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Leonidas Kavakos



Leonidas Kavakos

Para su nuevo proyecto discográfico —Virtuoso!— en el mercado desde el primero de abril, el violinista Leonidas Kavakos (Atenas, 1967) ha roto el esquema unitario de anteriores grabaciones reuniendo esta vez un conjunto de piezas cortas que se alejan del habitual criterio de encores. En total, catorce obras de distintos compositores, destacando la representación española sintetizada en el terceto Sarasate-Falla-Tárrega. En todos los casos, recurriendo a la ayuda de Abergavenny, el strad con que hace cuatro años Kavakos reemplazó al Falmouth, firmado igualmente por el mítico luthier de Cremona. 

¿Ha querido hacer con Virtuoso! una concesión al público o a sí mismo?
La decisión tiene más que ver con el hecho de que mis primeros tres discos en Decca se centraban en contenidos de carácter monográfico: las sonatas de Beethoven, las de Brahms… En esta ocasión quise centrarme en algo distinto. De ese modo decidí como una posibilidad para el nuevo disco dar forma a la antigua idea de reunir obras de todos los tiempos que estuvieran poco grabadas. No específicamente de propinas, como también en algún momento había pensado, con música de Kreisler, por ejemplo. El criterio finalmente ha consistido no sólo en contar con obras que me gustan mucho sino que además apenas se hubiesen llevado al disco. Ni siquiera se tocan habitualmente. Esto me hizo regresar a cuando me pasaba horas y horas buscando rarezas en las tiendas de partituras hasta ir reuniendo una increíble colección de literatura para violín apenas conocida, que de vez en cuando revisaba pensando que algún día tendría que tocar. Muchas de ellas ni a mí me resultaban familiares. Pero ¿por qué no grabarlas, después de haberme acompañado tantos años de mi vida, sin prestarles atención, siempre ocupado encadenando un proyecto con el siguiente? De ese modo, cuando me propuse hacer realidad aquel recuerdo, me senté y fui analizando cuidadosamente todo el material que había ido reuniendo. Como era tan copioso, procedí a una primera selección a la que siguió otra y por fin una tercera… 
Y así, hasta… 
Hasta que decidí qué obras iba a incluir en la grabación, teniendo en cuenta que debía concentrarlas en un CD. Nos pusimos a ello y el último día de estudio, al comprobar el tiempo en que se traducía todo lo que habíamos grabado, el ingeniero de sonido me dijo: tengo para ti una noticia buena y otra mala. ¿Qué ha sucedido?, le pregunté. “En realidad la respuesta se reduce a lo mismo”, respondió. “Hemos grabado entre 82 y 83 minutos y ahora se nos presenta el problema de que no cabe todo en un sólo CD”. 
¿Cómo se sintió?
Es fácil imaginárselo, después de tantos días descartando obras, para llegar a eso… Pero puedo asegurar que me consideré muy feliz al escuchar los resultados y al ver que la misma sensación tuvieron en Decca cuando se los presenté, sorprendidos por la calidad y la originalidad de las obras elegidas. De modo que todos contentos. Yo especialmente por haber dado el paso. Y el resultado está ahí. 
El resto lo deja para otra entrega el año que viene, cuando cumpla los 50.  
Es cierto lo de la edad, pero para ese año tengo previsto sacar adelante otras ideas
¿Como cuáles?
Entre otros objetivos, me he propuesto grabar por fin Bach. 
En el disco que ahora llega a nuestras manos, aparecen obras como las de Stravinski y Falla o Tárrega pensadas para orquesta y/o para otros instrumentos. ¿Existían transcripciones?
En el caso de las dos de Stravinski, están hechas por el propio compositor. En el de Falla he utilizado las de Joseph Szigeti y para  los Recuerdos de la Alhambra, las que hizo Ruggiero Ricci.
Falla y Tárrega no son los únicos españoles. Tratándose de virtuosos del violín no podía faltar Sarasate ¿Su música es tan endiablada para un intérprete como la de Paganini, o quizás más humana?
En el mundo del violín, al final todo procede de Paganini o pasa por él. Su genio es tan grande que no sólo iluminó a Ysaÿe, Wieniawski y los mejores violinistas de la historia. También sirvió como fuente de inspiración para grandes compositores como Brahms, Rachmaninov, Liszt o Schumann, en cuyo concierto para violín se pueden percibir las influencias de Paganini. Todos ellos estuvieron fascinados en alguna medida por su legado. Por eso es difícil compararlo con Sarasate, que era también un violinista fantástico desde todo punto de vista. Alguien capaz de incorporar a sus creaciones lo más inspirado de la música popular de su país. Pero su manera de hacer fue totalmente distinta a la de Paganini tiempo atrás, antes de que naciera Sarasate, que también encontró inspiración en los Caprichos de Paganini. Del mismo modo que él la había encontrado en Bach. Sarasate no intentó descubrir técnicas, efectos o modos de tocar el violín, porque ya estaban ahí. Su aportación viene por otra parte, que sería el modo de introducir en el panorama de la música clásica la maravillosa música de distintos lugares de España. Eso es lo verdaderamente fantástico. Paganini se sintió más atraído por otros aspectos de la música, como el mundo de la ópera, demostrando a través de las variaciones que escribió hasta qué punto le inspiraba el género lírico.


