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Leonidas Kavakos



Leonidas Kavakos

Coincidiendo con el lanzamiento de las sonatas de Beethoven, su primer disco tras la firma en exclusividad con Decca, el violinista Leonidas Kavakos (Atenas, 1967) regresa estos días a Madrid para interpretar en el ciclo de Ibermúsica el Concierto nº 2 de Bartók con Mariss Jansons y la Royal Concertgebouw Orchestra. La misma con que nos visitó a las órdenes de Chailly en la última temporada, cuando también se le pudo ver en formato de cámara junto al pianista Enrico Pace, con quien comparte la nueva grabación beethoveniana.

La presencia de Kavakos subraya un momento importante de su carrera, un cuarto de siglo después de ser catapultado a la fama tras obtener el primer premio de dos concursos tan fundamentales como el Paganini de Génova y el Naumburg de Nueva York. Desde entonces ha seguido acumulando éxitos en todo el mundo. Lo que no le ha disuadido de regresar cada vez que puede a la ciudad que le vio nacer, su Ítaca particular. Sin dejarse deslumbrar por los laureles. Ni aunque una voz tan cualificada como la revista The Strad lo califique de “Violinista de violinistas”.

(...) Acaba de grabar las sonatas de Beethoven. ¿Por qué ha tardado tanto?

El porqué se debe a una combinación de diversas circunstancias. Como decía, en mi vida nunca he sido ambicioso en cuanto a cumplimentar objetivos para llegar lo antes posible. También tiene que ver con la idea de estar creciendo yo mismo a ritmo lento con la música que hago. He podido comprobar cómo cambian las cosas al mirar atrás. Cuando evalúas cómo las hacías tres años antes, comprendes hasta qué punto era distinto tu punto de vista. Esa consideración me lleva a pensar que es mejor esperar, y llegar a la grabación después de acumular las experiencias necesarias para sentirte suficientemente cómodo. Convencido de que podrás convivir bastante tiempo con lo que haces. Muchos dicen que nunca escuchan sus grabaciones, pero en mi caso no es así.

Sigue siendo el mismo que en la última conversación con SCHERZO, cuando aseguraba “un disco nace después de un largo proceso de reflexión y de trabajo”.

Continúo suscribiendo al pie de la letra lo que entonces dije. Es por lo que, para grabar con Decca, he elegido el repertorio que llevo haciendo muchos años. Pensando en lo que hacía y en que creo aportar algo que no encontraba en las otras grabaciones. Cuando pienso en la audiencia de la que hablábamos, esa que confía en mí, no intento imponer, sino proponer, que son dos conceptos muy diferentes. He tocado muchísimas veces las sonatas. Crecí con esta música; me formé con Beethoven y estoy convencido de que éste es un empeño de gran calado, por tratarse posiblemente de las obras más importantes del repertorio violinístico. Al firmar el contrato con Decca, la mejor compañía para este tipo de grabaciones, por la tradición que arrastra y por la calidad que le acompaña, me pareció que debía empezar con las sonatas, cuando quien más y quien menos está haciendo cosas fáciles de escuchar: piezas virtuosísticas, música de cine y teatro, arreglos de canciones y melodías populares… Pero esa no es mi senda a seguir. No tiene nada que ver con mis ideales.

¿Qué es lo más personal que aporta en su grabación?

De las grandes obras de Beethoven destaco el Concierto para violín, por ser una de sus composiciones más serenas y melódicas. Incluso gozosa, porque en ella no encuentras atisbos de drama. Por el contrario, las sonatas, al margen de que estén escritas en distintos periodos de su vida, están llenas de grandes contrastes. Incluso en un mismo opus. Las nºs 4 y 5, “Primavera”, que se publicaron juntas con la misma numeración, son totalmente distintas. Tomas el Op. 30, y ves cómo los nºs 1, 2 y 3 no tienen nada que ver entre sí. Lo que me fascina además, y trato de comunicar en mi interpretación como si de un hecho religioso se tratase, es la increíble presencia de instrucciones del compositor que te encuentras. Ahí es donde percibes a un bienaventurado lleno de talento, con tantas posibilidades y carisma a la hora de componer, aunque le costase tanto escribir algo que le llegara a convencer. Por otra parte, en las sonatas se puede percibir un aviso anunciando la llegada del romanticismo. Incluso en las primeras, donde hay claras huellas de Haydn, al tiempo encuentras esas explosiones emocionales por las que algunos pretenden pasar de puntillas. En dos minutos se sobreponen la melancolía, la ira, el drama, la alegría… todo. Y yo intento aportar todo el arte que pueda, sin eludir compromisos. Tal vez en este punto radiquen las diferencias en mi interpretación; no sé lo que el público pensará. (...)

Juan Antonio Llorente
(Extracto de la entrevista publicada en el número 282 de Scherzo, febrero 2013)

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