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Los ingleses y la música




PorBlas Matamoro - Publicado el 05 Marzo 2015

Los ingleses y la música

Entre las convenciones de la historia musical, la opacidad que cubre a la música inglesa es una de las principales. En efecto, salvando el siglo de oro barroco isabelino, el siglo de Shakespeare, Inglaterra no ha dado nombres de primera magnitud ni al clasicismo, ni al romanticismo ni a las turbulencias estéticas del siglo XX. Todo ello, hasta que llegó Benjamin Britten. Y sin perder de vista que siempre hubo en las islas un vasto público melómano y una sostenida tropa de excelentes intérpretes en todos los renglones de la actividad. En cualquier caso, la pregunta sigue abierta: ¿a qué se debe la superioridad alemana, un país durante centurias disperso en minúsculos señoríos, mal comunicados y socialmente atrasado? ¿Y el esplendor de los rusos, bárbaros de Oriente cuando el imperio inglés era el poder moderno por excelencia?

Vuelvo a Britten. Relativamente, le tocó un buen momento para su arte y su país. Estaban allí Vaughan Williams, Elgar, Walton y ¿por qué no? también Delius y Ketelbey. Pero el joven Benjamin, cuando trataba de conseguir un empleo por agencia del maestro del podio, sir Adrian Boult, veía el panorama aplastado por su morosidad, su misticismo artificial y su incompetencia técnica. Britten no negó el magisterio de la historia pero lo fue a reconocer siglos atrás, en Henry Purcell. Se hablaron de tú desde el primer momento y el muchacho del Novecientos miró el chato paisaje hasta que reconoció una cima solitaria, genial y compañera: Purcell. En especial, vio en él a quien mejor había resuelto el problema vocal planteado por la lengua anglosajona. Purcell, maestro de canto.

El caso de esta hermandad con efecto diferido es curiosísimo. Diría que sólo tiene un paralelo: Stravinski volviendo a Bach. No comparo a Britten con Stravinski porque ambas osamentas se revolverían en sus tumbas. Simplemente señalo un paralelo estructural. Britten era amigo de soledades. Si hemos de buscarle un colega contemporáneo, aparece uno solo, el ruso Shostakovich. En fin, que las islas son solitarias y los británicos son insulares.