¿Ha querido hacer con Virtuoso! una concesión al público o a sí mismo?

 La decisión tiene más que ver con el hecho de que mis primeros tres discos en Decca se centraban en contenidos de carácter monográfico: las sonatas de Beethoven, las de Brahms… En esta ocasión quise centrarme en algo distinto. De ese modo decidí como una posibilidad para el nuevo disco dar forma a la antigua idea de reunir obras de todos los tiempos que estuvieran poco grabadas. No específicamente de propinas, como también en algún momento había pensado, con música de Kreisler, por ejemplo. El criterio finalmente ha consistido no sólo en contar con obras que me gustan mucho sino que además apenas se hubiesen llevado al disco. Ni siquiera se tocan habitualmente. Esto me hizo regresar a cuando me pasaba horas y horas buscando rarezas en las tiendas de partituras hasta ir reuniendo una increíble colección de literatura para violín apenas conocida, que de vez en cuando revisaba pensando que algún día tendría que tocar. Muchas de ellas ni a mí me resultaban familiares. Pero ¿por qué no grabarlas, después de haberme acompañado tantos años de mi vida, sin prestarles atención, siempre ocupado encadenando un proyecto con el siguiente? De ese modo, cuando me propuse hacer realidad aquel recuerdo, me senté y fui analizando cuidadosamente todo el material que había ido reuniendo. Como era tan copioso, procedí a una primera selección a la que siguió otra y por fin una tercera… 

Y así, hasta… 

Hasta que decidí qué obras iba a incluir en la grabación, teniendo en cuenta que debía concentrarlas en un CD. Nos pusimos a ello y el último día de estudio, al comprobar el tiempo en que se traducía todo lo que habíamos grabado, el ingeniero de sonido me dijo: tengo para ti una noticia buena y otra mala. ¿Qué ha sucedido?, le pregunté. “En realidad la respuesta se reduce a lo mismo”, respondió. “Hemos grabado entre 82 y 83 minutos y ahora se nos presenta el problema de que no cabe todo en un sólo CD”. 

¿Cómo se sintió?

Es fácil imaginárselo, después de tantos días descartando obras, para llegar a eso… Pero puedo asegurar que me consideré muy feliz al escuchar los resultados y al ver que la misma sensación tuvieron en Decca cuando se los presenté, sorprendidos por la calidad y la originalidad de las obras elegidas. De modo que todos contentos. Yo especialmente por haber dado el paso. Y el resultado está ahí. 

El resto lo deja para otra entrega el año que viene, cuando cumpla los 50.  

Es cierto lo de la edad, pero para ese año tengo previsto sacar adelante otras ideas

¿Como cuáles?

Entre otros objetivos, me he propuesto grabar por fin Bach. 

En el disco que ahora llega a nuestras manos, aparecen obras como las de Stravinski y Falla o Tárrega pensadas para orquesta y/o para otros instrumentos. ¿Existían transcripciones?

En el caso de las dos de Stravinski, están hechas por el propio compositor. En el de Falla he utilizado las de Joseph Szigeti y para  los Recuerdos de la Alhambra, las que hizo Ruggiero Ricci.

Falla y Tárrega no son los únicos españoles. Tratándose de virtuosos del violín no podía faltar Sarasate ¿Su música es tan endiablada para un intérprete como la de Paganini, o quizás más humana?

En el mundo del violín, al final todo procede de Paganini o pasa por él. Su genio es tan grande que no sólo iluminó a Ysaÿe, Wieniawski y los mejores violinistas de la historia. También sirvió como fuente de inspiración para grandes compositores como Brahms, Rachmaninov, Liszt o Schumann, en cuyo concierto para violín se pueden percibir las influencias de Paganini. Todos ellos estuvieron fascinados en alguna medida por su legado. Por eso es difícil compararlo con Sarasate, que era también un violinista fantástico desde todo punto de vista. Alguien capaz de incorporar a sus creaciones lo más inspirado de la música popular de su país. Pero su manera de hacer fue totalmente distinta a la de Paganini tiempo atrás, antes de que naciera Sarasate, que también encontró inspiración en los Caprichos de Paganini. Del mismo modo que él la había encontrado en Bach. Sarasate no intentó descubrir técnicas, efectos o modos de tocar el violín, porque ya estaban ahí. Su aportación viene por otra parte, que sería el modo de introducir en el panorama de la música clásica la maravillosa música de distintos lugares de España. Eso es lo verdaderamente fantástico. Paganini se sintió más atraído por otros aspectos de la música, como el mundo de la ópera, demostrando a través de las variaciones que escribió hasta qué punto le inspiraba el género lírico.  (...)

Juan Antonio Llorente
(Comienzo de la entrevista publicada en Scherzo nº 317, abril de 2016)

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