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Entrevista a Alfonso Casado


Josep Pascual

Fotografías May Zirkus

Nos encontramos con Alfonso Casado en el Auditori de Barcelona. Ha llegado a la capital catalana para realizar dos conciertos al frente de la OBC y de un numeroso coro más cuatro solistas de reconocido prestigio internacional en el mundo del teatro musical. En el programa, un solo compositor, Andrew Lloyd Webber, garantía de lleno total y de éxito. Y así fue. 

Alfonso nació en 1984 en la población sevillana de Alcalá de Guadaíra donde inició sus estudios musicales a los siete años de edad. Continuó su formación musical en Sevilla y en Madrid. El piano fue su instrumento desde el principio y llegó a formar parte de la JONDE, sin plantearse por entonces dedicarse a la dirección orquestal. Todo llegó casi por casualidad [para saber más de la biografía y actividad de Alfonso Casado, remitimos a su página web].

¿Cómo empezó todo?

Tenía facilidad para leer a vista y ello me permitió empezar a trabajar como repetidor.

Como Klemperer y otros grandes directores…

Sí, sí, es una escuela fantástica. Con sólo veinte años de edad me encontré dirigiendo un musical a raíz de una suplencia de última hora. A partir de ahí, todo se sucedió muy deprisa y de Madrid pasé a Londres.

En la capital británica se encadenaron los éxitos dirigiendo musicales pero empezamos a recordar los primeros años como repetidor, incluso antes de llegar al teatro. En casa de Alfonso era habitual que su madre y las amigas de ésta se encontraran para cantar, sobre todo las canciones que interpretaba Marifé de Triana. Hay una continuidad en todo ello. Hablamos de la copla, que Plácido Domingo dijo que es una ópera en dos minutos.

Claro, y es que lo es… - responde Alfonso sin dudar.

De alguna manera, ya tienes experiencia como "repetidor", primero en la copla, durante tu infancia y primera juventud

Sí, sí…

Esperar esas cadencias típicas también del flamenco…

El garganteo que se llama, que está ahí y te tienes que esperar…

Y se debe establecer una complicidad entre pianista y cantante

Totalmente. Las canciones de Quintero, León y Quiroga, con unos textos…

Maravillosos…

Sí, sí, son poesía pura, cuentan historias. Y, sobre todo, artistas como Marifé, las interpretaban muy sentidas, como historias dramáticas que son. Mi madre, que es una artista, pero una artista muy natural, lo lleva dentro, quizá le falta la técnica pero sabe transmitir, sabe lo que es estar en un escenario y vivir aquello que interpreta. Yo he crecido con eso.

Con este tipo de artistas, digamos (y sin desmerecer en absoluto), intuitivos, de raza, también te encuentras cuando estás en el mundo del teatro musical

Claro, y está bien que saques esto porque a mí, sin menospreciar en absoluto la capacidad técnica de los artistas que trabajan en sitios como Broadway, digamos que el teatro, cuando llegas a un nivel alto, profesional, hay como dos grandes vertientes: una que persigue la exactitud técnica y que, para mi gusto, a veces carece de alma; y luego está otra, que da lugar a un teatro musical más racial, con alma, que encontramos en musicales como Miss Saigon, Los miserables, etcétera… En ésta, los artistas conectan con un estilo genuino. Hay artistas que quizá no serán los mejores pero saben conectar con el material de una manera muy visceral y yo intento incorporar a mi manera de dirigir esa pasión, esa manera de entender lo que estamos interpretando.

En este concierto en Barcelona no has ahorrado elogios para la OBC

La dirigí por primera vez hace dos años. Y de nuevo llego, como entonces, con una carpeta llena de partituras de gran variedad, de distintos estilos, y los músicos de la orquesta se adaptan rápidamente. Ayer lo comentaba con Mariano, el director artístico; en dos días está sonando a un nivel alucinante. Yo siempre estoy encantado de trabajar con ellos.

¿A ti te gustaría (no sé si has empezado ya) a dar el salto al gran repertorio sinfónico universal?  

Sí. Cuando nos vimos en Londres, tras una función de The phantom of the opera

Hace dos años. Una función, para mí, inolvidable, absolutamente maravillosa

Pues poco después me ofrecieron renovar el contrato y evité que pasara algo a veces inevitable: que te encasillen, que se diga que Alfonso es especialista en musicales… Y que sólo hace eso. Y cuesta un poco quitarse esa etiqueta. Desde hace un año me dedico, aunque quizá suponga trabajar un poco menos, a abrir más puertas. Por fortuna, ya el año próximo [2018] se me plantean proyectos en este sentido. Voy a dirigir a la orquesta de la BBC en enero para una grabación de música española (obras de Falla, Granados, Albéniz, Turina) con el pianista Juan Pérez (que ganó el último concurso de Santander) y luego, ya en febrero, hago un programa Gershwin en el Royal Festival Hall de Londres. Y en julio, la ópera Candide de Bernstein en un festival… O sea, que poco a poco me voy abriendo a ese mundo, pero cuesta, cuesta mucho. 

