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John Axelrod



John Axelrod

Llega puntual a la cita, con las muletas que lo ayudan a caminar tras la reciente operación que precisó una desagradable rotura de menisco, y pide un café solo. Durante la conversación se expresa de manera vehemente, torrencial, incluso volcánica, pero siempre con claridad. A veces bromea, y puntualiza sus bromas cuando piensa que su interlocutor ha podido malinterpretarlas. John Axelrod (Houston, 1966) se encontró con Leonard Bernstein a los 16 años y eso transformó por completo su visión de la música. Después se graduó en Harvard, se dedicó un tiempo a los vinos, sobre los que aún escribe para publicaciones y revistas, y finalmente acabó en Europa, donde ha ocupado puestos como los de Director Musical y Artístico del Teatro y Orquesta Sinfónica de Lucerna y Director Musical de la Orquesta Nacional des Pays de la Loire. Actualmente, es principal director invitado de la Orquesta Sinfónica de Milán Giuseppe Verdi y desde noviembre de 2014 Director Artístico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), un puesto para el que acaba de ampliar su contrato por dos años, hasta 2019. Estamos a cuatro días del Domingo de Ramos de 2016.

¿Cuál es su balance de estos primeros meses al frente de la ROSS?

Hacer música con la ROSS es un milagro. No tengo nada más que decir… [Tras un expectante silencio, continúa] Fue un flechazo. Hay una gran confianza a la hora de enfrentar la música que hacemos, no sólo como director desde el podio sino también cuando me bajo de él, porque respeto muchísimo la opinión de los músicos… Somos una orquesta, no somos nada sin los músicos. Mi rol de director no consiste sólo en la interpretación, sino también en ayudar a nuestros profesores a dar el máximo de su potencial, que ya es muy alto. Es simple: yo creo en el potencial de la gente. Y los músicos pertenecen para mí a la especie más extraordinaria de seres humanos que conozco. No sólo los músicos, sino los artistas en general, tenemos ese gran lujo de poder vivir en el momento presente. Imagino que el Dalai Lama será otro de esos seres extraordinarios capaces de vivir en el presente. Como músicos nos enfrentamos con una obra que tiene un principio y un final: cada nota, cada ritmo es la forma de vivir en el presente. El pasado ya pasó. El futuro no llegó. El presente es exactamente el momento, y habitarlo es un gran lujo. Yo tengo la mejor butaca en el concierto. Estoy delante de estos músicos virtuosos, puedo escucharlos tocar a un nivel altísimo y, además, me pagan por ello. Es el mejor trabajo del mundo. Usted en cambio está sentado allá lejos [risas]… Bromas aparte, es un honor, un privilegio ser director artístico de la ROSS.

Ha hablado de flechazo, ¿recuerda el primer contacto con la ROSS?

Sí, fue con Strauss.

¿Y cuál fue la primera impresión?

¡Uau! No la había escuchado antes.

¿No esperaba una orquesta de este nivel?

La conocía por referencias de quienes habían trabajado con ella. Pero no había tenido el placer de escucharla antes. Faltan grabaciones y vídeos. Tampoco se le dedican grandes artículos de prensa. Pero estuve muy feliz de llegar a Sevilla, una de las ciudades más bellas del mundo y de mayor importancia histórica. Tocamos Strauss la primera vez [Así habló Zarathustra], en un concierto que fue unánimemente alabado. Así que al año siguiente decidimos hacer otra vez Strauss [Aus Italien]. Este año tenemos mucha música francesa, siguiendo el lema de Los sonidos del Mediterráneo. La próxima temporada podemos volver al repertorio austrogermánico y ruso: Strauss, Beethoven, Prokofiev…

Llegó en un momento muy delicado. Con un conflicto abierto entre la plantilla y el antiguo director, Pedro Halffter. En principio con una candidatura que era para orquesta y teatro por cuatro años. Al final lo nombran director sólo de la orquesta y por sólo dos años. ¿En ese momento qué pensó?

 Adoro hacer música con esta orquesta. Strauss fue una revelación. Los dos primeros conciertos como invitado lo fueron. Pero yo no estaba involucrado en ese momento en las discusiones políticas. Mi primera impresión era sólo la de un director musical invitado. Francamente, lo más importante para mí es la filosofía artística que tú quieras aplicar y me impresionaron tanto la madurez, la versatilidad, la profundidad como la calidad de la orquesta. Lo que yo pretendo es apoyar todas esas virtudes para hacer música al más alto nivel. Para los cuarenta millones de personas que hay en España quizás haya cinco orquestas de gran calidad, con plantillas cada una de unos cien miembros. Hablamos por tanto de unas quinientas personas en el país que pueden tocar ese Strauss al máximo nivel. Quizás sólo hay también quinientos futbolistas de gran nivel, pero ellos cobran mucho más [risas]. Cuando se me eligió para el cargo, a mí no me interesaba la discusión política. Llegado el momento, yo fui generoso con la decisión salomónica que se tomó, que creo que en ese momento fue la mejor para la orquesta. Desde que estoy como director musical, hemos creado una atmósfera estupenda para hacer música, tenemos unos conciertos de mucho éxito y lo más importante para mí es mantener la flexibilidad de la orquesta, que puede hacer a grandísimo nivel un repertorio increíblemente diverso. (...)

Pablo J. Vayón
(Comienzo de la entrevista publicada en Scherzo nº 318, mayo de 2016)

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