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Fabián Panisello estrena "Le malentendu" en los Teatros del Canal


Santiago Martín Bermúdez

Aquí tengo un par de CD con música de Fabián Panisello. Uno es instrumental: Concierto para trompeta, Concierto de cámara y Concierto para violín (Neos), con Marco Blaauw, trompeta, y Francesco D’Orazio, violín. Y el PluralEnsemble, el grupo que dirige Panisello y que funciona gracias a los ciclos musicales de la Fundación BBVA. En un disco como este puede encontrar el lector la base de los idiomas de que hace uso Panisello en la ópera que ahora llega a Madrid, Le malentendu, estrenada hace un año en Buenos Aires y que ha sido vista en varias ciudades del mundo. El entramado instrumental que usa Panisello responde a un principio que ya hemos recordado en la revista SCHERZO justo antes del estreno de esta ópera en Buenos Aires: "menos es más". Nada de grandes acumulaciones, los efectos masivos pueden sugerirse, pero no hacerse realidad tangible. Oigan, por ejemplo, el primer movimiento del Concierto para violín, en el que esos efectos se insinúan, incluso parecen estar ahí, en la lucha de solistas contra conjunto, a la manera del viejo concierto veneciano. Lo que se compensa con la tímbrica inquietante del movimiento central, cuyo título no me resisto a transcribir: L’ineluttabile destino di ogni cosa. Para concluir con un Scherzo en que el violín, voz, parece burlarse con sus saltos de aquel conjunto que al principio parecía pretender asustarnos.

Me permito insistir: aquí está la base instrumental, el color, el concepto de aceleración o disminución del tempo, la idea de acompañamiento o enfrentamiento de instrumentos a voces (entendiendo aquí que el violín es una voz: lo es, claro).

El otro disco contiene una de las obras más importantes de Panisello de los últimos años, Libro del frío (2011), para soprano y conjunto, con textos de Antonio Gamoneda (Allison Bell, soprano; Ensemble Meitar, Verso). Y en un archivo secreto, que Panisello tuvo a bien pasarme hace tiempo, tengo las Gothic Songs, que oí en directo un día y cuyo punto culminante es la puesta en música de The Raven, el poema de Poe. Y en estos dos ciclos, y en el monodrama L’officina della Resurrezione (textos de Erri de Luca en los que, según decíamos hace más o menos un año, el imaginario judío, la lengua hebrea -palabras, fonemas, semantemas… y el propio espíritu hebrero espíritu, claro) es la voz humana la que cumple un cometido principal. Ahí está la base de una obra operística como Le malentendu, con libreto de Juan Lucas, basado en la pieza teatral de Albert Camus.

El tratamiento de la voz tiene especial importancia, y no podía ser de otro modo. Pero supone una reinterpretación de la obra de Camus. Hay al menos una escena de la pieza original, la penúltima (Martha y Maria), que siempre me ha chocado: a Maria le dice Martha que ha matado a su marido y al poco se ponen a filosofar. Una filosofía doliente, pero ¡caramba! No, tiene que haber dolor, carne, incluso grito. Martha va a suicidarse, Maria se entera de que le han matado el marido… ¡Por favor! Para Panisello, tiene que haber en las voces un trasunto del tormento de cada personaje. Por ejemplo, la línea histérica (no sé cómo llamarla, si no) que le aplica a María choca con esa filósofa que choca mucho en un poblacho y en una persona desesperada a que nos tienen acostumbrados tantos directores de escena.

La Europa a que se refiere Le malentendu es un continente enfermo, y Camus escribe todavía durante la Ocupación. Martha alimenta un rencor, un desorden anímico que tiene que tener algún tipo de traducción vocal si de veras quiere darse el auténtico drama del absurdo y del resentimiento. Martha y La madre son seres que se pudren en su propio veneno. Jan ha idealizado el pasado del veneno y lo cree hogar protector al que debe reparación. Maria es la "ajena", la "extranjera" a ese mundo envenenado en el que Camus escribió Calígula y El mito de Sísifo, pero lo intuye. Todo eso lo resuelve Panisello, en un texto francés y muy bien reducido para convertirlo en cantábile (no olvidemos, otra vez, la tendencia de Camus y de los franceses en general, incluido el crudo mundo de Jean Genet, a amplios despliegues verbales). Aunque lo de "cantábile" me lo reprochará algún espectador (quién sabe), y haya que entenderlo en sentido amplio; no solo porque se incluya también el parlato puro y simple, el recitado sin rastro de canto. 

Estamos ante un título que promete en lo escénico, que nos da la impresión de que cumple en lo que se oye, y que conocemos en soporte audio privado, pues no solo de discos vive uno. La semana próxima, durante tres días, lo podrán comprobar los espectadores que tengan la suerte de entrar en el Canal para ver Le malentendu. Eso sí, en la Sala Negra.