¿Identificas un ascendente, digamos, pucciniano en The phantom of the opera

Totalmente, y en Sunset Boulevard, y en Evita… Mira, en este programa de Barcelona incluimos el Requiem for Evita y hay elementos que yo diría que se han inspirado mucho en Puccini, casi copiados. Sobre todo en cuando a la orquestación se refiere, pero también a la melodía… Aunque luego Andrew [Lloyd Webber] tiene otro estilo más pop, sin olvidarnos del rock pues él fue quien compuso la gran ópera rock Jesus Christ Superstar, que es una pasada…

Entonces, ese vínculo pucciniano que hallamos en Lloyd Webber, ¿crees que te permite expresarte como músico, como director? ¿Y también en el sentido de decir: Oye, que puedo hacer esto pero también puedo hacer lo otro? Quiero decir que igual que haces The phantom of the opera puedes hacer Tosca

Absolutamente, con total sinceridad, y cualquier director musical que lea esto empatizará con mis palabras. Creo que si alguien que haya dirigido óperas y luego se enfrenta a una partitura orquestal como The phantom of the opera se dará cuenta de que es un material muy parecido y que la técnica que requiere en cuando escuchar a los cantantes, en cuanto a mantener las dinámicas de la orquesta… El fraseo es muy similar aunque sea distinto a otros musicales y entiendo por ello que haya programadores de ópera que sean reticentes a incluir musicales en las temporadas de sus teatros, también porque a veces las partituras no son tan demandantes pero en esto caso lo son. Y lo son, y mucho. Y podrás preguntar a la orquesta ya que exigen mucho de los instrumentistas.

¿Y también son muy exigentes para los cantantes?

Muy exigentes.

O sea, ¿tienen que ser cantantes más que actores?

¿Quieres decir en estos musicales?

Absolutamente. Aquí la voz prima. Lloyd Webber compone primero las canciones, las melodías, y luego entre el texto. En cambio Sondheim compone todo a la vez y, aunque tiene partituras muy demandantes, están más conectadas al texto. Lo que hemos hecho en Barcelona es en realidad una colección de grandes arias todas ellas muy exigentes. En Gethsemane [de Jesus Christ Superstar], por ejemplo, hay un re sobreagudo para Gero [Gerónimo Rauch] y en ‘Til i Hear You Sing [de Love Never Dies] un si natural…

Al hilo de todo esto, ¿qué te parece la experiencia de algunos cantantes líricos que se han acercado a este repertorio? Caso de Plácido, de Carreras, de Renée Fleming, de Bryn Terfel… ¿Te parece que de algún modo no entran dentro del estilo genuino por una emisión distinta o por la impostación, también distinta, a la que tienen los habituales actores-cantantes?

Personalmente soy reticente a generalizar. Hay muchos casos pero es cierto que en la ópera lo que se persigue quizá es una continuidad en el emplazamiento de la voz, en el fraseo, en las vocales, en el color de la voz más que en el texto y en su inteligibilidad, y a veces la emisión, aunque no sea así siempre pero a veces sí, en el uso de las consonantes hace que al contar las historias se pierda un poco. Entonces, cuando estos artistas intentan venir al musical, donde todo son consonantes, fuera y delante, y tal, pero a la vez cuerpo, anchura y proyección, pues llega a haber una curva de aprendizaje para algunos. Y los hay más exitosos que otros. Pero está claro que son dos estilos diferentes. En inglés hay un término muy explícito, el crossover, que significa como que puedes ir de un lado a otro, distinto de la especialización.

Ahora que decías que te vas a enfrentar a Gershwin y a Bernstein, ahí tienes un repertorio cercano al crossover

Claro…

Ambos compositores participan de mundos musicales distintos y en ambos casos, cada uno en su estilo propio, es imposible entender un mundo sin el otro, el jazz sin el clásico, etcétera

En la Rhapsody in blue, por ejemplo, que la vamos a hacer pronto, tiene mucho de jazz pero también de sinfónico. Y es alucinante. Y de Candide… precisamente hace dos años aquí mismo, dirigí a la OBC el final, Make our garden grow

Fantástico

Eso es un número que no sabría cómo definirlo. Si eso es teatro musical, ojalá todo fuera así. Es sinfónico, es operístico…

De hecho, es un concertante para no sé cuántas voces

Para todas, para todas las que intervienen en la obra. Aquí lo hicimos con cuatro solistas y el coro, pero es que el coro era de ciento treinta y cinco voces. Y sí, lo que decíamos, el estilo va bailando entre dos mundos.

