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Los tiempos están cambiando



Los tiempos están cambiando

La Orquesta del Titanic no sobrevivió al naufragio porque ninguno de sus músicos dejó de tocar mientras el trasatlántico se hundía. La hazaña, de la que se acaban de cumplir cien años, sirve hoy para ilustrar la delicada situación de artistas, compositores, intérpretes y gestores musicales de España. El último Anuario de la SGAE de las Artes Escénicas, Musicales y Audiovisuales confirma que, desde 2008, la música clásica ha sufrido descensos en todos sus indicadores: en el número de representaciones (14,1%), en el de espectadores (12,18%) y también en la recaudación de la taquilla (hasta un 12,3%). Y, según el último Observatorio cultural de La Fundación Contemporánea, las instituciones y empresas culturales de nuestro país han sufrido una reducción presupuestaria acumulada de casi un 50% desde 2009. Sin embargo, en plena guerra de cifras y letras, hay motivos también para el optimismo. En las últimas tres décadas España ha conocido el mayor crecimiento musical de toda Europa, dotándose de auditorios, orquestas, teatros de ópera, conservatorios y escuelas. De ellos depende ahora el futuro de la música. “A pesar de las dificultades —pronostica el director Valeri Gergiev— las salas de concierto seguirán estando llenas porque la música es el oxígeno de la sociedad”.

Según Ana Mateo, presidenta en funciones de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS), las 28 formaciones profesionales sostenidas con dinero público “están expuestas al riesgo de desaparecer por problemas económicos”. Se han producido varios ERE temporales y en algunas autonomías las orquestas han pasado a depender de otras estructuras, lo que abre un periodo de incertidumbre sobre su futuro. En el último momento, se salvaron de la quema la Orquesta de la Región de Murcia, que ha reducido a la mitad su presupuesto; la de Extremadura, que aprobó in extremis la presente temporada, y la Sinfónica de Baleares, que ha logrado sobreponerse al tijeretazo no sin antes sacar la música a la calle como medida de protesta. Desde la Fundación Albéniz, Paloma O’Shea defiende que “la supervivencia de las orquestas es muy importante para España, que ya tiene depositada en el progreso de su vida musical buena parte de su ilusión como país e incluso de su dignidad como nación moderna”.

El 2013 será un año decisivo para el futuro de las formaciones españolas. Aun a riesgo de ahuyentar a los grandes directores y solistas internacionales, habrán de poner en marcha modeles de gestión que permitan el equilibro de las aportaciones públicas y privadas en porcentajes que bien podrían estar en un 60%-40%. En Estados Unidos (donde varias orquestas, como la de Filadelfia, se han declarado en bancarrota como subterfugio legal) y en Europa (que ha presenciado impávida el desmantelamiento de instituciones culturales en Holanda y otros países) la situación no es más halagüeña, aunque los incentivos al mecenazgo y un mayor culto a la música clásica atenúan el efecto de lo que Simon Rattle no ha dudado en calificar de “genocidio musical”. Para Robert Flanagan, catedrático de Economía de la Universidad de Stanford e invitado por la Fundación BBVA y la AEOS a las últimas jornadas en torno a Los triunfos y los retos de las orquestas sinfónicas, el éxito pasa por una combinación de tres estrategias. “Aumentar la facturación por conciertos, reducir los gastos de funcionamiento y obtener más ingresos por otras vías”. Y sentencia: “Sólo sobrevivirán los conjuntos que se encuentran en ciudades grandes debido al sistema de apoyo privado, esto es, al mecenazgo”. Por eso, Ana Mateo insiste en que “urge una Ley de Mecenazgo que haga las donaciones atractivas para la iniciativa privada”.
Actualmente, las orquestas españolas se sufragan en un 80% con financiación pública y sólo en un 2% con aportaciones privadas, según datos de la propia AEOS. De media, una plantilla de ochenta músicos genera unos costes de en torno a los cinco millones de euros por año, sin contar con las giras ni las grabaciones. Frente a los 2.000 euros mensuales de media que se puede ganar en una orquesta puntera en España, en el resto de países europeos el salario oscila entre los 2.500 y los 5.000. Aun así, en la Orquesta de Extremadura que dirige Álvaro Albiach se han propuesto “batir todos los récords de austeridad”, según Raúl Cambero, miembro del comité de empresa del conjunto, que recibió más de 10.000 firmas de apoyo. Se marchaba hace unos meses Josep Pons de Madrid con la cabeza alta y orgulloso del trabajo realizado con los músicos de la Orquesta y Coro Nacionales de España a lo largo de nueve temporadas. “Me duele especialmente no haber podido poner en funcionamiento una gran serie de música de cámara, tan necesaria para cualquier orquesta, y no haber podido realizar el plan de giras que teníamos previsto y que la crisis se ha llevado por delante”. (...)

En el Teatro Real, el Liceo y el Palau de les Arts manejan otras cifras, aunque lo cierto es que cada vez derrochan menos. Hay razones para pensar que la ópera no es tan deficitaria como se piensa. Según datos facilitados por la Asociación Ópera XXI que preside Remedios Navarro, los 94,5 millones de euros que recibieron de subvención 18 teatros de ópera en España generaron 363,3 millones. “Por cada euro que entra en un teatro, salen 3,8”, explica la también gerente del Teatro de la Maestranza de Sevilla. “Cada empleo en un teatro lírico induce otros siete puestos laborales”. En Valencia, Helga Schmidt ha perdido el 50% de los fondos del Palau de les Arts, aunque el montaje de su última Bohème, a cargo de Davide Livermore, ha costado 60.000 dólares (unos 45.000 euros) y seguirá en la misma línea de recortes mientras sus trabajadores se reúnen antes de cada representación a la puerta del templo de Calatrava para protestar contra el ERE que afectará a la plantilla en el marco de la reestructuración que dará lugar al holding CulturArts. “Más allá del dinero que el Gobierno central aporta a nuestro teatro, que es irrisorio, me gustaría que en algún momento los ministros se dejaran caer por aquí y conocieran de primera mano lo que cuesta levantar una ópera”, asevera la intendente. “La crisis no sólo afecta a los números”, concede Joan Matabosch, director artístico del Liceo. “Nos encontramos a las puertas de un cambio de paradigma. España tiene un reto muy importante que afrontar. Antes de que sea demasiado tarde, tendrá que optar por un modelo de gestión y dotarlo de los recursos necesarios. Está todo inventado. Ahora sólo hay que decidirse por una solución”. Por su parte, en director artístico del Teatro Real, Gerard Mortier, amenaza con renunciar a su cargo en Madrid, como ya hizo en Nueva York, si se reducen más las aportaciones públicas. “Tenemos menos presupuesto que la pequeña Ópera de Gelsenkirchen”. Y arremete: “El nuevo IVA le va a costar al Real dos millones de euros, el equivalente a cuatro producciones”. (...)

Benjamín G. Rosado
(Extracto del artículo titulado Los tiempos están cambiando, publicado en el nº 282 de Scherzo, febrero de 2013, dentro del dosier Música y crisis)

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