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Librecambio I y II




PorSantiago Martín... - Publicado el 24 Abril 2013

Librecambio I y II

Librecambio. 1: se cierran cines

Se cierran cines. En especial una red de cines y una distribuidora, ya saben ustedes cuál, AltaFilms, van a quedar de momento en mínimos. Después, ya veremos si cierra por completo. Que cierren cines es, como recordaba hace tiempo Gregorio Morán, auténtica pérdida de patrimonio (social, nacional, no sé cómo habría que llamarlo, no quiero ofender a algún listo con identidad reciente inventada hacia atrás). El patrimonio no se limita a edificios antiguos y hermosas muestras de artes plásticas. La pérdida de patrimonio es, por ejemplo, el lamentable estado del teatro en España, donde abundan las producciones de todo tipo, con un minifundismo mísero y cutre en el que sólo a veces sobrevive el talento.

En lugar de lamentar la desaparición de aquellas salas cinematográficas y el peligro en que está esa distribuidora, hay gente que dice que “es lo que hay”, que el consumidor ha manifestado que no quiere ir a esos cines, y que el consumidor es soberano. Y tan ricamente, oiga.

Se acuesta uno protegido y se levanta librecambista. Sin saber de la protección de ayer ni percatarse del librecambismo de hoy: al despertarse, Gregorio Samsa se encontró convertido en un neoliberal panza arriba con muchas patas, pero muy pequeñas comparadas con las dos única que tenía ayer mismo. Lástima de palabra, la palabra liberal, concepto tan respetable: un concepto vale más que mil imágenes. Liberal, palabra nacida en el Cádiz de las Cortes en su nuevo sentido, se refiere al que defiende las libertades. Así que: calla tu sucia boca y no ensucies el liberalismo con el mal aliento de tu codicia.

El mundo se divide siempre en dos tipos de personas. Hay muchas maneras de dividirnos en dos. Pongamos: los que pagan las facturas y los que las cobran. Esto merece una glosa: acaso un día. Pongamos: los que se indignan por una crítica (y no lo olvidan) y los que ven tan natural que los elogies (y no se acuerdan). Pueden coincidir. Pongamos: los que aman y los que juzgan (nunca coinciden).

 

Librecambio. 2: identidades.

Una división importante es entre librecambistas y proteccionistas. Suena a antiguo, ¿verdad? Los industriales vascongados y catalanes que pedían protección para sus industrias, carísimas, con perjuicio para la demanda del mercado nacional. Los segundos figuraron entre los más encarnizados defensores de mantener un régimen represivo y esclavista en Cuba. Lo pagaba España, en presupuesto y en la sangre de los reclutas que no podían “rescatar” su servicio militar mediante el rescate en metálico.

Los señoritos agrarios, con el nefasto Cánovas a la cabeza, fueron mucho tiempo librecambistas. Les convenía. Pero agrarios e industriales se identificaron cuando aquello del “giro proteccionista” de fin de siglo, antes del Desastre. Con el tiempo, las cosas dieron matices a este saqueo de la nación española a cargo de las oligarquías periféricas de las Vascongadas, Cataluña y Andalucía. Y a eso le surgieron las identidades. Un tipo de buen español acabó resultando una mezcla del que poseía la generosidad del catalanista, la apertura espiritual del bizkaitarra y la lucidez del terrateniente andaluz. Todos ellos mamaron de la sangre cubana y de la española derramada en Cuba, y más tarde de la derramada en Europa entre 1914 y 1918, cuando el librecambio por parálisis europea les deparó buenos dividendos. Pero volvió la paz, ay (o lo que fuera eso: entreguerras) y en vez de despabilarse se pidió más árnica proteccionista.

No tiene uno nada contra proteger la industria nacional. Pero luego no me vengan ustedes con identidades y no inventen el pasado, por favor. Las cosas como son, caramba.

Y puestos a proteger, a mí me gustaría que protegieran esos cines. Yo ya lo hago a mi pequeño nivel: voy a menudo a ver películas. Pagando, eh, pagando.

Seguimos otro día.