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Karel Mark Chichon



Karel Mark Chichon

Karel Mark Chichon (Londres, 1971) pertenece a esa generación de directores de orquesta que se ha dado en denominar “del relevo” por estar destinada a recoger el testigo de las grandes batutas del panorama internacional. Tras su experiencia como director titular de las orquestas Sinfónica de Graz, Estatal de Letonia y Deutsche Radio Philharmonie de Saarbrücken Kaiserslautern, Chichon recaló hace un año en la Filarmónica de Gran Canaria, al frente de la cual estará como mínimo hasta 2020 (la duración del contrato es de tres años y medio, prorrogables). En esta entrevista repasa lo que ha sido hasta el momento su trayectoria profesional (ha dirigido, entre otras, a orquestas como la del Royal Concertgebouw, la London Symphony, la English Chamber Orchestra y la de la Suisse Romande y en teatros como la Metropolitan Opera de Nueva York, la Wiener Staatsoper, la Deustsche Oper de Berlín, la Bayerisches Saatsoper) y cuenta sus impresiones y objetivos como director de la formación grancanaria. La figura de Chichon ha cobrado gran popularidad entre los melómanos españoles por la encendida defensa que ha hecho de la zarzuela, en general, y del Teatro de la Zarzuela, en particular —en medio de la polémica surgida por su posible absorción por parte del Teatro Real—, durante el concierto que ofreció recientemente en el coliseo madrileño junto a su esposa, la mezzosoprano Elina Garanca.

Enrique Velasco

 

(...) Antes de llegar a Gran Canaria, su orquesta fue la Deutsche Radio Philharmonie Saarbrücken Kaiserslautern, la cual procedía de la fusión de las orquestas de las radios de estas dos ciudades. La fusión fue otra de las consecuencias de la crisis económica que sufrió la cultura europea. En ese sentido, usted ya tiene una cierta experiencia personal.

La fusión fue una idea muy mala. Aunque creo que pude acercarme mucho a lo que es crear una orquesta, en el aspecto musical, por supuesto, sigue siendo una agrupación muy problemática. El problema viene dado porque que la de Kaiserslautern era una orquesta de opereta, que nunca antes había tocado, por ejemplo, una sinfonía de Bruckner. A diferencia de la de Saarbrücken, que había sido siempre una orquesta de repertorio sinfónico. Se juntaron dos orquestas de temperamentos muy distintos y de disciplinas más diferentes todavía. Al forzar este tipo de uniones, acaba ocurriendo que los músicos no se llevan bien. En cuanto un músico de opereta entra en una orquesta sinfónica, va a acabar a la fuerza sintiéndose inferior. La culpa no la tienen los músicos, ni mucho menos, sino el político que no entiende la realidad humana que reside en esta compleja situación. Y no estoy criticando a mi antigua orquesta, ya que realizamos proyectos maravillosos y disfrutamos mucho haciendo música. Lo que critico es la masacre que supuso la unión de dos agrupaciones que nunca deberían haber estado unidas.

Usted tiene en Gran Canaria como principal director invitado a uno de los mejores representantes de aquella gran escuela, el maestro Günther Herbig. 

Herbig es uno de los directores que más admiro y por el que más respeto siento. Es de la vieja escuela, en efecto, y eso quiere decir que sabe muy bien cómo dirigir una orquesta, y creo que es una suerte que la Orquesta de Gran Canaria haya podido contar con él en estos últimos años.

¿Cómo le ofrecieron la titularidad de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, que, por cierto, es la más antigua de España?

Hice con ella un concierto sinfónico en diciembre de 2016. Este concierto fue bien recibido y yo me sentí especialmente cómodo con la orquesta. En febrero de 2017 la volví a dirigir en La Favorite para los Amigos Canarios de la Ópera. Al parecer, el consejero del Gobierno insular pensó que yo era la persona idónea para el puesto. Me citaron en el Cabildo y me ofrecieron que me hiciera cargo del proyecto. En todo momento vi que estaban muy interesados —y agradezco que lo sigan estando—. Tras dos meses de negociaciones, logramos llegar a un acuerdo. Cuando por fin me hice cargo de la dirección, en el mes de septiembre, la orquesta me recibió positivamente.

Al llegar, ¿la encontró en buena forma?

Al principio la orquesta mostró una cierta cautela, pero en dos meses de trabajo conseguimos un ambiente profesional, inspirador y tranquilo. Soy una persona que trabaja de forma intensa, y en Las Palmas me he encontrado con una orquesta que tiene ganas de tocar y ganas de mejorar. Todos sus músicos quieren dar lo mejor de sí mismos. Para mí, no hay placer mayor que ver cómo la orquesta sigue la misma línea en la que yo creo, y comprobar que todos están orgullosos del trabajo que realizamos.

¿Cuáles son sus objetivos a la hora de definir la personalidad de la orquesta?

Cada compositor tiene un sonido propio. Si hay algo que me propongo hacer es dotar a cada compositor de un sonido diferente. Para mí, el equilibrio interno de la orquesta es algo primordial. Por ejemplo, ahora mismo que estamos ensayando Carmen intento profundizar en la idea del unísono, algo fácil de decir, pero muy complicado de hacer. Si hay algo que he ido aprendiendo con la edad es que si todos los músicos tocan de la misma manera, el mensaje de la música se transmite. Pero lograr que todos toquen de la misma manera requiere, en primer lugar, de un oído muy agudo por parte de toda la orquesta. Es algo muy complejo, que demanda muchísimo tiempo de ensayo. Pero si se alcanza, el mensaje se transmite de inmediato.

La orquesta ha llevado a cabo desde siempre importantes proyectos sociales y pedagógicos. ¿Está en sus objetivos desarrollar más estos proyectos?

Es difícil desarrollarlos más. Lo que quiero es mantenerlos. Ahora mismo, tenemos un proyecto pedagógico que llega cada año a 250.000 niños. Me sentiré satisfecho si conseguimos mantener esta cifra, pues es todo un orgullo para nuestra Fundación y la envidia de muchas orquestas en la Península. Estos proyectos son fundamentales, porque consideramos que es la orquesta la que tiene que ir al pueblo, y no el pueblo el que tiene que ir a la orquesta. (...)

Su esposa, la mezzosoprano Elina Garanca, es una enamorada de España y de la zarzuela. ¿Es cierto que usted tuvo mucho que ver en las dos cosas?

Si le digo que ella nunca había cantado zarzuela antes de conocernos creo que le digo todo. Yo en todo caso le sugerí que profundizase en este repertorio; que cantase, por ejemplo, Carceleras, De España vengo o La verbena de la Paloma. Mi esposa ya tenía popularidad, pero consiguió aún mas cantando zarzuela, porque presentaba algo nuevo. Las cantantes como mi esposa, si no son españolas, no suelen realizar este repertorio; pero ella le ha dedicado mucho tiempo y, además, lo borda. Hoy en día está considerada como una de las grandes intérpretes de zarzuela y en todos sus conciertos canta como primer bis Carceleras. (...)

 

(Extracto de la entrevista publicada en el nº 341 de SCHERZO, de junio de 2018)

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