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Entre la cutrez y el escepticismo



Entre la cutrez y el escepticismo

La decisión del tripartito que está al frente del Ayuntamiento de Oviedo de acabar con los Premios Líricos Fundación Teatro Campoamor revela lo que la cultura significa hoy para la política en España. La composición del tripartito municipal —PSOE, IU y Somos (nombre asturiano de Podemos)— demuestra además que esto no es cuestión ya ni de la izquierda ni de la derecha, sino de la incompetencia de unos y de otros que, como los extremos, se toca. Si analizamos partidas del presupuesto del Ayuntamiento de Oviedo advertiremos, con toda seguridad, capítulos en los que ahorrar esos 250.000 euros que cuestan los premios y que ahora resulta que es necesario suprimir porque, si no, no salen las cuentas. Las cuentas de una corporación que, de otra parte, hace su propia ingeniería financiera y, como señala La Nueva España, “todavía deja un millón y medio de euros con saldo negativo”. Fíjense en la importancia real de este cuarto de millón de euros suprimido que acaba con diez años de colocar a Oviedo en el centro del mundo lírico español con unos galardones independientes, prestigiosos y codiciados y capaces de desarrollarse todavía más, desde luego con la ayuda de la sociedad civil ovetense a la que el tripartito podría haber convocado antes de suprimirlos. O mucho nos equivocamos o la coartada de que suprimir los Premios Campoamor para dar más funciones de ópera y zarzuela en una ciudad que ya tiene una gran tradición en una y otra —cosa que, al parecer, ignora el citado tripartito— se quedará en lo que es: esa palabrería vana que adorna nuestro hoy político. Pura caspa.

De otro lado, el ministro de Educación, Cultura y Deporte ha nombrado a su nuevo secretario de Estado de Cultura: Fernando Benzo, un hombre con experiencia como subsecretario en Educación, representante del Estado en distintas instituciones culturales, escritor y encargado por parte del exministro Wert de elaborar el Plan Estratégico para la Tauromaquia. Tras el inútil paso por el cargo de José María Lasalle —sorprendentemente nombrado secretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital, él que nada hizo por evitar la piratería— la presencia de un perfil tan gestor, pero a la vez no desconocedor de la realidad de la cultura, puede ser una buena noticia para un sector que muchas veces se ha quejado prefiriendo un funcionario conspicuo a un intelectual con demasiados intereses cruzados. Todo está por hacer en Cultura y con especial urgencia lo que tiene que ver directamente con Hacienda, por ejemplo el IVA cultural y la Ley de Mecenazgo, es decir, dos huesos en cuya caña se encierran, respectivamente, el afán recortador y la falta de interés por algo que bien podría dormir el sueño de los justos sin que nadie acabara por reparar en ello. Un buen gestor tendría la ventaja de no pudrir los asuntos pendientes, pero la Secretaría de Estado de Benzo juega en inferioridad de condiciones con un Montoro al que, por cierto, bien podría presionar también para que se resuelva definitivamente esa vergüenza que impide obtener remuneración por sus obras a los artístas, músicos, escritores, periodistas o colaboradores de prensa que cobran una jubilación. No imaginábamos a su antecesor peleando por cosas como esa, pero a él le toca poner un poco de cordura en ese insaciable apetito recaudador que es a la vez muestra de crueldad con una cultura cada vez más inofensiva. Deseémosle suerte, pues, al nuevo secretario de Estado que, además, quién sabe si no habrá de durar lo que una legislatura que a algunos expertos se les antoja tirando a breve.

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