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Kasper Holten



Kasper Holten

En su doble misión desde 2011 de Intendente del Covent Garden y Vicepresidente del Consejo de la Academia Europea de Teatro Musical, a Kasper Holten (Copenhague, 1973) se le ha echado de menos en la Semana Europea de la Ópera, que se acaba de celebrar en el Teatro Real de Madrid, donde Holten debutará la próxima temporada como director escénico. Pero es que en los mismos días arrancaba en su teatro londinense un Rey Roger, de cuyo montaje se ha responsabilizado, obligándole a rendir cuenta a los medios nacionales e internacionales de su misión frente a este título infrecuente. Nuestro encuentro se celebra en un despacho de paso, mitad trasteromitad camerino de los Hermanos Marx. Curioso lugar, por el que de vez en cuando transitan personajes sin parlamento, o lanzando al aire preguntas de emergencia a las que el boss responde con la agilidad de quien aprendió el oficio de régisseur junto a grandes maestros como Harry Kupfer, John Cox o David Pountney antes de ser nombrado en 2000 director de la Real Ópera de Dinamarca, donde permaneció hasta su llegada a Londres.

Siendo la Carmen que escuchó con nueve años la primera dosis del veneno que le inoculó el amor por la ópera, ¿nunca se ha propuesto dirigirla?

No lo he hecho hasta ahora, y es curioso. Porque lo cierto es que dos piezas que admiro y siempre han estado entre mis favoritas desde muy pequeño son Carmen y Onegin, que tampoco he dirigido nunca. Me parece ¡ufff!, como si siempre fuera demasiado pronto. Son tan importantes que no he querido ponerme a ello hasta que llegase el momento justo. Me resulta especialmente complicado en ambas obras tan de mi gusto porque, sobre todo en el caso de Carmen, hay que partir de que todo el mundo tiene una idea de qué se trata y sabe cómo es ella. Hacer que la historia funcione totalmente en el escenario en esta obra tan fantástica es terriblemente difícil. Pero creo que está llegando el momento; que estoy preparado. Mi primer Onegin se presentará en el Covent Garden en diciembre de este año, y existe un proyecto para que dirija una Carmen. No puedo aún decir ni el lugar ni cuándo. Es un secreto. Pero podría ser dentro de un par de años.

En un teatro como el Covent Garden se debe programar buscando un equilibrio entre las apetencias propias y lo que demanda el público; ni una temporada a la antigua usanza ni un festival… y que el resultado no resulte muy personalista.

Todos esos aspectos están contemplados. Si se echa una ojeada a nuestra temporada, se puede ver que es muy variada, e incluye producciones de directores que son muy distintos a mí. Imponer mis apetencias a lo largo de la temporada sería un grave error. Desde luego que también se dejan ver mis gustos o los de Tony Pappano, fundamental a la hora de decidir qué óperas se elegirán.  Inevitablemente, te inclinas por títulos que por alguna razón piensas que son buenos. Para que el programa no se convierta en algo aburrido para el público, hay que guardar un cuidadoso equilibrio entre esa posibilidad de ser personal y en confiar en tu instinto, sin olvidar que tienes una gran responsabilidad frente al público. Así, cuando elijo los proyectos para el programa, es  extremadamente importante y difícil pensar en qué equipo, qué obra, qué director de orquesta pueden ofrecer la combinación más interesante. Desde ese punto de vista, mi puesto funciona como una especie de filtro para conseguir que el proceso sea reposado. Por otra parte, pienso que es duro generalizar sobre qué está bien o mal, o lo que la ópera está demandando. Volviendo a los personalismos, todo dependerá de la pieza de que se trate y de los cambios que uno sufre con la edad. Hubo cosas que hice en mis veinte que fueron un gran éxito pero que nunca haría de esa manera hoy en día, y viceversa. Uno desarrolla un estilo, un lenguaje, pero con cada pieza nueva empieza otra vez, se parte de cero.

¿Se sintió con más libertad como creador en Copenhague que aquí?

¿En tanto que director de escena o como director artístico?

Digamos que en ambos casos.

Bueno… como director de escena uno es consciente del peso que supone la expectación que se crea, por ejemplo, en un teatro de la categoría del Covent Garden y otros de ese calibre donde el público tiene mucho criterio. Pero en la medida en que puedas te tienes que olvidar de ello a la hora de poner la obra en pie en los ensayos. Como creador, como persona creativa, como artista, debes buscar algo que sientas que tiene sentido, algo que, honradamente, intuyas que es un acierto. Si piensas  demasiado en las expectativas del público y de los críticos sobre tu trabajo, todo se convierte en algo relacionado contigo mismo como único protagonista, y no debe ser así. Todo debe girar en torno a la obra, asumiendo los riesgos a partir de ese punto. Es en ese momento cuando debes ser honrado y verte capaz de afrontar desafíos, siendo duro y aceptando los riesgos. Todos queremos éxito siempre, y eso es muy-muy difícil. Deberíamos recordar, por ejemplo, que las óperas de Wagner no lo tuvieron al principio. Ese tipo de éxito deseado es muy peligroso. Como director artístico sí que pienso que en Copenhague probablemente me encontraba con más libertad por el simple hecho de que como aquel teatro era la única sala de ópera de la ciudad, no esperaban necesariamente estar siempre a la altura de los teatros de ópera líderes a nivel mundial. Cuando trabajas para teatros como el Covent Garden eres consciente de que todo el mundo está pendiente de enjuiciar tus decisiones, y te ves obligado a prestar más atención en cada paso que das. Es como si después de estar entrenando a un equipo de fútbol de tercera categoría en Copenhague, me pasan a hacerlo con el Real Madrid. Por otra parte, desde el punto de vista de los artistas con los que cuentas, es fantástico tener la posibilidad de trabajar con tantos y tantos cantantes y directores de orquesta increíbles. Resumiendo ambas cosas diré que intento poner todo el esfuerzo como director de escena y director artístico en perseguir mi libertad con valentía, y no dejar que las expectativas me pesen hasta el punto de intentar complacer al público. Porque si caes en la tentación de agradar y complacer al público, nunca serás capaz de correr riesgos.

Juan Antonio Llorente
(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 308 de Scherzo, junio de 2015)

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