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La música a la espera



La música a la espera

Cuando este número de SCHERZO llegue a sus lectores ya sabremos los resultados de las elecciones generales pero seguramente sabremos muy poco de las intenciones que en materia de cultura, y más concretamente de música, tienen cada uno de los partidos que se han presentado a aquellas. A lo largo de la campaña —esta y la anterior con ocasión del frustrado primer intento de gobernabilidad del país— no ha habido discusión alguna relevante salvo los comentarios al varapalo recibido por el gobierno con ocasión del canon digital. Pintoresco ha sido también un artículo del Secretario de Estado de Cultura en funciones que, además de para dar señales de vida, servía para que se diera un cierto lustre que podía haber mostrado mucho antes con una dimisión a tiempo, gesto que le hubiera honrado como intelectual más que recordarnos que “Melville nunca fue muy leído en España. Adolecemos en nuestro país de un déficit lector de escritores anglosajones y se nota. Poco Conrad, menos Faulkner y algo más de James y Shakespeare, pero poca cosa en cualquier caso. Así nos va, podría haber dicho Jovellanos, que era un anglófilo secreto”. En serio: el Partido Popular dedicaba a la cultura el 2,21 % de las páginas de su programa electoral, el PSOE un 2’92%, Podemos un 13,25% y Ciudadanos, un 3,25%. No siempre, aclarémoslo, esas páginas estaban llenas de contenido pero, como era de esperar, Podemos ganaba de calle.

Del interés de los contendientes por la música da idea lo que acerca de ella exponían en sus programas, desde la invención de organismos que ya existen a la fiscalidad específica, el sistema asambleario de toma de decisiones culturales, la unión en un ministerio de la cultura y la comunicación, la supresión del que ya existe con la transferencia a Cataluña del 18% de su presupuesto, la recurrente Ley de la Música, el no menos recurrente Estatuto del Artista, las medias mentiras de los representantes del PP en cuanto a la remuneración del artista que cobra su jubilación, la intención de Ciudadanos de crear un festival de música contemporánea, el anhelo asambleario de Podemos con su Programa de Choque para la música en directo/Paln Operativo de Acceso y Disfrute de la Cultura/Programa específico de visibilidad de la diversidad musical/Comisiones de la Música de la Asamblea de Profesionales de la Cultura y Observatorio Ciudadano de la Cultura. Es corriente la apelación a la  fiscalidad específica o el micromecenazgo, eso que ya existe pero fuera de la ley, pues, ¿qué hace el consumidor de cultura sino participar en la supervivencia de esta en la medida de sus menguantes posibilidades? Con la Ley de Mecenazgo, la que hace falta, choca una pretendida amnistía fiscal a la cultura que podría encocorar a otros sectores. Se agradece la propuesta, por parte del PSOE, de dedicar un sorteo de la Lotería Nacional a la “financiación del cine y de otras industrias culturales” —menos mal que incluyen a esas “otras”— cosa que los ingleses hacen desde hace mucho y les ha servido de algo. El lenguaje de tales deseos, el conocido: se crearán, se tomarán medidas, se impulsará, se fomentará, promete, hay que… Vuelven las cuotas de música española en medio de demasiadas palabras y promesas que no se concretan ni en presupuestos, ni en beneficios tangibles a pesar de la indudable buena voluntad, teñida de bisoñez en algunos casos, de cinismo en otros, de ignorancia del verdadero terreno que se pisa en casi todos los representantes de los partidos —SCHERZO tuvo ocasión de comprobarlo en los debates organizados por la Junta de Autores de Música y la Fundación SGAE. 

La conclusión es que aunque parezca que vamos a seguir donde estábamos se hace necesario que el mundo de la música se haga oír sin complejos. Como lo hace el del libro y por eso, y más cosas que tienen que ver con su relación empresarial con unos cuantos medios de comunicación, su 4% de IVA no se toca. Hay quien quiere mantenerlo y quienes quieren elevarlo al 7%, o hasta el 10%, equiparándolo con un nuevo IVA cultural para todos los productos del sector. Ojalá aquí se tome de inmediato una medida necesaria para la marcha de eso que llamamos cultura y que, por otra parte, los partidos tampoco acaban de definir exactamente, entre la sociología del consumo y el miedo al arte verdadero. 

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