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Iñaki Alberdi



Iñaki Alberdi

Desde que, en plena adolescencia, eligiese el acordeón como compañero inseparable de su vida, la carrera del músico vasco Iñaki Alberdi (Irún, 1973) ha sido un apasionante viaje para situar un instrumento hasta hace poco asociado casi en exclusiva a las músicas festivas o callejeras en el centro del panorama musical contemporáneo. Su infatigable labor en pos de la creación de un repertorio específico para el acordeón —comparable en cierto modo al que hace un siglo realizara Andrés Segovia con la guitarra— le ha llevado a trabajar con algunos de los más importantes creadores de la escena nacional e internacional, de quienes ha estrenado —y lo sigue haciendo— un buen racimo de obras formidables. La última etapa de este viaje es su más reciente CD, Sensations (Ibs), sin duda uno de sus proyectos más personales, que acaba de presentar a finales de noviembre en Viena (Embajada española y Musikverein) y Madrid (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando). Al hilo del nacimiento de esta nueva criatura discográfica, hemos mantenido una larga y tranquila conversación con un artista que parece un paradigma, tanto en lo profesional como lo personal, de la elegancia.

(...) Sensations pretende ser un viaje a su pasado, a sus orígenes, afirmando al mismo tiempo la actualidad del instrumento...

Hay dos viajes paralelos. Por un lado el viaje que comencé hace veinte años, cuando gané mis primeros concursos internacionales y empecé a dar mis primeros conciertos. En España principalmente a través de Juventudes Musicales. En particular, en Andalucía mis conciertos tuvieron muy buena aceptación, y gracias a ello entré en contacto con muchos programadores. A menudo me llegaban propuestas para transcribir esta o aquella pieza; a partir de ahí comencé a construir este programa. Por otro lado nos encontramos con el proceso de montaje de cada obra; por ejemplo, en Aragón de Isaac Albéniz, el proceso ha sido más complicado, porque me resultaba difícil ver la Suite Española en el acordeón; si la pensaba desde el piano, me parecía muy difícil, porque no sentía que el acordeón se adecuase a ese tipo de música. Pero cuando escuché la orquestación del maestro Frühbeck de Burgos, pensé: “aquí está”. Frühbeck había orquestado el piano de forma que extraía profundidad, brillo, carácter, colores, timbres, distintos modos de expresión. Y era de ahí de donde había que partir para el acordeón. Entonces tomé la partitura de orquesta y empecé a trabajar sobre ella, sobre las percusiones y las castañuelas, sobre el aire en los clarinetes, o en las flautas, sobre el tipo de articulación en los legatos, sobre la profundidad de los contrabajos… y en cómo pasar todo eso a la mano izquierda, sobre el tempo de la orquesta. Todo aquello me enseño que sí que podía funcionar.(...)

El acordeón es muy parecido al harmonium, que fue precisamente el instrumento que introdujo en la música a Joaquín Turina, segundo autor, después de Albéniz, en el viaje de Sensations

Así es, el acordeón que interpreto es muy cercano a un harmonium desarrollado, con mayor extensión y riqueza tímbrica, y con una gran sensibilidad en la construcción y utilización del fuelle. Y es verdad, Turina comenzó con el acordeón, gracias a un regalo que le hizo una persona que trabajaba para la familia; de hecho hay una foto muy bonita en la que se le ve muy elegante con su acordeón. Su Preludio es una pieza íntima, sencilla y podríamos decir que hasta cariñosa.

¿Por qué eligió para el programa la Danza de la Pastora de Ernesto Halffter, un autor que hoy en día parece un tanto postergado?

Pertenece a ese viaje del que hemos hablado. En Cádiz, un amigo me propuso que la transcribiera para acor-deón; me dijo que la obra, perteneciente a la primera época de Halffter, era muy divertida, muy fresca y juvenil. La estudié y me di cuenta de que, efectivamente, era una obra muy scarlattiana. Enfrentarse a la música española es complicado; si consigues hacer esta música con la naturalidad que precisa, en el acordeón resulta muy viva, expresiva y colorista. Y creo que funciona muy bien. 

Luego pasa a Antonio Soler, autor por cierto próximo a Scarlatti.

Soler es creatividad constante, siempre surgen nuevas ideas y hace que haya vida en todo momento. Esa creatividad está muy ligada al canto, porque se trata de pequeñas células o frases, de dos o tres compases, cuya vitalidad procede, o al menos así lo veo yo, del canto. Esto es particularmente hermoso de llevar a cabo en el acordeón, porque a través de la articulación y la expresión del fuelle puedes hacer que el instrumento cante. Se trata de ir un poco más lejos, hacia un trabajo de articulación muy delicado; pequeños detalles hacen que todo cambie muchísimo. 

Dice que Antonio de Cabezón es el centro del viaje de Sensations

Porque es el más antiguo. En él encontramos lo más parecido a un harmonium, el origen del instrumento actual, y en él está también, en gran medida, el origen de nuestra música. Cabezón llega a un punto en el uso de la polifonía que se amolda muy bien al acordeón. (...)

Juan Lucas

(Extracto de la entrevista publicada en el nº 324 de Scherzo, de diciembre de 2016)

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