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Fahmi Alqhai



Fahmi Alqhai

Aclamado intérprete, director de éxito al frente de la Accademia del Piacere y responsable artístico del Festival de Música Antigua de Sevilla, Fahmi Alqhai es un referente ineludible en España y fuera de nuestras fronteras. El violagambista sevillano, tras el triunfo rotundo de su último espectáculo, À l’Espagnole, aguarda la aparición de su próximo disco, dedicado a la música de Bach, el cual contiene la primera transcripción para su instrumento de la chacona de la Segunda partita. Con ello, Alqhai confía en abrir nuevos caminos en el universo de la viola da gamba.

(...) Hay programadores que consideran que los intérpretes españoles de música antigua arriesgan poco en sus propuestas.

Es que no es tan sencillo. Si montas los Conciertos de Brandemburgo, tienes la posibilidad de tocar en tu pueblo y de quedar bien; si apuestas por un repertorio más desconocido el riesgo es muy alto. En España tenemos un gran problema que hace que todo no acabe de funcionar bien y que empieza en los políticos, que son los que diseñan los planes culturales. A los políticos les falta cultura, les falta conocimiento de la cultura de su propio país. El político no sabe manejar la cultura y eso se está demostrando desde hace muchísimo tiempo. Luego está el programador, que sí puede tener conocimiento de la cultura, pero que la mayoría de las veces está atado de pies y manos por los políticos que le han puesto ahí. Y para rematarlo, también hay un problema de falta de comunicación. 

¿A qué se refiere?

Cuando me hice cargo de la dirección del Festival de Música Antigua de Sevilla, mi primer objetivo fue hacer que el festival socializara con los amantes de la música antigua y se abriera a otros públicos, dejar esa idea de la música elitista que tanto daño nos hace. Para ello había que decir que estamos aquí, mostrarnos a nuestro público y al que no es nuestro, vestir bien el festival y tener una visión de futuro, hacer que sea un proyecto sólido. Para mí, todo esto no puede pasar si no hay una comunicación de alto nivel. Uno de los grandes logros ha sido pasar de una ocupación del sesenta por ciento a una cercana al noventa por ciento. No quiero decir que quienes han estado antes que yo lo hayan hecho mal pero si tú no sabes comunicar bien tu producto no tienes a quién vendérselo.

Y luego está lo de las subvenciones. 

El desconocimiento del político hace que se destine dinero público a proyectos que no tienen ningún sentido. La recuperación patrimonial está muy bien, pero… ¡de qué sirve recuperar una música olvidada si después es una música que no reúne una mínima calidad! En España hay pocos circuitos de música, pocos festivales, poco cariño por los músicos… Si a todo eso añadimos que el político de turno te obliga a rescatar música olvidada por el mero hecho de que se supone que es nuestro patrimonio, sin importar si es buena o si es mala, pues llegas a la conclusión de que es más fácil y más rentable tocar los Conciertos de Brandemburgo. Esta política absurda a lo que lleva es a que el músico pierda su tiempo, pierda bastantes metros de carrera, pierda creatividad y vaya minando su trabajo. En Alemania o en Francia, los músicos tienen subvenciones por hacer música, sin que ningún político se meta en qué tipo de música deben hacer. Basta con presentar unos resultados. En España eso no pasa, pese a que ahora mismo en la música antigua española hay muchísimo talento y muchísimas ganas. La suma de todos estos factores lo que hace es reventar cualquier iniciativa e impedir que aquí haya un mínimo de futuro.

Se cumple el dicho de que nadie es profeta en su tierra.

Los grupos que funcionan son los que salen al extranjero porque, además, cuando tocas fuera aquí empiezan a verte de una manera distinta, a tenerte más respeto. Pero la situación de los grupos que no tienen posibilidad de tocar en el extranjero es casi desesperada. Y lo digo como un programador al que le da una pena enorme no poder contratar a todos y comprobar que hay grupos que están dispuestos a tocar por cualquier cantidad que se les pague, aunque sea una miseria. Nosotros, la Accademia del Piacere, tuvimos la grandísima suerte de apostar por el mercado exterior, como también hicieron grupos como La Ritirata o Forma Antiqva, y no nos podemos quejar, nos va realmente bien. Pero el que en su momento no tuvo esa visión o no dispuso de las mismas oportunidades, lo está pasando francamente mal. 

Otro acierto de la Accademia del Piacere fue apostar por músicas españolas, que parece que fuera de España funcionan muy bien.

Siempre he sido muy sensible y atento a la hora de entender qué público tienes delante y qué quiere ese público. Esto se puede ver a lo largo de la historia de la música: quitando cuatro o cinco casos puntuales, siempre el músico trabajó para su público. Hace poco estuve viendo un documental sobre Paco de Lucía y precisamente él hablaba de eso. Contaba que fue a Madrid a tocar y se dio cuenta de que lo que le pedían en Madrid era muy distinto a lo que hacía en su pueblo. Hay que saber cambiar porque, de lo contrario, mejor que te quedes en tu casa. También es verdad que, en los más de los casos, los programas que se hacen vienen impuestos, ya que no existe aquí esa especie de caldo bueno que nos permitiría a todos estar cómodos con nuestro trabajo, disponer de tiempo suficiente y no tener que vivir con la ansiedad de hacer cosas simplemente para sobrevivir. (...)

Eduardo Torrico
(Extracto de la entrevista publicada en el nº 314 de Scherzo, enero de 2016.)

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