Ud. está aquíInicio / Abril 2016 / Entrevista / Felicity Lott

Felicity Lott



Felicity Lott

Los ICMA (International Classical Music Awards) han concedido este año a la gran cantante británica Felicity Lott (Cheltenham, 1947) el Premio a una vida dedicada a la música, que le habrá sido entregado en San Sebastián justo el mismo día que este número de SCHERZO aparezca en los quioscos y en la red. Mozartiana excepcional, Mariscala de ensueño, deliciosa recitalista y pimpante protagonista de las heroínas de Offenbach, su carrera es un ejemplo de inteligencia y buen gusto, los mismos que derrocha en la entrevista que, en su casa parisina, ha concedido a las revistas y emisoras de radio, SCHERZO entre ellas, que forman parte del jurado de los ICMA. 

Pensándolo bien, y después de tantos años viéndola en escena, creo que usted lo tiene todo para ser una diva pero no lo es. ¿Cuál es la diferencia entre usted y una diva? 
Pues por ejemplo que una diva debe tener una gran opinión de sí misma y yo, ciertamente, no la tengo. Puede ser gracias a mi familia, a mi educación. Pero también porque todavía, a menudo, tengo miedo. No ha cambiado nada y me sigue maravillando haber podido hacer esta carrera que he hecho.
Usted no quería ser cantante.
Es verdad. Quería ser intérprete. Adoraba la lengua francesa y quería hacer algo en ese plan. Fui asistente de inglés en un colegio en Voiron, cerca de Grenoble, durante un año y descubrí que no podía enseñar porque me daba miedo ponerme delante de los alumnos. Por entonces tampoco tenía la facilidad de pasar rápidamente de una lengua a otra, por lo que hubiera sido terrible tratar de ser intérprete. Después encontré a una profesora de canto que me dijo: “Si trabaja un poco podría hacer alguna cosa”. Así que ¡vive la France! Y viva también aquella mujer maravillosa.
¿Tenía alguna afinidad con el canto?
Yo he cantado siempre, toda mi familia cantaba. 
¿Y el amor por la lengua francesa y por el latín? 
El latín reemplazaba en mi caso a las matemáticas, en las que yo era completamente nula. El latín se podía aprender. Incluso podía sacar un cien por cien de respuestas correctas en un examen. El francés lo descubrí gracias a mi madre, que había pasado algunas semanas en Francia cuando era joven y que adoraba el idioma. Cuando empecé a estudiarlo en el colegio me sugirió que habláramos en francés durante la comida un par de veces por semana. Después me mandó a casa de unos amigos aquí y cuando terminé con los estudios me dio a escoger una región para hacer unas prácticas. Y elegí Annecy porque Cheltenham, la ciudad en la que nací, está hermanada con ella. Como no había extranjeros solo hablaba francés. Luego me matriculé en el conservatorio en Grenoble. Es increíble cómo la vida te invita, te lleva…
¿Lo pasó bien mientras estudiaba? 
¡Mucho! Ya había hecho cursos de canto en Inglaterra y en la Universidad. Pero no trabajé de verdad hasta que me dije que había que ponerse a ello. Mi profesora, Elisabeth Maximovitch, me hizo aprender el aria de Pamina de La flauta mágica que siempre utilicé luego para las audiciones a las que me presentaba. Y en la Académie Internationale d’Eté de Niza, a donde me mandó, descubrí la mélodie, que desconocía por completo.
Y Pamina fue su primer papel… 
Sí. Lo había hecho cuando era estudiante en la Royal Academy of Music de Londres y, más tarde, cuando estaba de cover en la English National Opera, la soprano se puso enferma y tuve que reemplazarla. Felizmente, y por una vez, había trabajado bien previamente y todo fue sobre ruedas.
Y Mozart se quedó como un eje de su carrera. 
Absolutamente. He cantado mucho Mozart, sobre todo La Condesa y Fiordiligi, que es un personaje que adoro. También Elvira, aunque me gusta menos. Es un personaje tan maravilloso… pero todo el mundo se ríe cuando entra en escena. Yo creo que me iba bien con mis complejos, con eso de ser tan alta. En Francia siempre se han reído de mí por mi estatura. Me preguntaban si hacía frío por allá arriba o si había comido demasiada sopa. Mi padre se divertía también. Si no encontraba zapatos lo suficientemente grandes, me decía: “pues ponte unas botas”. El caso es que me acomplejaba mi estatura y cuando cada vez que Elvira volvía a escena la gente decía “ya está aquí esta otra vez”, yo pensaba que se reían de mí.
Después la Mariscala se ha convertido en eu papel fetiche. 
¡Sí! Mi primer Strauss fue Capriccio en la gira de Glyndebourne en 1976. Había audicionado tres veces para los coros pero no me querían. Y al cabo del tiempo me dan ese papel extraordinario. También canté Octavian en Glyndebourne y fue así como conocí la ópera. Mi primera Mariscala fue en Bruselas en 1986 con John Pritchard, que dirigía maravillosamente bien. Supongo que sí, que ha sido mi papel fetiche.
Y la opereta francesa. 
Sí. En 2000 canté por primera vez La Belle Hélène con Marc Minkowski en la puesta en escena maravillosa de Laurent Pelly. ¡Cómo me divertí! Conocía la música, había cantado fragmentos en recitales porque me gustaba terminarlos con música más ligera. La idea de hacer La Belle Hélène vino después de cantar La viuda alegre en Glyndebourne y en París en una puesta en escena de Alfredo Arias, y antes en Nancy. Adoro esa obra


Pensándolo bien, y después de tantos años viéndola en escena, creo que usted lo tiene todo para ser una diva pero no lo es. ¿Cuál es la diferencia entre usted y una diva? 

