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Javier Eguillor



Javier Eguillor

Para los lectores de una revista de música clásica, la presencia de un percusionista es siempre una sorpresa, con excepción de Colin Currie, Evelyn Glennie o Martin Grubinger. SCHERZO se ha encontrado con que bien puede ser Javier Eguillor (Xixona, 1975) el representante de ese otro lado de la música que, por unas u otras razones, es diferente de aquel que pueblan violinistas, pianistas o hasta violonchelistas de pedigrí. Además de timbalero de la Orquesta de Valencia, Eguillor es uno de esos músicos españoles dispuestos a cambiar el panorama de un mundillo a veces demasiado previsible. Enamorado de su instrumento, se ha convertido en un adalid de la importancia de las redes sociales para la difusión de su enseñanza y su disfrute. Su experiencia con el Concierto Fantasía de Philip Glass es un ejemplo claro de ello, como lo es el planteamiento de sus clases magistrales o de sus proyectos de enseñanza en el futuro.   

(...) ¿Timbalero o percusionista?

Desde hace tres, cuatro años, empiezan a surgir unos proyectos increíbles y yo empiezo a venderme, si vale la expresión, también como percusionista, un mundo en el que hay gente tan fabulosa como Martín Grubinger o Colin Curry que fue compañero mío en la Europea y que se dedican a eso a tope desde siempre. Yo no, yo era más específicamente timbalero. Pero la cosa cambia a partir de proyectos que consisten no sólo en tocar conciertos de timbales como los de Michael Daugherty o Philip Glass, con bandas sinfónicas y con orquestas en Mallorca, Madrid, Bilbao, La Coruña, Santiago, sino también, como ahora por ejemplo, de percusión, como el de Jolivet con la Sinfónica de Navarra y Cristóbal Soler. Es un concierto, que ya había hecho en Valencia, en el que cada movimiento es un set de percusión diferente, vibráfonos, xilófonos, batería también, tienes que estar a mil en todos los sentidos. Y si llega un momento en el que acabe todo esto, pues mis timbales serán siempre mis timbales. Pero de momento no me queda más remedio que estar a todas si quiero estar tocando de solista, de esta forma que es la que quiero y por la que he trabajado duro.
¿Puede un timbalero aspirar a volar por su cuenta a partir de una orquesta? Parece evidente que lo tiene más difícil que otra clase de solistas.
Más no, lo más. Lo que no es normal es lo que me ha pasado a mí, o sea no es normal que una persona con timbales pueda mover conciertos por España, en el extranjero, grabar unas clases magistrales, que te inviten a festivales solo porque te han visto en Youtube. No es normal pero sí es señal de que el producto ha gustado, de que estás ahí y de que la gente quiere ver eso.
Tienen menos competencia pero también menos repertorio.
En percusión aún hay pero en timbales he hecho Philip Glass, Michael Daugherty, Rosauro y me puede quedar poco más. No es una gama increíble, ni mucho menos.
¿Quiénes son sus colegas preferidos además de su maestro? 
Colin Curry, Martin Grubinger y, por supuesto, Evelyn Glennie.
Que es sorda.
Eso se dice. En el fondo no sé hasta dónde llega su sordera porque con un grado muy fuerte, por muy prodigio que seas, es imposible hacer lo que ella hace o ha hecho. Yo creo que puede tener problemas de sordera pero no totalmente, aunque no me atrevería a decirlo. 
Martin Grubinger es como un meteorito caído del cielo a toda velocidad.
Es que está marcando un estilo, ha creado un espectáculo que es de admirar, que es especial y que él mismo se ha montado a partir de tocar obras enormemente efectivas, hasta ponerse con una caja solo y hacer movimientos técnicos y visuales que seducen al público. Eso tiene un mérito increíble.

Desde hace tres, cuatro años, empiezan a surgir unos proyectos increíbles y yo empiezo a venderme, si vale la expresión, también como percusionista, un mundo en el que hay gente tan fabulosa como Martín Grubinger o Colin Curry que fue compañero mío en la Europea y que se dedican a eso a tope desde siempre. Yo no, yo era más específicamente timbalero. Pero la cosa cambia a partir de proyectos que consisten no sólo en tocar conciertos de timbales como los de Michael Daugherty o Philip Glass, con bandas sinfónicas y con orquestas en Mallorca, Madrid, Bilbao, La Coruña, Santiago, sino también, como ahora por ejemplo, de percusión, como el de Jolivet con la Sinfónica de Navarra y Cristóbal Soler. Es un concierto, que ya había hecho en Valencia, en el que cada movimiento es un set de percusión diferente, vibráfonos, xilófonos, batería también, tienes que estar a mil en todos los sentidos. Y si llega un momento en el que acabe todo esto, pues mis timbales serán siempre mis timbales. Pero de momento no me queda más remedio que estar a todas si quiero estar tocando de solista, de esta forma que es la que quiero y por la que he trabajado duro.

¿Puede un timbalero aspirar a volar por su cuenta a partir de una orquesta? Parece evidente que lo tiene más difícil que otra clase de solistas.

Más no, lo más. Lo que no es normal es lo que me ha pasado a mí, o sea no es normal que una persona con timbales pueda mover conciertos por España, en el extranjero, grabar unas clases magistrales, que te inviten a festivales solo porque te han visto en Youtube. No es normal pero sí es señal de que el producto ha gustado, de que estás ahí y de que la gente quiere ver eso.

Tienen menos competencia pero también menos repertorio.

En percusión aún hay pero en timbales he hecho Philip Glass, Michael Daugherty, Rosauro y me puede quedar poco más. No es una gama increíble, ni mucho menos.

¿Quiénes son sus colegas preferidos además de su maestro? 

Colin Curry, Martin Grubinger y, por supuesto, Evelyn Glennie.

Que es sorda.

Eso se dice. En el fondo no sé hasta dónde llega su sordera porque con un grado muy fuerte, por muy prodigio que seas, es imposible hacer lo que ella hace o ha hecho. Yo creo que puede tener problemas de sordera pero no totalmente, aunque no me atrevería a decirlo. 

Martin Grubinger es como un meteorito caído del cielo a toda velocidad.

Es que está marcando un estilo, ha creado un espectáculo que es de admirar, que es especial y que él mismo se ha montado a partir de tocar obras enormemente efectivas, hasta ponerse con una caja solo y hacer movimientos técnicos y visuales que seducen al público. Eso tiene un mérito increíble. (...)

Luis Suñén
(Extracto de la entrevista publicada en el nº 316 de Scherzo, marzo de 2016.)

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