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Mozart en el diván de Freud




PorBlas Matamoro - Publicado el 15 October 2015

Mozart en el diván de Freud

¿Ha sido la música un obstáculo para el psicoanálisis? Algunos ensayistas en la materia —estoy pensando en Georg Groddeck— dicen que no y han dejado textos pertinentes. También se han efectuado lecturas psicoanalíticas sobre la relación entre aspectos biográficos y creativos de ciertos músicos. Pero en lo estrictamente tal, es decir en cuanto a la música como discurso, la cosa es resbaladiza y penumbrosa.

Freud, no obstante haber vivido en esa Viena que fue el Vaticano de la música, no parece especialmente melómano, ni siquiera melófilo. No obstante, hubo de asistir a la ópera cuando se cantaba a Mozart, según veremos. ¿Algo más? Creo que no. En cuanto a sus contactos clínicos con músicos —el compositor Mahler, el director de orquesta Bruno Walter, el tenor Richard Tauber— resultaron respectivos fiascos.

Don Sigmund sabía de memoria algún momento del Fígaro mozartiano, pues lo silbó cierta vez burlonamente. En lo demás, fue rasante. Así le escribe a Romain Rolland el 20 de julio de 1929: “¡Cuán remotos son para mí los mundos en que desarrolla usted su existencia! El misticismo constituye en mi caso un libro tan cerrado como la música.” En efecto, Rolland, según sabemos, era crítico musical e historiador de la música, a la vez que novelista, dramaturgo y admirador de ciertas filosofías hinduístas. Freud, a su vez, según también sabemos, se interesó siempre por los fenómenos religiosos, los mitos y las tradiciones correspondientes, pero nada por el pensamiento místico.

¿Qué tienen en común la música y los misticismos que no se recuestan en el diván del psicoanalista? Respondo: todos ellos prescinde de la palabra, que todo lo significa sin acabar de significar, dando lugar a la cadena significante y el tratamiento interminable de los psicoanalistas. Estrictamente, la música, plena de sentido pero carente de todo significado, es impenetrable a la interpretación psicoanalítica, que sólo actúa con las palabras. Por eso Freud canturreaba a Fígaro pero no logró que Mozart acudiera a su consulta.