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Ellos quieren que no cantes




PorSantiago Martín... - Publicado el 26 Noviembre 2015

Ellos quieren que no cantes

Son ustedes incorregibles, me dice alguien al que prefiero dejar en el anonimato. Cómo se puede, continúa, escribir sobre música cuando el mundo está en guerra y la patria está por reventar. Lo dice así: la patria está por reventar. Y eso denuncia su educación sentimental, es un canto que a los más jóvenes acaso no les diga nada; y tampoco a los de buena familia. No lo aclararé ahorita, pueden acaso buscar en la red.

Es usted como Adorno, podría haberle espetado: ¿hacer poesía después de Auschwitz? Y mire cuánta poesía se ha escrito desde entonces. Pero el siglo XX fue así: nos hizo perder todas las inocencias y cometió (casi) todos los crímenes. Instaló la democracia, aunque a nosotros nos llegó muy tarde gracias al mono cabrón que instalaron aquí los alemanes e italianos y supieron aprovechar Churchill y los americanos. Pero la instaló. Antes, no existía, digan lo que digan.

Así que hoy haré un canto por la democracia, mientras manejo un hermoso libro sobre una musa llamada Núria Espert, escrito por Ana Mª Arias de Cossío y publicado por Ediciones Cumbres. Trataré de este libro en el próximo escrito de este cuaderno de bitácora. Al que cuido bastante, aunque en una acción que ya me ha sido reprochada, ay.

Eso sí, cántenlo como una ranchera. 

Ándele, venga orita el contrafacto.

La ODA

Vives libre en un mundo

Que se desgarra

Un peligro tras otro

Nos atenaza

Cómo quieres que escriba de los sonidos

Si un idiota y un niño

Nos amenazan.

Pues sabrás que la música

Es gran pecado,

Que por ella se hunden

Los condenados.

Disparar a los brillos

Del instrumento.

Disparar a las voces

De nuestros cantos.

Disparar altavoces,

Hechos pedazos.

Y al final regresar

Todos contritos.

A escuchar que la culpa

No es del disparo,

Que la culpa la tienes

No más tú mismo

Por dejarte llevar

De idolatrías,

De consumo, impiedad

Y cobardía.

Y tras este canto, que no deja de ser música, ya pueden disparar, que es la última Oda y la última canción. No tiene uno arreglo. Hasta para preparar la mortaja se pone uno a cantar.