Pues por ejemplo que una diva debe tener una gran opinión de sí misma y yo, ciertamente, no la tengo. Puede ser gracias a mi familia, a mi educación. Pero también porque todavía, a menudo, tengo miedo. No ha cambiado nada y me sigue maravillando haber podido hacer esta carrera que he hecho.

Usted no quería ser cantante.

Es verdad. Quería ser intérprete. Adoraba la lengua francesa y quería hacer algo en ese plan. Fui asistente de inglés en un colegio en Voiron, cerca de Grenoble, durante un año y descubrí que no podía enseñar porque me daba miedo ponerme delante de los alumnos. Por entonces tampoco tenía la facilidad de pasar rápidamente de una lengua a otra, por lo que hubiera sido terrible tratar de ser intérprete. Después encontré a una profesora de canto que me dijo: “Si trabaja un poco podría hacer alguna cosa”. Así que ¡vive la France! Y viva también aquella mujer maravillosa.

¿Tenía alguna afinidad con el canto?

Yo he cantado siempre, toda mi familia cantaba. 

¿Y el amor por la lengua francesa y por el latín? 

El latín reemplazaba en mi caso a las matemáticas, en las que yo era completamente nula. El latín se podía aprender. Incluso podía sacar un cien por cien de respuestas correctas en un examen. El francés lo descubrí gracias a mi madre, que había pasado algunas semanas en Francia cuando era joven y que adoraba el idioma. Cuando empecé a estudiarlo en el colegio me sugirió que habláramos en francés durante la comida un par de veces por semana. Después me mandó a casa de unos amigos aquí y cuando terminé con los estudios me dio a escoger una región para hacer unas prácticas. Y elegí Annecy porque Cheltenham, la ciudad en la que nací, está hermanada con ella. Como no había extranjeros solo hablaba francés. Luego me matriculé en el conservatorio en Grenoble. Es increíble cómo la vida te invita, te lleva…

¿Lo pasó bien mientras estudiaba? 

¡Mucho! Ya había hecho cursos de canto en Inglaterra y en la Universidad. Pero no trabajé de verdad hasta que me dije que había que ponerse a ello. Mi profesora, Elisabeth Maximovitch, me hizo aprender el aria de Pamina de La flauta mágica que siempre utilicé luego para las audiciones a las que me presentaba. Y en la Académie Internationale d’Eté de Niza, a donde me mandó, descubrí la mélodie, que desconocía por completo.

Y Pamina fue su primer papel… 

Sí. Lo había hecho cuando era estudiante en la Royal Academy of Music de Londres y, más tarde, cuando estaba de cover en la English National Opera, la soprano se puso enferma y tuve que reemplazarla. Felizmente, y por una vez, había trabajado bien previamente y todo fue sobre ruedas.

Y Mozart se quedó como un eje de su carrera. 

Absolutamente. He cantado mucho Mozart, sobre todo La Condesa y Fiordiligi, que es un personaje que adoro. También Elvira, aunque me gusta menos. Es un personaje tan maravilloso… pero todo el mundo se ríe cuando entra en escena. Yo creo que me iba bien con mis complejos, con eso de ser tan alta. En Francia siempre se han reído de mí por mi estatura. Me preguntaban si hacía frío por allá arriba o si había comido demasiada sopa. Mi padre se divertía también. Si no encontraba zapatos lo suficientemente grandes, me decía: “pues ponte unas botas”. El caso es que me acomplejaba mi estatura y cuando cada vez que Elvira volvía a escena la gente decía “ya está aquí esta otra vez”, yo pensaba que se reían de mí.

Después la Mariscala se ha convertido en el papel fetiche. 

¡Sí! Mi primer Strauss fue Capriccio en la gira de Glyndebourne en 1976. Había audicionado tres veces para los coros pero no me querían. Y al cabo del tiempo me dan ese papel extraordinario. También canté Octavian en Glyndebourne y fue así como conocí la ópera. Mi primera Mariscala fue en Bruselas en 1986 con John Pritchard, que dirigía maravillosamente bien. Supongo que sí, que ha sido mi papel fetiche.

Y la opereta francesa. 

Sí. En 2000 canté por primera vez La Belle Hélène con Marc Minkowski en la puesta en escena maravillosa de Laurent Pelly. ¡Cómo me divertí! Conocía la música, había cantado fragmentos en recitales porque me gustaba terminarlos con música más ligera. La idea de hacer La Belle Hélène vino después de cantar La viuda alegre en Glyndebourne y en París en una puesta en escena de Alfredo Arias, y antes en Nancy. Adoro esa obra… (...)

Remy Franck
(Comienzo de la entrevista publicada en Scherzo nº 317, abril de 2016)

En la Tienda de Scherzo puede adquirir la revista completa del mes en formato PDF (precio: 4 Euros) o en papel (precio: 7,50 Euros) así como cualquiera de las secciones en la que la hemos dividido: Dosier o Discos (precio de cada sección: 2 Euros).

También está disponible la suscripción online (precio: 40 € / 11 números)

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter