, dos auditorios estarían en la capital funcionando a pleno rendimiento, como lo demuestran en otro orden de cosas los citados Teatros del Canal, ejemplo de programación variada y atractiva que ha sabido calar sin problemas en el público madrileño.

En resumen, que a esa estupenda orquesta que es la de RTVE le queda todavía un buen quinario que pasar hasta que encuentre su casa en condiciones. Mientras, quizá sería bueno ir preparando el regreso con la idea de comienzo de una nueva etapa, de atraer nuevos públicos que rejuvenezcan el fidelísimo de hoy, de tener una presencia mayor en la pantalla y en las ondas, de hacer de cada concierto en el centro de Madrid un acontecimiento. Y todo ello mientras sigue luchando porque la institución de la que depende no la deje caer con tanto bamboleo. Sería un delito de lesa cultura.

(Editorial publicado en el número 334 de SCHERZO, de noviembre de 2017)

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