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Ivo Pogorelich



Ivo Pogorelich

A sus cincuenta y seis años, Ivo Pogorelich continúa siendo poseedor de una de las personalidades pianísticas más poderosas y controvertidas de las últimas décadas. Lejanos los tiempos del enfant terrible que asombró al mundo musical a inicios de los ochenta, Pogorelich afronta un presente en el que al glamour del rebelde, a un talento apabullante, a una técnica excepcional y a su individualidad como músico se une el poso de una primera madurez. Tendremos pronto ocasión de comprobar los resultados de esa particular suma de elementos en los discos, pues tiene intención de volver a grabar, pero también en las salas de conciertos, ya que en su calendario más próximo figuran varias visitas a nuestro país. En Madrid (11-V) y en San Sebastián (7-VI) se le escuchará en el Concierto para piano de Schumann con Víctor Pablo Pérez y Paul Daniel, respectivamente, y en La Coruña (30-V), Barcelona (21-V) y Lugo (29-V) se presentará en solitario con un programa extraordinariamente exigente que incluye la Sonata Dante de Liszt, la Fantasía de do mayor de Schumann, los tres movimientos de Petruchka de Stravinski y las Variaciones sobre un tema de Paganini de Brahms.

¿Tiene algún criterio para preparar los programas?

Sí, los preparo yo mismo. Creo que un artista, en cualquier punto de su vida creativa, debe enfrentarse a diferentes desafíos. Este programa se estructura en torno a piezas que cuando era joven no me sentía suficientemente preparado para afrontar como pianista y como músico. Y en el aspecto musical, hay vínculos muy sólidos entre ellas: las obras de Liszt y Schumann son sendas fantasías, mientras que las de Stravinski y Brahms están compuestas de miniaturas y ambas incluyen danzas.

¿Y cómo se maduran unos programas de tal relieve?

Cada composición tiene su infancia, su juventud y su madurez.

En los programas que anuncia en su página web para futuras temporadas destaca poderosamente la presencia de Schumann, Chopin y Liszt, que fueron grandes pianistas, ¿es eso algo que percibe en sus obras?

Esos tres compositores que ha citado representan la esencia del desarrollo del piano en el siglo XIX y su influencia se prolonga hasta nuestros días. Abordarlas es no sólo un placer, sino también una auténtica necesidad para cualquier pianista, tenga la edad que tenga.

Se ve también que continúa con esos acoplamientos franco-rusos (Ravel-Scriabin, Debussy-Rachmaninov) en los que siempre ha sido un referente.

Sí, trato de integrar sabores de diferentes culturas.

En ese sentido, ¿escucharemos música española interpretada por usted?

Lo harán. Precisamente el programa del año que viene contiene tres danzas ( Op. 5) de Granados, y tan pronto como estudie las cinco de las doce que aún me quedan por tocar, el ciclo estará completo y preparado para grabarlo. Lo espero intensamente.

¿Y no le interesa la música contemporánea?

Toda buena música resulta contemporánea.

Profundizar durante tiempo en determinados programas parece una forma de caminar hacia un ideal, y es evidente que el reto de todo artista es mejorar, pero ¿existe una interpretación definitiva?

Sí existe, lo que pasa es que las épocas cambian, abriéndose a nuevas perspectivas.

¿Quiere eso decir que debemos liberar a la música de las convenciones acumuladas?

No estoy interesado en ataques deliberados a las convenciones. Mi trabajo consiste en conectar con el compositor todo lo que me sea posible, y si en ese proceso caen algunas barreras, son daños colaterales. Pero siempre intento aportar a la música vida y un profundo respeto. Las obras de los grandes genios aún necesitan de aquellos que estén preparados y tengan la suficiente valentía para interpretarlas. Esa es la esencia de mi profesión.

Y sin embargo, su fuerte personalidad y estilo despiertan pasiones encontradas entre las audiencias. ¿Se ha sentido alguna vez influido por las críticas?

No. La mayor parte de las críticas obvian dos puntos: el primero es que deberían pertenecer al movimiento de la ilustración y el segundo es el doble componente del respeto y las buenas intenciones. Sin esos elementos la crítica deja de ser noble para convertirse, a menudo, en un ataque directo, sin valor alguno. (...)

Asier Vallejo Ugarte

 (Comienzo de la entrevista publicada en el nº 307 de Scherzo, mayo de 2015)

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