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La noche romántica




PorBlas Matamoro - Publicado el 25 Junio 2015

La noche romántica

Una de las tantas notas que pueden caracterizar a los romanticismos es el culto a la noche. En especial si centramos el orbe del arte romántico en la más románticas de sus disciplinas, la música. Así encontraremos una proliferación de nocturnos, empezando con Chopin, hasta llegar a la culminación en la noche de amor de Tristán e Isolda.

En efecto, noche y música se complementan. La noche —por oposición al día, luminoso y objetivo, visual y clásico— es el mundo del tacto. En vez de la lucidez individual, la disolución en el magma de las sombras. En lugar del padre, la madre. En lo alto, la Luna emite su claridad que es como una luz negra. Tiene la nitidez sustituta cara a los visionarios. También se dice que alunado es sinónimo de loco.

De tal modo, lo nocturno nos lleva a un complejo espacio, propicio a la disolución de las formas, la delicuescencia de las armonías, las visiones, la alucinación, la locura y la ilegalidad. Los ejemplos cabrían en un libro, no en una apretada columna. Escojo uno solo y le doy algunas vueltas, como paseando por un jardín de noche, acaso una selva o un desierto donde las dunas simulan ser follaje.

Me quedo en las Piezas nocturnas de Schumann, que sabía un poco de todo: el arrebato alucinado, el fragmento informe, el delirio. Su riqueza permite resolverlas en dos extremos igualmente divergentes y válidos de la interpretación: el subjetivismo avasallante de Horowitz y el sereno objetivismo de Arrau. El ruso sale a la noche sin saber lo que va a encontrar, confiado en los sentidos más cercanos a la confusión y a la comunión: tacto, olfato, gusto. Pronto se encuentra con una cantidad de criaturas vehementes y fugaces, de las que poco sabe pero a las que define con ímpetu, con la oscura certeza que dan los sueños y las visiones. Si hay algo de luz, son rayos lunares en algún claro del bosque. El chileno, en cambio, es más precavido. Va provisto de una pequeña linterna que le permite percibir claramente los detalles de la espesura. Desbroza, halla senderos hospitalarios, si alguna ave nocturna se descuelga de una rama y huye de su presencia, le copia el canto.

¿Cuál es la noche válida y schumanniana? La respuesta está en el almanaque de la imaginación humana. Una noche por cada día del año y así sumamos décadas y siglos andando con Schumann.