Cuando nos encontramos en Londres vivías allí y ahora parece que tienes un pie aquí y otro allí

Sí, es cierto, pero mi sede sigue siendo Londres, supervisando musicales para Cameron Mackintosh para funciones en Londres y en otros lugares del mundo. Y aunque no dirijo a diario, sí que tengo proyectos como este en Barcelona, alguno más en España pendiente de cerrares y otros tantos también en Londres. Por suerte, está todo cerca y puedo viajar rápido.

Seguimos hablando de nuevo del paso del musical al gran repertorio universal, de si Alfonso contempla especializarse en este campo, en una determinada época, estilo o incluso en determinados autores.

Yo me encuentro muy cómodo en el repertorio clásico en adelante. Me encanta Bach y la música anterior a Mozart, pero de Mozart en adelante, con los románticos, incluso con los impresionistas, con Rachmaninov, por supuesto con los españoles…

O sea, te gusta expresar el color, el matiz...

Sí, sí. Ahí me encuentro más cómodo. También en la música para cine. Me interesa mucho la música asociada a ideas. También compongo y parto de una palabra, de una escena… más que de música en abstracto. Lo mismo, pues, como intérprete si hablamos de música contemporánea, necesito ese elemento extramusical.

De hecho ahora no podemos hablar de una música contemporánea, necesariamente la denominación tiene que ser plural. Y es que ahora conviven casi tantas estéticas como compositores

Totalmente de acuerdo. Y ahí hay que admitir que hay mucha experimentación que con el tiempo se desechará. Pero creo que estamos asistiendo a un renacimiento del neoclasicismo, sobre todo en las bandas sonoras y en la música más accesible al público, todo muy armónico.

Alfonso nos habla de su predilección por Stephen Sondheim, compositor cuyas obras quisiera trabajar más intensamente. Pero también nombra a Puccini, con cuya música —dice— "más conecto", y de nuevo aparecen Rachmaninov y los impresionistas. Quizá se especializará en música española a raíz de su disco con la orquesta de la BBC pero no se plantea consagrarse más a un estilo que a otro y vive ese estar entre dos mundos que tanto le fascina como intérprete y que tanto admira en los compositores a los que, en este momento, se consagra con un no escondido entusiasmo: Lloyd Webber, Bernstein, Gershwin.

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OBC Cinema II

CRÍTICA / Un repertorio agradecido para todos

Barcelona. Auditori. 23-12-2017. Joanna Ampil, John Owen-Jones, Gerónimo Rauch, Celinde Schoenmaker. Coral Sant Jordi. Cor Ciutat de Tarragona. Coros infantiles (L’esquitx, L’espurna y Els petits martinencs). OBC. Director: Alfonso Casado. Director artístico: Mariano Detry. Obras de Andrew Lloyd Webber

Josep Pascual

Los musicales de Lloyd Webber contienen números memorables, algunos muy populares, exigentes en ocasiones para las voces y no siempre tan sencillos como parecen para los instrumentistas y para el director de orquesta, pero también muy agradecidos. Si se hacen bien son garantía de éxito. El concierto que trajo a Barcelona algunas voces destacadas del mundillo del teatro musical y al director de orquesta Alfonso Casado, gran conocedor de este repertorio y reconocido ampliamente por ello a nivel internacional, terminó con las pertinentes demandas de bises (que incluyeron un aire navideño, el célebre Oh Holy Night de Adam, lo único que sonó que no era de Lloyd Webber) y el público puesto en pie, aplaudiendo a rabiar y totalmente volcado ante un espectáculo extraordinario.

La tarea del director artístico Mariano Detry merece destacarse por su eficacia y por su discreción; lo que importaba era una música que emociona y todos los implicados estaban al servicio de ella. Los solistas masculinos quizá rayaron a mayor altura que las dos solistas femeninas pero para cada uno había un momento estelar del que todos salieron más que airosos. Los coros estaban excelentemente preparados y al final se incorporaron al numeroso conjunto los coros infantiles para interpretar el famoso Any dream will do, del musical Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat, obra de un Lloyd Webber jovencísimo, de sólo diecisiete años de edad, ya con Time Rice como libretista en una especie de avance de la poco posterior obra maestra que es Jesus Christ Superstar.

Precisamente, la versión del Gethsemane de esta última composición, fue uno de los puntos álgidos de la velada, como también lo fueron los extractos de la genial The phantom of the opera que hallamos felizmente tanto en la primera parte como en la segunda. Alfonso Casado fue presentando los distintos fragmentos con amenidad y una simpatía verdaderamente natural, nada impostada. El público disfrutó lo suyo en un concierto que no es exagerado definir como inolvidable. A la salida, muchos asistentes esperaban para conseguir autógrafos y las inevitables "selfies", y la mayoría, sin duda, éramos un poco más felices.