Ud. está aquíInicio /  Febrero 2013 / Opinión / Música en tiempo de crisis

Música en tiempo de crisis



Música en tiempo de crisis

La crisis. Parece que no hubiera otra cosa de qué hablar y, lo que es peor, cada vez da más la sensación de que, en efecto, no hay otra cosa. Todo se lo come esta crisis con una voracidad inusitada, incluida la esperanza más razonable en un futuro que siempre debiera ser mejor a partir de la idea de que la política está para eso. Entre esos derechos está la cultura y esta vive la crisis con la dureza propia del caso en un contexto, además, en el que su papel se pone en cuestión al compararlo con el modo en que esa misma crisis golpea a la educación, la sanidad o las prestaciones sociales. Tampoco el debate sobre la pertinencia del apoyo de las administraciones públicas a la cultura es demasiado rico y en general se apoya en los extremos, como hemos tenido ocasión de advertir con ocasión de la concesión de las subvenciones a las revistas culturales que sustituyen a la antigua —y mal articulada legalmente— compra de ejemplares para bibliotecas. Por cierto, las subvenciones, como es público aunque parezca poco notorio, fueron concedidas por una comisión creada al efecto, previa petición argumentada —también por el cumplimiento de todas las condiciones legales al efecto— y con arreglo a un baremo calificador que dotaba de objetividad suficiente al procedimiento. Hay quien considera que todo apoyo público es poco y da la imagen de un sector vago y quejoso. Hay también quien lo rebate desde la idea de que ninguna clase de ayuda debe acudir en apoyo de la cultura, ni ahora —cuando tantas necesidades afloran— ni nunca —cuando el que la quiera se la puede pagar. El caso es que poner la cultura a su precio real significaría reducir su oferta en nuestro país a bien poca cosa y su disfrute a la mera elegancia social. En el término medio está también aquí la virtud y ambos modelos muestran sus limitaciones. Y si se habla de esas servidumbres a las que puede conducir la subvención, no está de más recordar que esta revista, por ser independiente, sufrió en su día el castigo en forma de recorte.

En nuestro dosier de este mes tratamos de aportar puntos de vista que nos ayuden a clarificar la situación de la música en estos días de crisis profunda económica y social, a conocer su realidad para tratar de superarla con las herramientas de que disponemos y con aquellas que la imaginación provea. Las recientes reuniones de AEOS y Opera XXI fueron también la constatación de que no basta con lamentarse por la leche derramada ni con ir de víctimas mientras todo a nuestro alrededor amenaza ruina. Más bien se trata de pensar nuevas salidas, de colaborar estrechamente en lugar de insistir en una competencia malentendida que cree que cuando le va mal al vecino pintan oros para nuestro negocio. Y hay que mantener una autoestima que, como la del propio país, tiene razones para enfrentarse al desánimo y a la realidad, igualmente palpable, de una gestión poco previsora. Pero también este mismo país posee unas cuantas ventajas, y no la menor la de estar dotado de una estructura teatral y de orquestas excelente en términos generales en cantidad y calidad. Alguna crítica al amparo de la demagogia barata que la situación propicia ha habido acerca de si hay demasiadas orquestas en España. Lo que hay son demasiados equipos de fútbol que no cumplen con sus obligaciones legales y que, de ser empresas como cualquier otra, hubieran echado el cierre y aumentado el número de aspirantes a otras posibilidades de esparcimiento. En la caza de todo lo que se mueve —hasta el espejo en el que se mira el cazador— se corre el riesgo de disparar, para exhibir como trofeo luego, a quien no es pieza ni mayor ni menor pero cuya desaparición perturbaría el equilibrio ecológico. Por otra parte, eran de esperar esas noticias de quienes fuera de estos momentos jamás han hecho nada especial por la cultura.

Se trata, pues, de reactivar la situación, de pensar de nuevo muchas cosas para que la cultura no muera ni se convierta en un lujo ajeno a la sociedad que la crea y a la que define. De hablar, sin miedo, de mercado y de producto, de oferta y demanda, de costes y beneficios, de patrocinio y de apoyo, de subvenciones y de ahorros. Con la sana intención de sobrevivir en un medio al que adaptarse sin perder de vista lo que somos.

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter